FRANCISCO ORTIZ PINCHETTI

El actual director de Libre en el Sur viajo a Madera, Chihuahua en 1978 como enviado del semanario Proceso, para rescatar la historia de  los guerrilleros que fueron masacrados 13 años antes al intentar tomar un cuartel militar en esa comunidad serrana, emulando al asalto al cuartel Moncada llevado a cabo por los revolucionarios cubanos encabezados por Fidel Castro Ruz. Esta es su crónica.

MADERA, CHIHUAHUA – Flores serranas, humildes, amanecen cada 23 de septiembre, desde hace 13 años, sobre la plancha de cemento que cubre una de las pobres tumbas del camposanto local: es la fosa común a la que fueron arrojados, sin caja, los cuerpos de 7 de los 8 guerrilleros muertos por el ejército cuando trataron de tomar por asalto el cuartel de esta antigua estación maderera situada en las estribaciones de la tarahumara, a 300 kilómetros al noroeste de la ciudad de Chihuahua.

Madera. Las tumba de los guerrilleros. Foto: especial.

Seis Cruces de madera Seis nombre: Arturo Gámiz, Pablo Gómez, Antonio Scobell, Miguel Quiñones, Oscar Sandoval, Rafael Martínez Valdivia Falta una cruz y un nombre: el de Emilio Gámiz, hermano de Arturo Los restos del octavo guerrillero muerto Salomón Gaytán, se encuentran en otra tumba, distante unos 4 metros.

Todos ellos y cuando menos 5 compañeros más, pretendieron tomar por asalto el rústico cuartel militar de esta población, en la madrugada del 23 de septiembre de 1965. Fue el epílogo de una larga lucha, iniciada en movilizaciones campesinas en demanda de tierra y agotada en una efímera campaña guerrillera, la primera de inspiración socialista en el país

Lo ocurrido aquella madrugada es sin duda lo más importante, o lo único importante tal vez, vivido por Madera, un pueblo sin concierto, oloroso a leña quemada, que hoy tiene 12,000 habitantes. Región maderera esta, el bosque ha sido para los campesinos la vida, pero también la explotación y la muerte Y el motivo de una larga, inacabable lucha.

Lucha en la que tuvieron una intensa, significativa participación aquellos atacantes del cuartel. Casi todos ellos habían militado o dirigido organizaciones campesinas, estudiantiles y políticas que formaban parte de un creciente movimiento de masas en el norte del país.

Arturo Gámiz, Pablo Gómez, ambos profesores y el segundo de ellos también médico, quienes encabezaron la guerrilla que atacó el cuartel de Madera, fueron miembros del Partido Popular Socialista, aunque disidentes finalmente de su dirección nacional Ambos fueron también activos dirigentes de la UGOCM en Chihuahua y organizaron importantes movilizaciones campesinas en demanda de tierras que encontraron una creciente represión por parte de las autoridades estatales.

Otros de los que se convirtieron finalmente en guerrilleros fueron miembros del Movimiento de Liberación Nacional, el Consejo Nacional de Estudiantes Campesinos Socialistas, la Federación de Obreros y Campesinos de Durango, la Juventud Popular Socialista y otras organizaciones.

Con excepción del doctor Gómez que tenía al morir 40 años de edad, se trataban de jóvenes cuyas edades fluctuaban entre los 20 y los 25 años de edad.

Se sabe que en la acción armada del 23 de septiembre de 1965 tomaron parte también Guadalupe Scobell, Ramón Mendoza y tres más conocidos sólo por sus alias: “Matías”, “Hugo”, y “Luis” Los 5 lograron escapar después del enfrentamiento.

“La agrupación y la corriente política que ellos representaban —dice el comité de defensa popular de Chihuahua en un escrito entregado a Proceso— estaba integrada y de hecho dirigía el movimiento real y masivo de trabajadores, estudiantes, maestros y otros sectores populares. A partir de la consolidación de ese movimiento y su orientación hacia objetivos políticos y revolucionarios de más largo alcance, encauzaron a dicho movimiento para que adoptara como línea y métodos revolucionarios la lucha armada”

Aunque la decisión de tomar las armas parecía ser respuesta a la actitud cerrada y represiva de las autoridades, en especial el gobernador Práxedes Giner Durán, viejo general villista al que acusaban de proteger a los caciques, en realidad el grupo encabezado por Gámiz y Gómez tenía concepciones bastante más amplias de las meras reivindicaciones campesinas, concretas, por las que había venido luchando Así se deduce de los documentos producidos en dos “reuniones de la sierra” realizadas mucho tiempo antes a los hechos de Madera, donde se plantea la lucha armada como única alternativa para lograr una transformación radical de las estructuras sociopolíticas del país.

En el último de esos documentos inéditos se concluye en efecto que “únicamente mediante la revolución armada podrá el pueblo mexicano liberarse”.

Con todo, es claro que en lo inmediato su lucha iba dirigida contra los férreos cacicazgos de la sierra chihuahuense, donde gente como los Ibarra y los Vega disponía de “guardias blancas” para imponer el terror y despojar a los campesinos y donde empresas como Bosques de Chihuahua, explotaba por igual —y explotan aún— al bosque y a los campesinos.

Arturo Gámiz organizó la guerrilla a finales de 1963 Su primera acción ocurrió en febrero de 1964: la voladura con dinamita de un puente en una propiedad de los Ibarra.

El 15 de julio de 1964 los guerrilleros se enfrentaron a un grupo de agentes judiciales del estado a quienes desarmaron y ataron; el 23 de mayo de 1965, atacaron cerca de Madera un pelotón de soldados que andaba en su búsqueda. Hicieron huir a los militantes y se apoderaron del parque que éstos abandonaron
Fueron esas las únicas acciones conocidas que precedieron al asalto al cuartel de Madera, hecho que sorprendió aun a muchos de sus simpatizantes.

Algunos de ellos, así como los habitantes de Madera testigos de lo ocurrido, relata ahora aquel episodio

OCHO HORAS DE BALAZOS
En la hora exacta en que se inicio el ataque nadie se pone de acuerdo Fue antes del amanecer, entre las 5 y las 6 de la mañana. El número de atacantes tampoco se ha precisado, aunque hay evidencias —como un plano encontrado en la ropa de Gámiz, con la ubicación de cada guerrillero—, para suponer que sólo fueron 13.

Ese número de atacantes y la precariedad de las armas con que contaban —dos rifles de 7 milímetros, tres 30-06, 2 mosquetones, una vieja escopeta y dos rifles 22 además de algunas granadas, bombas Molotov y cartuchos de dinamita—, hacen parecer absurda la pretensión de tomar un cuartel en el que había 125 soldados bien pertrechados, inclusive con ametralladoras.

Para el ataque, los guerrilleros se distribuyeron un punto que rodeaban el cuartel, como una escuela, la vía del tren, la casa redonda de la estación. Pero salvo algunas casas del llamado barrio americano, estaban en un llano despoblado, sin posibilidad lógica de escapatoria en las afueras de la población
El tiroteo duró según las versiones entre una y tres horas, aunque José María Bohórquez, habitante de una casa cercana, asegura que “no paró sino como hasta las dos de la tarde”. Ocho guerrilleros murieron, seis de ellos impresionantemente acribillados a balazos Gámiz y Gaytán perecieron aparentemente cuando uno de los cartuchos que este último llevaba le estalló accidentalmente en las manos. El informe oficial indicó que cinco soldados murieron en la refriega y uno más posteriormente, cuando se le atendía en un hospital de Chihuahua. Hubo once militares heridos y dos civiles fueron muertos por los soldados al día siguiente, al confundirlos con los guerrilleros prófugos.

María Cardoso, otra vecina del lugar asegura que cuando menos a cuatro de los guerrilleros les dieron el tiro de gracia Lo cierto es que ninguno fue capturado herido Tras el tiroteo, se inició la cacería de los supervivientes en el pueblo primero y luego en toda la región. La tropa detuvo a cientos de campesinos —”a casi todo el pueblo” según Santana Pérez Rosas—, a quienes condujeron al cuartel “Ahí nos desnudaron a todos y así nos tuvieron hasta las tres de la tarde unos porque a otros ahí los mantuvieron
Cuenta Pérez Rosas, que en aquel entonces dirigía el comité particular de solicitantes de El Serrucho, que, “el pueblo, se calentó, no crea, por mero se avienta contra la Federación”. Y dice que su padre fue encarcelado durante 15 días porque en su rancho encontraron el rifle y la ropa de uno de los guerrilleros “Fue verdad —confía—; uno de los que escaparon llegó al rancho a esconderse y papá lo ayudó Le dio de comer, le prestó ropa y le dijo como pelarse”.

El, como otros viejos campesinos de Madera coinciden en que “los guerrilleros eran gente que no le hacían ningún mal a nadie y que luchaban por los campesinos”, dice José Anastasio Cuenca.
El propio Pérez Rosas asegura que la gente los cuidaba y que “si no se meten al cuartel nunca los hubieran sacado de la sierra”.

A la vieja Dolores Mena de Bohórquez le duele todavía el recuerdo de aquellos ocho cadáveres ensangrentados a los que los soldados “echaron arriba de una troca, como si fueran cachos de madera”.
Los cuerpos de Arturo Gámiz y Pablo Gómez iban a ser trasladados en avión a Chihuahua Estaban ya en el rústico aeropuerto de la población metidos en bolsas, pero llegó el gobernador Giner Durán y ordenó que todos los cadáveres fueran sepultados ahí mismo en una fosa común.

“Era tierra lo que peleaban, ¿no? ¡Pues dénles tierra hasta que se harten!” , dijo el gobernador.
Y los cuerpos fueron arrojados como fardos a la fosa abierta por tres soldados en el panteón de Madera, mientras que los cinco militares caídos en la acción eran sepultados con honores y con la bendición del cura local, José Rodríguez Piña, que en cambio se negó a hacer lo mismo con los cadáveres de los guerrilleros.

HUBO UNA DELACION
¿Una acción suicida?, en realidad, como el título de un cuadro alusivo al hecho realizado por el pintor chihuahuense Alberto Carlos, “Ellos supieron por qué”, pero nadie más se lo explica claramente
Emilio Gámiz Fernández, de 58 años de edad, padre de Arturo y Emilio Gámiz, sin embargo, tiene sus sospechas Entrevistado en el poblado de Anáhuac, Chihuahua, donde vive, platica que uno de los supervivientes le aseguró que los guerrilleros habían sido traicionados por un capitán Barajas que en México entrenó a varios de ellos, y en el cual Arturo tenía mucha confianza.

“Lo que sí hay una cosa rara Por ejemplo, la guarnición habitual de Madera era de 30 soldados y ese día había 125. Luego, al momento de iniciarse el tiroteo el maquinista de un tren que estaba cerca del lugar prendió los fanales y alumbró a los guerrilleros, descubriéndolos”.

Pero Elodia García de Gámiz la madre de los guerrilleros piensa que ya no importa “Arturo y Emilio están muertos y nosotros estamos muy orgullosos de lo que hicieron y por lo que murieron”, dice. Y agrega:
“Más con lo que hemos visto después Lo que ocurre en México les da cada vez más la razón. Por eso, aunque sentimos haberlos perdido, estamos orgullosos”.

Singular familia la de los Gámiz Además de Arturo y Emilio, muertos en la acción de Madera, Dolores y Amalia están asiladas en Cuba y uno más, Jacobo, que fue integrante del Partido de los Pobres, desapareció el 13 de marzo de 1974, tras un enfrentamiento con la policía en Acapulco, donde resultó herido. “Esa es ahorita nuestra gran pena: saber de él, saber si está vivo o muerto”, dice la madre, que ha agotado todos los recursos para saber de su paradero “Me han dicho que lo vieron en la cárcel de Perote y en el Campo Militar Número Uno, pero el gobierno nada responde”.

Como los Gámiz, los Gómez y otras personas relacionadas con los guerrilleros de Madera, insisten en señalar que la Liga Comunista “23 de septiembre” que tomó como nombre la fecha del asalto no tiene nada que ver con aquellos ni derivan en forma alguna del movimiento que ellos encabezaron.

En cambio, algunos de los militantes en el movimiento campesino dirigido por Gámiz y Gómez realizaron acciones armadas con posterioridad al asalto de Madera Uno de esos grupos fue encabezado por Oscar González En 1968 asaltaron un aserradero en Temóchic, Chihuahua y meses después fueron muertos en la sierra Otros corrieron igual suerte. Todo acabó.

El sábado pasado, 23 de septiembre como en cada año, algunas flores serranas, humildes, amanecieron sobre la tumba de los guerrilleros, pocas.

Cada año menos.

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