Ciudad de México, enero 10, 2026 15:37
Nancy Castro Opinión Sin categoría

Con el fuego en alto

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“Estados Unidos no sólo ataca a Venezuela: ataca la soberanía de Latinoamérica. La democracia es la coartada y el narcotráfico el pretexto para saquear el petróleo…”

POR NANCY CASTRO

MADRID. Empezamos el año con el fuego en alto.

Se nos dio el fuego a sabiendas de lo que provocaría: se nos dio para hacer con él cosas que beneficien nuestra existencia. Pero todo bien, también engendra mal. El motivo con que se utiliza lo que se nos ha dado siempre arrastra claroscuros. El que juega con fuego…

Mientras en Suiza el primero de enero ardía en llamas una estación de esquí, el dos de enero volvía a sentirse en México el sonoro rugir de la tierra tras un sismo de 6.5. Sin alcanzar mayores desastres

Día tres, en Venezuela estalla la invasión estadounidense. Presenciamos la avanzada imperialista que, a diestra y siniestra, se ufana atacando el territorio de sus vecinos. Estados Unidos bombardea en la madrugada de este primer sábado del año a Venezuela, captura a su mandatario y continúa el asedio.

Estados Unidos no sólo ataca a Venezuela: ataca la soberanía de Latinoamérica. La democracia es la coartada y el narcotráfico el pretexto para saquear el petróleo.

El nuevo orden mundial pareciera un capricho: mañana se le ocurre intervenir la isla de Cuba para convertirla en turismo de lujo exclusivo para los señores millonarios. Nada nuevo. Y de Venezuela  ¿qué podría interesarle sino el saqueo de los recursos de las tierras raras y el petróleo?

Las guerras, bien lo dijo Eduardo Galeano, mienten. Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: yo mato para robar. En su lugar, invocan nobles motivos: mato en nombre de la paz, en nombre de Dios, en nombre de la civilización.

El riesgo para México no es una represalia inmediata, sino una acumulación de presiones que, sostenidas en el tiempo, pueden limitar su margen de acción interna…”

Lo dijo Donald Trump en su comparecencia: “necesitamos regenerar Cuba y devolverle a Venezuela su libertad. Vamos a dirigir el país “

Lo dijo con un dejo de César “intervenimos Venezuela y salió espectacular

Nos llevó tiempo estudiar a Maduro; ni siquiera tuvimos que cobrar el botín por su captura”, lo hace a modo de chascarrillo.

“Vamos a gobernar Venezuela hasta que haya una transición segura”, ha aseverado tras el ataque perpetrado en la madrugada contra Caracas. Una operación quirúrgica, dicen, en la que participaron ciento cincuenta aeronaves y que culminó con el arresto de Maduro y su esposa, Cilia Flores. Ambos son trasladados en barco a Nueva York, donde serán juzgados por narcotráfico y posesión de armas.

Trump asegura que la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, se ha puesto a disposición de Washington. Lo dice como quien anuncia una rendición voluntaria, como si la obediencia también pudiera leerse como cooperación.

Aduce, además, que las compañías estadounidenses se harán cargo de la industria petrolera del país. No es casualidad que haya mencionado veintisiete la palabra petroleo. Se harán cargo: verbo limpio, gesto humanitario. Y su administración se hará responsable del botín.

No se habla de ocupación, se habla de transición.

No se habla de saqueo, se habla de estabilidad.

No se habla de guerra, se habla de seguridad.

La violencia necesita siempre un vocabulario pulcro para no parecer lo que es.

¿Y a México qué le espera?

Quizá no sería explosiva e intervencionista sino una administrativa, económica y política, diseñada para corregir conductas más que para castigar abiertamente. El riesgo para México no es una represalia inmediata, sino una acumulación de presiones que, sostenidas en el tiempo, pueden limitar su margen de acción interna.

Mientras una parte de la población venezolana celebra en Madrid, en la Puerta del Sol, junto a sus compatriotas, ante la expectativa de un cambio de gobierno y lo que consideran un escenario de liberación, otro sector observa los acontecimientos con seria preocupación. Para ellos, el futuro se presenta incierto y sombrío. Tras seguir de cerca las intervenciones y los procesos políticos en Venezuela, advierten que la experiencia les ha enseñado cautela.

Han visto demasiadas veces arder su país; saben que con el fuego no se celebra ni la derrota ni la victoria, sino que ambas pueden anunciar, peligrosamente, lo mismo.

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