A seis años de la declaración de la pandemia global: el COVID ante el que fracasó el gobierno mexicano
Muro en memoria de muertos por Covid-19 en la basílica de Guadalupe. Foto: Victoria Valtierra / Cuartoscuro
808,619 muertes en exceso en México; cerca de 300 mil pudieron evitarse
Entre 15 y 18 millones de muertos en el mundo por la pandemia. Nuestro país, en el cuarto sitio.
STAFF / LIBRE EN EL SUR
Este 11 de marzo se cumplen seis años de que la Organización Mundial de la Salud declaró al COVID-19 como pandemia global. Para entonces, el virus SARS-CoV-2 llevaba varios meses expandiéndose por el planeta.
Los primeros casos de la enfermedad se detectaron a finales de 2019 en Wuhan, China, desde donde el virus comenzó a propagarse rápidamente a otros países de Asia. A inicios de 2020 el brote ya se había extendido a Europa, donde naciones como Italia y España enfrentaban hospitales saturados y miles de contagios diarios.
Cuando la OMS emitió la declaratoria de pandemia el 11 de marzo de 2020, el virus ya estaba presente en más de 114 países y había provocado más de 118 mil contagios confirmados y más de 4,200 muertes en el mundo.
Para ese momento, el COVID-19 ya había mostrado su capacidad de colapsar sistemas hospitalarios y provocar crisis sanitarias en varias regiones del planeta. Países asiáticos y europeos habían comenzado a aplicar confinamientos, restricciones de movilidad y medidas de emergencia para contener la propagación.
México, que confirmó su primer caso el 27 de febrero de 2020, tuvo varias semanas para observar la evolución de la crisis internacional y prepararse ante la llegada del virus. Sin embargo, las medidas sanitarias se adoptaron de manera gradual.
El gobierno federal anunció el 23 de marzo de 2020 la llamada Jornada Nacional de Sana Distancia, mientras que la declaratoria formal de emergencia sanitaria se emitió hasta el 30 de marzo de 2020, cuando el Consejo de Salubridad General ordenó la suspensión de actividades no esenciales.
Durante la etapa inicial, la estrategia sanitaria fue encabezada por el subsecretario de Salud Hugo López-Gatell, quien defendió un modelo de mitigación gradual basado en el sistema de vigilancia epidemiológica denominado “centinela”.
Desde el inicio de la emergencia sanitaria, diversas decisiones de la estrategia oficial generaron fuertes cuestionamientos. Entre ellas destacó la postura del propio López-Gatell respecto al uso del cubrebocas, cuya utilidad minimizó durante meses pese a que la Organización Mundial de la Salud recomendaba su utilización como medida preventiva para reducir la transmisión del virus.
Otro de los puntos más criticados fue la negativa del gobierno mexicano a implementar pruebas masivas de detección, una estrategia que varios países adoptaron para rastrear contagios y cortar cadenas de transmisión. La administración federal optó por mantener un esquema de vigilancia basado en muestras representativas del sistema “centinela”, decisión que especialistas en salud pública consideraron insuficiente frente a la magnitud de la pandemia. Con el paso del tiempo, esa política ha quedado como uno de los aspectos más debatidos y cuestionados en la historia reciente de la salud pública mexicana.
Los muertos en México y el mundo
Con el paso de los meses, las cifras oficiales comenzaron a ser cuestionadas. El indicador que permitió dimensionar la magnitud de la tragedia fue el exceso de mortalidad, es decir, la diferencia entre las muertes esperadas y las realmente registradas durante la pandemia.
De acuerdo con estimaciones del Instituto Nacional de Salud Pública, México acumuló alrededor de 726 mil muertes en exceso entre 2020 y 2022.
Posteriormente, el informe publicado en 2024 por la Comisión Independiente de Investigación sobre la Pandemia de COVID-19 en México, en la que participó el exsecretario de Salud Julio Frenk, elevó esa cifra a 808,619 muertes en exceso.
El estudio concluyó que casi el 39 por ciento de esas muertes pudieron haberse evitado, lo que equivale aproximadamente a cerca de 300 mil fallecimientos, si se hubieran aplicado medidas de contención más oportunas, mayor capacidad de pruebas diagnósticas y una comunicación de riesgo más clara.
A nivel global, las cifras oficiales reportan más de 7 millones de muertes confirmadas por COVID-19.
Sin embargo, las estimaciones basadas en exceso de mortalidad indican que el impacto real fue mucho mayor. La Organización Mundial de la Salud calculó que 14.9 millones de personas murieron en el mundo entre 2020 y 2021 por efectos directos o indirectos de la pandemia.
Otros estudios internacionales, como el publicado en la revista científica The Lancet, estiman que las muertes asociadas a la pandemia pudieron alcanzar alrededor de 18 millones en los primeros dos años.
En ese contexto global, México terminó ubicándose entre los países con mayor mortalidad por la pandemia. Durante los momentos más críticos de la crisis sanitaria, el país llegó a ocupar el cuarto lugar mundial en número absoluto de muertes confirmadas por COVID-19, sólo detrás de Estados Unidos, Brasil e India.
Si se consideran las estimaciones de exceso de mortalidad, México aparece también entre los países con mayor número de muertes asociadas a la pandemia en el mundo, lo que refleja la dimensión de una crisis sanitaria que dejó más de 800 mil fallecimientos adicionales en el país.
Seis años después de la declaratoria global de pandemia, el COVID-19 sigue siendo objeto de análisis y debate. El manejo de la crisis sanitaria continúa siendo motivo de controversia. A pesar de los cuestionamientos por la estrategia adoptada durante la pandemia, el exsubsecretario de Salud Hugo López-Gatell no ha comparecido para rendir cuentas de manera formal ante el Congreso sobre su gestión al frente de la política sanitaria durante aquellos años.
Actualmente se desempeña como representante de México ante la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, un cargo diplomático que le otorga un salario que, de acuerdo con reportes públicos, supera incluso el ingreso de la propia presidenta Claudia Sheinbaum.
Para muchos críticos de la gestión de la pandemia, el hecho resume una palabra que ha acompañado el debate sobre aquellos años: impunidad.
















