Se puede combatir
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores.

Foto: especial.
Hoy en día uno de los mayores temores es a perder el trabajo, porque la vida como nos la venden no tiene que ver con cuántas horas y disposición al desempeño laboral se tenga en cuerpo y mente.
POR NANCY CASTRO
MADRID. ¿Alguna vez has sentido miedo por el futuro que te depara? ¿Alguna vez has sentido que a pesar de todo el esfuerzo laboral y profesional tu vida estará supeditada a designios superiores fuera de tu alcance?
Hoy en día uno de los mayores temores es a perder el trabajo, porque la vida como nos la venden no tiene que ver con cuántas horas y disposición al desempeño laboral se tenga en cuerpo y mente. Un oficio no sólo nos dará una retribución económica sino una estabilidad emocional. Eso es lo que nos han dicho, que nuestro esfuerzo meritorio nos llevará por el camino del progreso económico y que si un día corremos con suerte, nos encontraremos con las personas indicadas, se fijarán en nosotros —esas que sí tuvieron la suerte de avanzar con pericia o con habilidades o con lo que sea o corrieron con la suerte de nacer en cuna de oro y heredaron el puesto que con esfuerzo y sangre, y horas de vida, nosotros, los simples mortales, nos esforzamos en tener—porque todos tenemos las aptitudes para llegar a donde queramos, sin esfuerzo no hay trabajo. Sin trabajo no hay recompensa. Estos silogismos, discurso que escuchamos en voz de los coaches motivacionales, nos hacen pensar que si no estamos donde queremos es por nuestra culpa. Lo peor es que sí nos lo creemos: somos culpables por no tener el trabajo, la casa, la economía que quisiéramos o necesitamos para vivir.
En tiempo actual, la incertidumbre corroe el ambiente dejando una sensación untuosa y contagiosa, nos deja con mal cuerpo, como si de una enfermedad se tratase, la sentimos al ir al supermercado al comprobar que el dinero no es suficiente, lo que pagábamos antes por 15 productos de la canasta básica ahora nos alcanza sólo para comprar la mitad, nos congela al enteramos cuánto nos quieren subir el alquiler de la vivienda, cuánto tendremos que pagar en impuestos y de plano nos paraliza cuando nos enfermamos. En estos tiempos ¡prohibido enfermarse!
No cabe duda que el miedo es un afecto político que la extrema derecha utiliza a la perfección…”
Quizá sean secuelas de una pandemia, o como dijeran los conspiracionistas “todo lo tenían calculado: purgar el mundo, para ser ocupado por las fuerzas del maligno”. Decía Quintiliano que “a la mayor parte de la gente la mueve más el miedo al mal que la esperanza al bien”. Quizás por eso, los partidos políticos utilizan el miedo como recurso. El miedo es algo normal en el ser humano porque se trata de un recurso para asegurar la supervivencia. Nos advierte de que existe un peligro, real o ficticio, y nos prepara para evitarlo. Es una de las emociones más antiguas, y genera reacciones que afectan a nuestra conducta y comportamiento, de ahí que sea utilizado por la clase política para mantener o alcanzar el poder.
Un miedo terrorífico nos hace presa, nos condena, cuando vemos las excentricidades de los colaboradores del republicano Donald Trump y cuánto impactará todo eso en nuestro país.
Elon Musk, el hombre más rico del mundo y ahora el elefante en el escaparate de la Casa Blanca, el que celebró la toma de posesión de Trump con un saludo fascista al que no le faltó ni un detalle, incluso llevándose el brazo al hombro; pero algunos dijeron que no, que era un gesto desde el corazón.
Durante la Conferencia de Acción Política Conservadora, asistió Steve Bannon, exasesor de Trump y propagandista de cabecera de la extrema derecha mundial y ha sido el que ahora ha hecho el gesto nazi sin remilgo alguno. En el mismo escenario aparecieron Elon Musk y Javier Milei. El presidente argentino, pocos días después de su tejemaneje con la criptomoneda con la que muchos seguidores suyos han perdido sus ahorros, subió al escenario y regaló una motosierra al magnate. Este la recibió y empezó a blandirla al son de la música. ¿Qué simboliza a parte de los recortes en el país vecino que piensa hacer Trump, acaso es el nuevo símbolo de la Cruz esvástica?
En el mismo evento apareció Eduardo Verástegui, actor mexicano, activista y postulante independiente por la ultraderecha a la presidencia de México y fiel seguidor del presidente Donald Trump, ha hecho el saludo nazi al finalizar su participación en la Conferencia de Acción Política Conservadora. Verástegui ha seguido el ejemplo de otros colaboradores cercanos al republicano, que también han imitado el gesto fascista. Al finalizar su discurso, el actor se ha tocado el pecho con la mano derecha y ha pronunciado la frase “mi corazón va con todos ustedes”, para después alzar su brazo al aire con la mano extendida, en clara referencia al saludo nazi.
No cabe duda que el miedo es un afecto político que la extrema derecha utiliza a la perfección. Trabaja con ese sentimiento, que proviene de la vulnerabilidad, de la desesperanza, de la frustración, y en gran parte fruto del sistema capitalista. Que la extrema derecha sabe instrumentalizar muy bien y lo transforma en un sentimiento de odio.
En tiempos apocalípticos donde nos quieren sembrar el miedo a toda costa habrá que aprender a mirar con lupa y saber actuar con templanza, porque como dice el refrán: mal compañero es el miedo, que hace del mosquito un caballero.