México en la franja roja: el discurso anticorrupción frente al espejo global
La 4T fracasa contra la corrupción; ya no se roba, decía AMLO
Lugar 140 de 182 países: 27 puntos y una promesa que no se cumplió.
STAFF / LIBRE EN EL SUR
Durante seis años se repitió una frase como mantra presidencial: “ya no se roba arriba”. El combate a la corrupción fue presentado como el eje moral del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, la frontera ética que distinguía a la llamada Cuarta Transformación del pasado que calificaba como neoliberal y corrupto.
Pero el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 de Transparencia Internacional coloca a México en el lugar 140 de 182 países, con 27 puntos sobre 100. En la escala donde 0 es altamente corrupto y 100 es muy limpio, el país permanece en la franja roja del ranking mundial.
No es un desliz estadístico. Es una señal persistente.
México comparte puntuación con Camerún (27) y se ubica apenas por encima de Guatemala (26), Madagascar (26), Uganda (26) y Papúa Nueva Guinea (26). Más abajo aparecen Paraguay (24), Bangladés (24) y Honduras (22). Es la zona del tablero donde las instituciones son débiles, la rendición de cuentas es irregular y la impunidad es regla más que excepción.
Durante el sexenio anterior se concentraron compras públicas en adjudicaciones directas, se desdibujaron contrapesos institucionales y se debilitó el sistema nacional anticorrupción bajo el argumento de austeridad y eficiencia. El discurso fue moral y contundente; el resultado, según el índice global, no muestra transformación estructural.
Del “no somos iguales” al desafío de Claudia Sheinbaum
Claudia Sheinbaum ha insistido en que la transformación continúa y que el combate a la corrupción es irreversible. Sin embargo, el índice 2025 sugiere que el país no logró despegar del bloque de naciones con alta percepción de corrupción.
El contraste internacional es evidente.
En la parte más alta del ranking aparecen:
- Dinamarca – 90
- Finlandia – 87
- Singapur – 84
- Nueva Zelanda – 83
- Noruega – 81
En el extremo más bajo están:
- Sudán del Sur – 9
- Somalia – 9
- Venezuela – 10
- Siria – 15
- Corea del Norte – 15
México no está en el colapso absoluto, pero tampoco en la liga de países con controles sólidos y justicia independiente. Permanece en una zona intermedia baja donde la corrupción no es un escándalo aislado, sino un fenómeno estructural.
En América Latina, el contraste resulta aún más incómodo. Uruguay (73) y Chile (63) muestran que la región no está condenada al fracaso institucional. Incluso países con crisis políticas recientes como Brasil (35) y Colombia (37) superan a México.
El índice no mide discursos ni conferencias; mide percepción estructural sobre el funcionamiento del sector público. Y esa percepción no valida la narrativa de que la corrupción quedó erradicada en las cúpulas.
Si el sexenio pasado aseguró que el robo en las alturas terminó, el lugar 140 indica que el mundo no lo percibe así. Y si el nuevo gobierno sostiene que la transformación es irreversible, el reto es tangible: fortalecer fiscalías autónomas, transparentar contratos estratégicos, reducir adjudicaciones directas y garantizar independencia judicial real.
La corrupción no desaparece por decreto. Se reduce cuando hay instituciones fuertes, contrapesos efectivos y sanciones ejemplares.
México, por ahora, sigue en la franja roja.

















