Ciudad de México, octubre 21, 2020 08:03
Libre en el Sur

RECUENTO 2014: Con retraso y fallas de obra ocuparon locatarios en marzo, descontentos, el remodelado Mercado de Tlacoquemécatl

Una nueva simulación del jefe delegacional Jorge Romero Herrera resultó la remodelación del Mercado Tlacoquemécatl, en la colonia del mismo nombre. Sin ser inaugurado oficialmente, y con 78 días de retraso, el inmueble comenzó a ser ocupado por los locatarios, que se quejan de incumplimientos por parte de la autoridad de Benito Juárez.

Para empezar , el mercado no es como al original de San Miguel de Madrid al que absurdamente se pretende emular (hoy incluso ese bello inmueble de dos plantas, junto a la emblemática Plaza Mayor de la capital española, es destinado prioritariamente a la gastronomía), pues en lugar de tener áreas específicas, como además prometió Romero, tiene los locales revueltos, tanto que una joyería está junto a una juguería. En la zona de comedores hay una paletería, mientras que otros locales para comer están repartidos sin sentido en diferentes áreas del mercado.

Pero lo peor es que el remedo de mercado “madrileño” ya presenta fallas, la más importante de ellas consistente en grietas en el piso, de las que Libre en el Sur contó 15 durante un recorrido. Tan solo en la parte oriental del inmueble, en el pasillo que da a la entrada, se observó una fisura de aproximadamente 20 metros que va de un extremo a otro. “Desde que empezaron a poner el piso se vieron las fracturas”, contó la encargada de una rosticería. “Sólo las sellaron para que no se siguieran extendiendo”.

También hay cuarteaduras en los acabados de bardas de separación entre los locales de la parte central, como en el caso de una verdulería. Además, se queja el locatario, les quitaron espacio. Como al de los moles, que está descontento porque su local es 30 centímetros más pequeño. “Y eso es mucho cuando el lugar es tan pequeñito. No cabemos”, dice. Además, lo dejaron sin cortina y no tiene cómo proteger sus productos.

Mientras otros seis comerciantes confirmaron que sus espacios fueron reducidos, Gustavo, dueño de una cocina económica que su madre fundó hace más de 50 años, acusó que la Delegación no pensó en las necesidades reales. Por ejemplo, en vez de mesas para los comensales dispuso unos tablones altos para los que hay que usar sillas estilo “periqueras”. “¿Cómo voy a subir a los minusválidos, a los niños, a los ancianos?”, cuestiona. El fondo de esos locales de comida tiene apenas dos metros, donde es imposible que quepa la estufa y una mesa para preparar los alimentos. Las consecuencias ya están a la vista: Los comerciantes se salen de sus locales.

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