Ciudad de México, abril 12, 2024 06:02
Historia Revista Digital Diciembre 2023 Vida

Almacenes de cadáveres

Las morgues surgieron en el país hasta el siglo 19. A pesar de los avances tecnológicos, actualmente enfrentan desafíos en términos de capacidad y de recursos.

POR NADIA MENÉNDEZ DI PARDO

Las morgues son lugares designados para el almacenamiento, estudio y examinación de cadáveres. En México las morgues tienen una historia relativamente corta, ya que no se establecieron de forma formal hasta el siglo XIX. Durante la época colonial, las prácticas funerarias en México estaban influenciadas por las costumbres europeas, principalmente las de España. Durante este periodo, los difuntos eran velados en las iglesias y posteriormente sepultados en los atrios de las mismas o en cementerios adyacentes. Sin embargo no existían instalaciones específicas para la conservación de cuerpos, y las condiciones de preservación eran limitadas.

En aquel periodo surgieron las llamadas casas de anatomía, las cuales eran espacios dedicados principalmente a la disección de cuerpos para fines educativos y médicos. Si bien no se trataba de morgues en el sentido moderno, estas casas fueron relevantes para el posterior desarrollo de instalaciones dedicadas al manejo de cadáveres.

Cuando ciudades fueron creciendo surgió una mayor necesidad de establecimientos dedicados a la conservación de los cuerpos antes de su sepultura. Con la independencia de México, el país comenzó a desarrollar su propia infraestructura médica y forense. En este contexto empezaron a establecerse las primeras morgues en distintas ciudades del país. Estas instalaciones estaban vinculadas a hospitales y centros médicos. Cabe destacar que no existen registros precisos de las primeras morgues; por ejemplo el Panteón de San Fernando inaugurado en 1834, aunque inicialmente fue un cementerio, poco a poco lo fueron adaptando para manejar los cuerpos de los fallecidos. Otro de los espacios de suma importancia fue el hospital Juárez, fundado en 1847 y que tuvo una morgue en sus instalaciones.

A medida que avanzó el siglo XIX, las morgues experimentaron avances significativos, la introducción de sistemas de refrigeración permitió una conservación más prolongada de los cuerpos. Además se implementaron técnicas de identificación más avanzadas, como la fotografía post-mortem y la antropología forense. Estos lugares eran administrados por las autoridades locales y se ubicaban principalmente en las áreas urbanas más grandes.

Una de las primeras morgues se estableció en el hospital general de México Dr. Eduardo Liceaga, fundado en 1905: Este nosocomio  no solo sirvió como centro médico sino también como una institución forense para el manejo de cadáveres, autopsias e identificación de fallecidos. Otro lugar importante fue la Morgue judicial, la cual también tuvo un papel relevante en la realización de procedimientos forenses en la ciudad.

Con el paso del tiempo, la medicina legal y la ciencia forense comenzaron a jugar un papel fundamental en el manejo de los cadáveres. Las morgues evolucionaron para incluir personal especializado en autopsias y en la identificación de las causas de los decesos. El siglo XX marcó una etapa de especialización en el ámbito forense y médico. Surgieron morgues especializadas, algunas centradas en la identificación de víctimas. Los avances tecnológicos, como los sistemas de identificación de huellas dactilares y la radiografía, contribuyeron significativamente a la eficacia de las investigaciones.

A pesar de los avances tecnológicos, las morgues enfrentan desafíos en términos de capacidad y de recursos. En muchos estados del país las morgues llegan a estar saturadas debido al incremento de la tasa de homicidios y accidentes. A su vez, existe una falta de recursos que no permiten realizar el trabajo de forma adecuada. Las morgues en México a menudo se encuentran en mal estado, lo que puede poner en riesgo la salud pública.

La creciente población y la complejidad de los casos plantean la necesidad de seguir modernizando y fortaleciendo estas instalaciones.

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