Ciudad de México, octubre 25, 2020 00:38
Libre en el Sur

La Torre Manacar, detrás del deprimido vial y el ecocidio en Río Churubusco; no cuenta con impacto urbano

En la emblemática esquina de Insurgentes Sur y Río Mixcoac, donde se localizó un legendario cine con telón de madera pintado por Carlos Mérida, se construye una torre de 30 pisos que, de acuerdo con la PAOT, no cuenta con los estudios de ley de impacto urbano. Lo curioso es que en las proyecciones de la construcción se contempla el deprimido vial cuya construcción por parte del GDF implicaría la tala de 850 árboles.

Por Francisco Ortiz Pardo

Una escabrosa relación entre el gobierno capitalino y grandes empresarios inmobiliarios se comienza a desvelar: El proyecto de construcción de una torre piramidal de 30 pisos en lo que fue la Glorieta Manacar, en la esquina de las avenidas Insurgentes Sur y Río Mixcoac, incluye el tan controvertido deprimido vial que ha desatado la protesta vecinal por la tala masiva de árboles que implica.

Curiosamente, el gobierno de Miguel Ángel Mancera permitió que el edificio se comenzara a construir sin estudios de impacto urbano, según se infiere en el expediente PAOT-2013-2265-SOT-1034, correspondiente a una investigación de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT). “Para la construcción de un edificio de 89,674.48 metros cuadrados, distribuidos en 30 niveles, 13 sótanos, se requiere de la tramitación de impacto urbano y vivienda del DF, por tratarse de un proyecto de más de 5,000 metros cuadrados”, se advierte en dicho documento.

En proyecciones de la llamada Torre Manacar, de las que Libre en el Sur tiene copia, se aprecia trazado el distribuidor vehicular, cuya construcción ya se estima oficialmente en 1,400 millones de pesos y el consecuente derribo de 850 árboles, la mayoría de ellos centenarios. La evidencia da sustento a las acusaciones de vecinos sobre una presunta colusión entre el Gobierno del DF y empresarios inmobiliarios.

Desde julio del 2003, Libre en el Sur dio a conocer la inminente construcción de una megatorre en el predio que ocupó el edificio y el cine Manacar, que hizo época. En la nueva torre –la Torre Manacar—, de 30 pisos, que albergará nuevamente salas de cine, también habrá tiendas departamentales, oficinas y viviendas. Además de 13 pisos de estacionamientos…

Después de que el inmueble original quedó afectado por los sismos de 1985, y su techo reducido a cenizas por un incendio el 19 de marzo del año pasado, fue demolido. El conjunto Manacar –llamado así por los nombres de los propietarios, Manuel, Antonio y Carlos Santacruz— fue construido en 1963 por el arquitecto Enrique Carral, con la colaboración de Víctor Bayardo y Héctor Meza, e incluyó una torre de oficinas, un gran cine y locales comerciales. Desde entonces, su nombre se convirtió en referente de la zona, e incluso fue adoptado por una agencia de autos Nissan, que también ya desapareció. La sala cinematográfica se inauguró el 25 de marzo de 1965 con la versión en Cinerama de La conquista del oeste (1962, Hathaway, Ford y Marshall).

“Cumplía con las funciones de cine de lujo, cine de barrio y piedra límite; más al sur de la ciudad ya no había nada hasta Cuernavaca. No extrañé que sus películas convocaran a los fufurufos del Pedregal y a los arrabaleros de Olivar del Conde o los mediopelo de San Pedro de los Pinos y Mixcoac”, escribió el crítico Gustavo García en Milenio (25 de junio de 2011). “El canto del cisne del Manacar se dio temprano, hacia 1971, cuando, incapaz de estrenar maravillas como las de apenas seis años atrás, reprogramó todas esas glorias con una semana de duración; fue la última vez que se vio en su formato original Amor sin barreras, Mi bella dama, La agonía y el éxtasis, El cardenal, La caída del imperio romano. Después vino el desastre, el gradual abandono”.

La pantalla de la sala estaba cubierta por un telón-mural plegable con incrustaciones sobre madera, obra realizada por el pintor Mérida en 1964. Mientras los espectadores esperaban el inicio de la peli podían disfrutar las figuras dinámicas de unos bailarines, pintadas con colores armoniosos en pintura acrílica, que rompían con la monotonía del lugar, según recuerda el historiador Eduardo Espinoza Campos. Nada se sabe sobre el paradero del mural, probablemente retirado cuando el sitio fue reacondicionado para varias salas que conformaron uno de los primeros complejos Cinemex en el país, en 1995.

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