Ciudad de México, marzo 10, 2026 14:40
UNAM

La desinformación no funciona sin un cómplice: ¡tu mismo!

“Recibimos datos a gran escala a través de las redes sociodigitales, lo que podemos denominar ‘infoxicación’, define Héctor Eduardo García Meléndez

Cuando vemos que nuestras creencias pueden ser sujetas a crítica, el cerebro activará cierta defensa, a veces no buscamos información sino cierta validación, explica especialista de la UNAM en temas de desinformación.

STAFF/LIBRE EN EL SUR

A diario circulan en las plataformas digitales noticias falsas o fake news a las que somos vulnerables; es una maquinaria que no está diseñada para guiar el intelecto, pero sí para afectar nuestras emociones, alertó el jefe del Departamento de Selección y Adquisición Bibliográfica de la Dirección General de Bibliotecas y Servicios Digitales de Información (DGBSDI) de la UNAM, Héctor Eduardo García Meléndez.

En su conferencia “Cuidado con las noticias falsas y la desinformación: cuestiona, verifica y DCIDE”, el también docente de la licenciatura en Bibliotecología y Estudios de la Información en su modalidad a distancia, indicó que numerosas personas creen en ese contenido.

Durante la sesión -moderada por César Saavedra Alamillas, integrante del Programa de Desarrollo de Competencias Informativas Digitales y Ética (DCIDE) de la DGBSDI-Biblioteca Central- dijo que esas plataformas son herramientas clave para la comunicación, entretenimiento, búsqueda de datos y comercio; se caracterizan por la inmediatez y el intercambio masivo de materiales.

Dentro de ellas hay “ecosistemas de la desinformación”, es decir, ambientes vivos y complejos en evolución. Hasta hace unos años consumíamos información a través de las bibliotecas, otra nos llegaba por medio de los noticieros de radio y televisión, o los diarios; en la actualidad la recibimos a gran escala a través de las redes sociodigitales, algo que podemos denominar “infoxicación”.

México, enfatizó, es uno de los países que se caracteriza por la diversidad de fuentes de información y las personas tienen la cultura de allegarse de esta de diversas maneras, en particular a través del teléfono móvil, que podría generar una “intoxicación de información digital”; o sea, una sobrecarga o exceso que satura la capacidad humana para procesarla.

A decir de García Meléndez, debemos tener en cuenta que los contenidos son “un poco alterados, más espectaculares”; pueden diseñarse a la medida de lo que queremos, esas son algunas características de la “infoxicación”, las cuales podrían perjudicarnos emocionalmente a través de estrés, ciertas disociaciones, trastornos del sueño, falta de concentración o de análisis crítico de los datos.

Manifestó que nuestra atención es el recurso más valioso para el ecosistema y las plataformas digitales, que empiezan a constituirse en servicios públicos gratuitos de empresas que cotizan en la bolsa, cuyo propósito está enfocado en encontrar formas de engancharnos para que estemos constantemente pegados al celular o a las pantallas.

Por ejemplo, apelan a nuestras emociones; una de las más fuertes es la ira, incluso el odio, lo que genera más clicks que cualquier situación positiva. Cuando se difunde una noticia relacionada con la política, la cual provoca cierta polémica, en los comentarios encontramos ataques y recriminaciones.

El universitario se refirió también al clickbait (“cebo de clics”), técnica de marketing digital que utiliza titulares o anuncios miniaturas sensacionalistas o engañosas para despertar el interés y forzar clics en un enlace. Su objetivo es maximizar ingresos publicitarios y tráfico web, explotando la curiosidad del usuario.

De acuerdo con García Meléndez, la desinformación no funciona sin un cómplice, que solemos ser nosotros mismos. Podemos pensar que somos imparciales y actuar como juez. Buscamos cualquier cosa para probar que se equivocó, esto se llama razonamiento motivado. No obstante, cuando vemos que nuestras creencias pueden ser sujetas a crítica, el cerebro activará cierta defensa, a veces no buscamos información, sino cierta validación.

Resaltó que en internet ocurre con frecuencia la “ceguera intencional o indiferencia premeditada”, fenómeno mediante el cual las personas usuarias deciden ignorar o no investigar información que está a su alcance. A pesar de tener sospechas de que algo no está bien, decidimos ser “ciegos selectivos”.

Según el experto, los deepfakes o ultrafalsos son imágenes, videos o audios editados o generados mediante inteligencia artificial, que pueden mostrar personas reales o inexistentes. Para detectar una noticia falsa sugirió, por ejemplo, verificar las fuentes antes de compartirla; confirmar si ha sido publicada en otros sitios y cuáles son; identificar si nos está perturbando.

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