El escritor, cronista y periodista Armando Ramírez Rodríguez, autor de Chin Chin el teporocho y Noche de Califas, entre otras, murió este miércoles a los 67 a años de edad, confirmaron familiares del autor.

Noche de Califas, por cierto, representa un homenaje a los salones de baile de la capital, y muy particularmente al California Dancing Club, el legendario centro ubicado en la colonia San Simón (Portales)  de la demarcación juarense. La novela fue llevada al cine, en un filem dirigido por José Luis García Agraz y en el que participaron los actores Héctor Suárez y Sasha Montenegro.

Así lo describió Ramírez: En la oscuridad, como una piedra angular el rectángulo lleno de luz es alumbrado al escucharse los primeros compases de aquello que suena así: Tan tantaran tan. Escancioso sonido salido de aquella trompeta de la orquesta del salón de baile. Poco a poco los grupitos y las áreas de vida se van iluminando esta, esta, esta noche de la amistad y del amor, porque si algo se venera y se traiciona con pasión en este submundo es la amistad y el amor. Las parejas en una copulación interminable se lanzan a la azarosa descripción de la lubricidad, día de los novios.

 

El escritor Armando Ramírez. Foto: Cuartoscuro

 

“Nuestro padre acaba de fallecer… Queremos recordarlo como lo que fue… Un enamorado de la vida, su ciudad y sus barrios… Pero sobre todo, del papá más chingón, amoroso, comprensivo…”, informó la familia del autor en un mensaje que difundió en Facebook.

Sin precisar los motivos de su muerte, los hijos de uno de los fundadores del célebre proyecto Tepito Arte Acá señalaron que “no hablaremos de como falleció, si no de cómo fue un guerrero de vida”, además de que aseguraron que “él se ha ido, pero siempre rodeado de sus hijos…”.

Expusieron que posteriormente darán a conocer el lugar donde se realizará el funeral del cronista, quien se caracterizó por reflejar la idiosincrasia y la cultura popular de los habitantes de los barrios de la Ciudad de México.

Quedan sus relatos:

Los letreros anunciándolo se pegan en las paredes del salón, y por si fuera poco hay una manta detrás del escenario, de ese escenario que tú has visto muchas veces y que quisieras describir con la vivacidad que él expelía, con la orquesta en turno, y el grandioso locutor con su poder de seducción, con su capacidad de entusiasmarte a pesar de los mil dolores que aquejaran tu existencia..

Y la música con los globos multicolores flotando cerca de las cabezas, y los bailarines increíbles de todos colores y sabores y los gordos benditos moviéndose como por un milagro de Dios con sapiencia y sabor, rebota su gordura contra las demás parejas abriéndose cancha, y las mujeres manoseadas en interminables hileras de manos dejando las huellas de sus dedos en las nalgas cadenciosas, y por supuesto, la pareja estrella y estrambótica, a la que le hacen ruedita nada más para que vean cómo se baila esto del danzón, la magia y la leyenda con el ladrillo y los sexos juntándose hasta lograr la copulación perfecta con la música, y los meseros, esbirros de la noche, con sus filipinas blancas y tiesas y sus manos haciendo equilibrios con las bandejas llenas de refrescos y cervezas y los vasos de vidrio (…)

 

(Con información de Notimex)

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francisco

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