STAFF / LIBRE EN EL SUR

Decir primavera es aludir a la naturaleza. La primera de las cuatro estaciones del año huele a flores, a campo, a árboles. No en vano su etimología nos indica que su nombre está compuesto por prima, de “primer” y vera, de “verdor”.  Es el retoñar, el volver a empezar… De ahí el que nos contagie un ánimo de alegría y un deseo de gozar de nuestro entorno a través de paseos al aire libre,  convivencias en tertulias y cafés, caminatas y rodadas ciclistas, como las que en estos días proliferan en parques y avenidas de la alcaldía de Benito Juárez.

Es verdaderamente una fiesta sobre ruedas la que podemos observar cada domingo en vías como el Eje 7 Sur Félix-Cuevas-Extremadura, Patriotismo, y División del Norte, incluidas en la ruta. Son cientos y cientos de ciclistas, familias enteras, que comparten unas horas mientras hacen ejercicio y disfrutan de la naturaleza juarense, hoy pletórica de árboles de jacarandas en flor.

La mayoría de los 24 parques con que cuenta la demarcación –como el Hundido, Los Venados, Arboledas, Álamos, Alameda Nápoles, entre ellos–, se ven en días de asueto, y a veces también entre semana, colmados de chiquitines que disfrutan los juegos infantiles o corretean por las calzadas. Y vemos también cómo por diversos rumbos de la alcaldía –en la Nápoles, Narvarte, Del Valle, Mixcoac– son cada vez más numerosos los cafés y restaurantes con terrazas al aire libre en la que conviven plácida y animadamente los jóvenes y también los adultos mayores.

Tenemos sin duda una demarcación geográficamente privilegiada, cuyo territorio plano –“como una mesa de billar”, ha dicho alguien—nos permite esas actividades. No obstante, los abusos de los desarrollos inmobiliarios, la ineficacia de las autoridades y nuestra propia indolencia han provocado los años recientes un grave deterioro de nuestro medio ambiente. Hay que tener presente que, contrariamente a lo que muchos suponen, Benito Juárez es una de las alcaldías con menos índice de áreas verdes por habitante en la Ciudad de México.

Las jacarandas de este 2019 men las colindancias de las colonias Del Valle y Narvarte.        Foto: SANTIAGO ARAU PONTONES.

 

Con una población aproximada de 360 mil habitantes, amén del millón de visitantes que recibimos cada día, nuestra demarcación  tiene un promedio de apenas 8.32 metros cuadrados por habitante.  Aunque ciertamente ese índice es superior a la media per cápita que registra la capital, de 5.26 metros cuadrados de áreas verdes, lo más preocupante es que lejos de aumentar disminuye cada año debido sobre todo a la tala de árboles y la reducción de espacios públicos. Hay que considerar que nuestro índice verde es muy inferior –la mitad– al mínimo recomendado por la  Organización de las Naciones Unidas para áreas urbanas, que es de 16 metros cuadrados por habitante. La Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda al menos nueve, que tampoco alcanzamos.

Según un catálogo elaborado por la Procuraduría Ambiental y Desarrollo Territorial capitalina (PAOT), las áreas verdes permiten la conservación de la biodiversidad,  regulan el clima y reducen los efectos de las llamadas islas de calor, detienen el polvo y partículas suspendidas, amortiguan y disminuyen los niveles de ruido, contribuyen en la remoción de la contaminación del aire y generan oxígeno, los árboles mejoran las condiciones del suelo ya que la mayoría de ellos son generadores de hojarasca y mantienen la humedad, regulan el microclima, evitan la erosión, propician el desarrollo de fauna, dándole refugio, protección y alimento.

Suponer que la conservación de las áreas verdes es responsabilidad exclusiva de las autoridades de la Ciudad y de la Alcaldía es mirar solamente una parte del problema. Esa tarea, que primordialmente deben cubrir en efecto quienes nos gobiernan, nos compete a todos. Y nuestra primera obligación es estar vigilantes ante los abusos y las infracciones de la normatividad, así como denunciar esas actividades indebidas. Temas más denunciados según registros de la propia PAOT son el derribo de árboles sin permiso, la poda excesiva, el maltrato al arbolado (por vandalismo, colocación de propaganda y otros objetos), la afectación por obra pública y los árboles de riesgo.

A la par de las denuncias para frenar esos y otros ilícitos, las alcaldías como BJ que no cuenten con al menos nueve metros cuadrados de áreas verdes por habitante, deberán incrementarlas buscando alcanzar este objetivo con alternativas para la creación de nuevas áreas verdes como son: azoteas verdes, barrancas, retiro de asfalto innecesario en explanadas, camellones, áreas verdes verticales y jardineras en calles secundarias. Defendamos pues nuestra primavera, para poder seguir disfrutando de sus encantos verdes y lilas.

 

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francisco

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