Ciudad de México, febrero 24, 2026 22:04
Alcaldía Benito Juárez Policia

¡El mundo al revés! Esposan a quien no aparta lugares y toleran a quienes ‘venden’ la calle

Miguel es uno de los pocos trabajadores de la calle que cuidan coches en la zona del Parque San Lorenzo Tlacoquemécatl —la Tlacoquemécatl— y que no apartan lugares ni imponen cuotas

Agentes de transito lo detienen arbitrariamente, lo esposan, lo suben a una camioneta y se lo llevan, sin dar explicaciones.

STAFF/LIBRE EN SUR

Desde hace más de tres décadas, vecinos de la zona reconocen en Miguel a una persona modesta, amable, comedida y, sobre todo, honesta. Es un trabajador de la calle que cuida coches, pero —subrayan quienes lo conocen— nunca aparta lugares, no coloca botes ni cubetas para bloquear espacios, no “renta” la vía pública y no impone cuotas obligatorias por estacionarse. Su ingreso depende exclusivamente de la voluntad de quienes deciden darle una gratificación.

Esa diferencia —elemental para cualquier residente— no fue suficiente para evitar que fuera esposado y subido a una patrulla por elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, pese a que, según testigos, no se encontraba cometiendo falta alguna en ese momento.

Libre en el Surfue testigo de cómo Miguel fue subido repentinamente a una pick-up de tránsito. Iba esposado y mostraba una evidente expresión de susto. Incluso pidió auxilio. Sin embargo, los patrulleros arrancaron de inmediato, sin ofrecer explicación alguna a los vecinos que presenciaban la escena, retirándose con rapidez que —según testigos— parecía más propia de quien evita preguntas que de quien cumple un procedimiento ordinario.

Vecinos aseguran que no hubo flagrancia ni conducta visible que encuadrara en infracción a la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México. Aun así, fue asegurado con candados de mano, pese a no oponer resistencia ni representar riesgo alguno.

Calle Manzanas, Tlacoquemécatl. Franeleros “venden” estacionamientos impunemente.

La escena contrasta con la inacción reiterada frente a otros franeleros que operan a escasos metros, en la calle Manzanas, donde —según denuncian residentes— sí se apartan lugares de manera sistemática y se cobran cuotas fijas por estacionarse. Conductas que, de acreditarse en flagrancia, encuadran claramente en las infracciones previstas por la propia Ley de Cultura Cívica.

Como ha documentado de manera reiterada Libre en el Sur, incluso con evidencia fotográfica, en esa zona existen indicios de presunta tolerancia institucional. En una de las imágenes difundidas por el medio se observa a un franelero acercando dinero a un patrullero. Hasta ahora no ha habido explicación pública convincente sobre esos hechos.

La Ley Nacional sobre el Uso de la Fuerza establece que toda intervención policial debe regirse por los principios de legalidad, necesidad y proporcionalidad. Esposar a una persona por una presunta falta administrativa menor, sin resistencia ni riesgo, no solo resulta excesivo: revela una aplicación desigual de la autoridad.

Cuando la ley cae con todo su peso sobre quien no estaba cometiendo una conducta visible y se diluye frente a prácticas públicas y reiteradas, la pregunta no es solo jurídica. Es moral.

Porque cuando la autoridad actúa al revés, el mundo también parece al revés.

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