ERNESTO ÁLVAREZ: Texto y fotografías

Ser mujer y ser madre sin tener dónde vivir es doblemente difícil que siendo hombres, pues ellas son aún más proclives a ser violentadas, en todos los sentidos. El 87.27 por ciento de las personas que viven en situación de calle son hombres, las mujeres y los niños ocupan el resto.

“Las personas no salen a la calle porque les parezca la opción más adecuada sino porque tienen una ruptura con todas las instituciones del Estado y también con su familia, comunidad y amigos. Hay una fractura en las instituciones que no fueron capaces de brindarle la protección necesaria a esta persona para que no llegue a las calles”. Explicó Luis Enrique Hernández, director general de la organización civil El Caracol, dedicada a la atención a poblaciones callejeras. El Caracol trabaja en distintos programas específicos para cada grupo, que ha llegado a la calle por motivos distintos y con trayectorias diversas.

Madres en calle. Desamparo. Fotos Ernesto Álvarez/Notimex.

 

Jazmín es una de ellas. Tiene 34 años y pasó más de un año sin su hijo más pequeño, porque sufrió discriminación en el Hospital público a donde fue a parir.

Por otro lado, Alexia Moreno es una joven psicóloga que llegó a la organización a hacer su servicio social universitario y ahora está encargada del proyecto de mujeres y discapacitados en situación de calle, que aunque no son la mayoría, son los más vulnerables.

La peor situación que probablemente han vivido estas mujeres dice, es que les quitaran a sus hijos arbitrariamente. “Cuando estaba embarazada, vivíamos en un hotel con mi esposo y mis otros hijos. Ahí pasamos la última parte de mi embarazo. Se me rompió la fuente y mi esposo me llevó al hospital, al Gregorio Salas”, contó Jazmín.

 

Después de tener al niño, en el hospital le dijeron que le habían hecho una prueba de VIH y había salido positiva. Jazmín se sorprendió porque se había analizado con sus cuatro partos anteriores y no lo habían detectado.

“En ese momento en que sale la prueba positiva me puse a pensar en mis hijos, en el que estaba recién nacido y yo lo veía en el neonatal todos los días”, relató.
Para cuando el personal de la clínica Condesa, especializado en la atención de personas con VIH, le hizo un segundo análisis (a ella y a sus hijos y también a su esposo) todos salieron negativos.

 

“Fue un error del hospital, porque me acabo de hacer una tercera prueba y también dio negativa. Yo salí pero el niño quedó en aislamiento. Me decían que hacía mal del baño, que lloraba mucho. Igual porque cuando estaba embarazada yo me drogaba, le pude hacer daño con la droga. No sé, me decían que siempre estaba enfermo”. No dejaban que su esposo pasara a ver al niño, solamente ella, pero no se lo entregaban.

“Fui y hablé con la del Jurídico del Hospital, fue mi hermana y mi suegra conmigo. La de Jurídico me dijo que como yo estaba muy flaquita no me podía dar a mi hijo. Yo le dije, que se lo diera a mi hermana, si quiere yo le firmo, pero entrégueselo a mi familia”, relató.

Les dijeron que regresaran dos días después, que les entregarían el niño. Para cuando fueron a buscarlo, ya habían llegado por él de una Agencia del Ministerio Público y lo entregó al Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

 

“Ahí hubo discriminación, fue algo… con ninguno de mis hijos me había pasado y siempre me he aliviado ahí”, contó Jazmín. “¿Será porque la prueba salió positivo o qué era lo que querían?” se pregunta todavía.

El periplo que inició entonces fue mayor de lo que esperaba. Buscó con su familia al niño en las Agencias del Ministerio Público hasta que dio con la Agencia 59, dónde le dijeron que no podían darle datos sobre su hijo recién nacido.

“Hubo muchas irregularidades, en la Agencia 59. Nos dijeron que no nos podían dar datos porque según no llegaba la hoja de alumbramiento, que estaba perdida. Y fuimos al Hospital y nos dijeron que no, que ya había mandado todo. Así nos trajeron, hasta las 11 de la noche”.

 

Con el tiempo, Jazmín fue completando el panorama que esa noche era muy confuso y doloroso como para entender qué pasaba: la habían denunciado, probablemente en el hospital, aunque aún no sabe bien quién, por “omisión de cuidados” hacia su bebé.

“Te sientes mal, me sentí muy mal, me empecé a drogar porque uno como adicto, cuando te pasan problemas, sientes que tu único refugio son las drogas. En un lugar te dicen una cosa y después te pintan otra”, recordó.

Aunque el delito por el que le abrieron causa no impide que a una madre tenga contacto con sus hijos, a ella sí se lo negaron. Sólo su suegra pudo ver al bebé durante el año en que el DIF lo mantuvo en una casa hogar.

“Cuando se entregó al bebé, sí fui al albergue. ¿Tú eres su mamá?, me preguntó la muchacha y yo le dije ¡sí! Y luego luego él me estiró los brazos, a pesar del tiempo que no me vio. Para mí fue hermoso”, relató.
Así como el de Jazmín, otros 11 casos han llegado a El Caracol.

 

“Fue discriminación” dice ella, mientras besa al bebé que ha recuperado, aunque la potestad se la dieron a su suegra. Llevan cuatro meses juntos y a ella no se le ha enfermado, dice.

“Me siento bien feliz porque ya tengo a todos, a él (señala a su niño pequeño) todavía no, porque su responsable es mi suegra. Pero un hijo siempre va a estar mejor con su mamá”, concluyó.

NOTIMEX.

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