FRANCISCO ORTIZ PARDO

No eran los sentimientos de la nación, porque ninguna marcha los representa. Pero Andrés Manuel López Obrador fue fustigado este domingo por el mayor repudio ciudadano de su vida.

Mientras el Presidente se hacía escuchar en el Zócalo como un mandatario que en permanente campaña electoral festejaba su primer año de gobierno, Adrián Lebarón –a cuya familia acribillaron en la Sierra de Chihuahua– confesaba ante miles de ciudadanos reunidos frente al Monumento a la Revolución que ya no le salían más lágrimas de haber llorado tanto.

“Perdonen si ofendo a alguien pero esta vez tiemblo de furia. En este país perdemos la vida solo por querer vivir. Seguir viviendo nuestras vidas como si nada de esto ocurriera, es un acto de cobardía”.

 

Era la estocada final de una protesta que no dio tregua a la presentación estelar de López Orador a dos kilómetros de distancia. En centenares de pancartas quedaba consignado: AMLO mentiroso, AMLO corrupto, AMLO demagogo, AMLO dictador.

Las portaban en su mayoría miembros de esa clase media tan vilipendiada desde el poder público con el apelativo de “fifís”: en parejas o en familia, niños, ancianos –algunos de ellos solos–. Había algo de simbólico en ponerlos al frente, como retando a quien les pudiera cuestionar su derecho a exigir una vida segura y con garantías democráticas solo por su condición social.

Los manifestantes partieron del Ángel de la Independencia y por momentos retacaron ambos  sentidos de Paseo de la Reforma. Protestaban contra el aeropuerto de Santa Lucía, la inseguridad, la falta de medicinas, el cierre de estancias infantiles, el “golpe” a la CNDH, el crecimiento “cero”, las “ocurrencias”… y hasta por la presencia del ex mandatario boliviano Evo Morales en el país.

Destacó un numeroso contingente del PRD. ¿La izquierda fifí? Lo componían evidentemente cuadros del movimiento popular y mucho más experimentados en esto de las marchas. Hasta en el ritmo de sus pasos. Fue el único bloque que contrastó con el blanco predominante en la vestimenta de los manifestantes, pues ellos portaron sus banderolas amarillas.

Paradojas de la vida, que los que encumbraron a López Obrador como un caudillo, ahora gritaban: “¡Es un error estar con Obrador!” Al fin y al cabo, ellos sí pueden repetir las consignas de siempre, esas que fueron inventadas desde tiempos en los que el hoy Presidente era del PRI. “Aplaudan aplaudan, no dejen de aplaudir, que el pinche gobierno se tiene que morir”.

Luego los del PAN, esos sin banderas, encabezados por el dirigente Marko Cortés, el ex secretario de Gobernación Santiago Creel y los senadores Gustavo Madero y Kenia López, quienes protagonizaron el enfrentamiento con los senadores de Morena por aquello que consideraron un fraude en la elección de Rosario Piedra como presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

A la mitad de la marcha caminaba como cobijada por la multitud la familia Lebarón –la inspiración—, copada por reporteros y fotógrafos a la altura de La Palma de Reforma.  La acompañaba un grito: “¡Todos somos LeeBarón, todos somos LeeBarón!

La familia LeBarón

 

No alcanzaban a llegar los protagonistas centrales de esta historia, cuando en la explanada del Monumento a la Revolución ya comenzaba el mitin. “Este gobierno miente, roba y traiciona”, soltó sin mayor preámbulo el columnista Sergio Negrete. “Entregamos el poder a un demagogo autoritario. La máscara que usó para hacerse del poder no le sirve más: ahora destruye la democracia”.

El único momento en que la ráfaga de consignas contra López Obrador bajó de intensidad fue cuando los manifestantes lo instaron a coro a rectificar. Así le protestaron a ese líder que en otros tiempos convocó a marchas multitudinarias… contra otros gobiernos.

 

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