Lo que el viento no se llevó
La alegría y la celebración de todo tipo de festejos religiosos, cumpleaños, quinceañeras, graduaciones y hasta divorcios forman parte de nuestra herencia fiestera.
ADRIÁN CASASOLA
La alegría y la celebración de todo tipo de festejos religiosos, cumpleaños, quinceañeras, graduaciones y hasta divorcios forman parte de nuestra herencia fiestera.
En nuestro México de hoy, es difícil mirar atrás y darse cuenta todo lo que ha desaparecido…a menos que contemos con la evidencia física y fidedigna de aquellos tiempos para poder comparar por todo y para todo lo que aun conservamos.

Las tradiciones que aun permanecen en este país cambiante afortunadamente son muchas en comparación con la cantidad de años que han pasado y cómo, casi imperceptiblemente, se han ido silenciando o simplemente desaparecen sin dejar rastro con un suspiro de algunos y la indiferencia de otros.

La tradición charra se niega a morir. A pesar de haberse acortado la presencia en las calles de la Ciudad de México, de haber perdido el típico recorrido de los charros y chinas poblanas por el bosque de Chapultepec por órdenes del rector Uruchurtu, con uñas y dientes los descendientes de familias quienes aun conservan sus trajes, heredan la enseñanza de la montura y el cuidado del caballo, que arriesgan su vida con arrojadas suertes…ellos se merecen un gran reconocimiento.
¿Y qué decir de la artesanía mexicana? La cerámica que nos enorgullece por su colorido y variedad, dependiendo de la región de la república que se trate. Herencia que mezcla las costumbres y tradiciones prehispánicas con el mestizaje cultural español. Podemos presumirle a un turista de cualquier país cómo las expertas manos que transmiten a través de su práctica y destreza todo aquello que somos y que nos hace únicos.

La casi infinita variedad de platillos que ofrece nuestra gastronomía y repostería mexicana y que además tenemos la fortuna de encontrarla en cada esquina y cada rincón, desde el pueblo más pequeño hasta las grandes ciudades, donde parece que nunca descansa el consumo de tacos, antojitos fríos y calientes, siempre a precios módicos y acompañados del orgullo de todos aquellos que cocinan y crean magia en cada bocado. Las estrellas Michelin son prueba de ello…
Las fiestas populares y familiares también son un patrimonio transmitido de generación en generación. La música, la alegría y la celebración de todo tipo de festejos religiosos, cumpleaños, quinceañeras, graduaciones y hasta divorcios forman parte de nuestra herencia fiestera y de convivencia con propios y muchas veces extraños.

Si miramos las fotografías que acompañan este texto podemos reflejarnos en ellos y podemos sentirnos afortunados.
Curiosamente, muchas veces tenemos que escucharlo de alguien que visita la ciudad de México o una de nuestras bellas playas caribeñas o del Pacífico. Escuchar cómo se expresan de sus experiencias debe de hacernos valorar todo aquello que damos por sentado. Porque nadie sabe lo que tiene… hasta que lo ve perdido.
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