Ciudad de México, octubre 29, 2020 12:16
Libre en el Sur

Los árboles de mi infancia no deben morir: Río Mixcoac*

Por Leonora Esquivel / autora invitada

Cada vez que me enfrento al intento de salvar un árbol tengo la misma sensación de que una gran ola va a romper delante mío. Sólo me queda permitir que me revuelque y nadar después hacia la orilla.

Pero ahora no es sólo un árbol, son 850 que serán derribados para la construcción de la adecuación vial circuito bicentenario Mixcoac-Insurgentes, mejor conocida como “el deprimido Río Mixcoac”, así que más que una ola aislada es un tsunami.

Pasó lo que temía: el tsunami me arrastró y al despertar el camellón de Río Mixcoac amaneció con al menos 400 árboles menos. Varias decenas de vecinos de las colonias aledañas a la obra del deprimido se dieron cita a las 11 de la mañana para mostrar su inconformidad ante medios de comunicación.

Hubo quienes se despertaron por el ruido de las motosierras y salieron a ver lo que sucedía: talaron desde las 12 hasta las 4 de la mañana buena parte de los árboles del camellón central. Los vecinos grabaron, tomaron fotografías, hablaron con los supuestos encargados pero no se evitó el derribo.

Nunca he sido partidaria de cerrar las calles para protestar, pero esta vez lo justifico y me sumo. Después de meses de supestas mesas de trabajo para conocer el proyecto, de solicitar tanto al Jefe de Gobierno como al Delegado que escuchara a los vecinos que están en contra de la obra, es natural que la gente se harte y tome las calles para llamar la atención de lo que sucedió y lo que va a pasar una vez comience la obra.

Por si fuera poco, llegaron cerca de 80 granaderos para encapsular la protesta y evitar que los vecinos fueran vistos por los automovilistas y peatones. Hubo empujones y gritos, pero también apoyo de algunos paseantes a quienes les explicábamos por qué protestábamos.

Los ciudadanos nos sentimos completamente indefensos y desoídos, y mis logros en materia de activismo nunca han dependido enteramente del gobierno, sino de la transformación individual. Sin embargo, es lamentable que quienes deben dar la cara no lo hagan y que su única vía de diálogo sea enviar a los granaderos para “mantener el orden”.

Caminar por un camellón que ayer era sombreado y verlo devastado e invadido por máquinas, escuchar las casi súplicas de “¡no al ecocidio!”, ser empujada por hombres con escudo y macana, recibir los insultos de automovilistas furiosos, son actos violentos física y psicológica para quienes simplemente queremos tener una vida de calidad y armónica con la naturaleza. Una autoridad ciega y sorda está generando ciudadanos enojados y violentos ante la impotencia y al frustración de no poder hacer mucho a pesar de estar organizados.

Pareciera que el homo sapiens no pudiera convivir con otros seres vivos. Nuestra relación con ellos es de dominio o devastación sin tomar en cuenta que al hacerlo sólo logramos destruirnos a nosotros mismos.

Mientras caminaba bajo el rayo del sol que hace unos días se dispersaba entre las ramas de los árboles, trataba de consolarme pensando en la filosofía budista de la no dualidad. Si en realidad nada de lo que vemos existe y todos somos uno y el mismo ser, la energía de esos árboles sólo se transformó en algo que nuestros ojos físicos no pueden ver. Aún así extraño su presencia y a los pájaros que ahí cantaban.

Hay demasiada violencia en nuestro entorno y ésta sólo puede ser combatida con acciones positivas y proactivas. Por cada árbol talado, animal maltratado, por cada víctima de una injusticia, hagamos un acto solidario, compasivo y amoroso. Seamos jedis para evitar que el imperio de la oscuridad reine en nuestra ciudad y en nuestros corazones.

El mío aún está triste por la tala, pero siempre luchará por mantener la belleza en este mundo.

*el título está inspirado en un cartel utilizado en la protesta

Dra. Leonora Esquivel Frías

www.leonoraesquivel.com

@leonoraesquivel

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