La máxima autoridad cultural del país sentencia que el espacio, recién restaurado, fue descuidado en el pasado por falta de coordinación entre las diferentes instancias de gobierno. Establece que en adelante deberá ser conservado conforme a todas las leyes y reglamentos que lo protegen y blindar su entorno con una reforma al Programa de Delegacional de Desarrollo Urbano en Benito Juárez.

Staff / Libre en el Sur
El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) ha determinado que llegó la hora de hacer valer la protección de la Plaza Valentín Gómez Farías, en la colonia San Juan Mixcoac, donde se permitieron abusos por la implementación independiente de la ley y la falta de coordinación entre las diferentes autoridades involucradas. En un amplio estudio encargado a Juana Gómez Badillo, de la Asesoría en Protección del Patrimonio Cultural Inmueble, se critica en efecto la permisividad que hubo con respecto al ambulantaje, la contaminación visual y la construcción en las cercanías de edificios de más de tres niveles, lo que atenta contra su estatus de “monumento histórico” determinado en “una amplia normatividad jurídica federal y local que protege sus valores históricos”.
En ese sentido, Conaculta sentencia: “El Programa Delegacional de Desarrollo Urbano de la Delegación Benito Juárez deberá ser modificado para establecer que en los inmuebles colindantes a la plaza, a). no se modifique el uso habitacional, b). se permitan de dos a tres niveles (y no de tres a cuatro), c). se conserve la denisdad baja (no media) y d). se conserve de 20 a 25 por ciento de área libre para ser utilizada con vegetación y árboles de fuste alto”. Determina además que “toda intervención arquitectónica, visual, ambiental e incluso de mantenimiento deberán seguir las reglas técnicas aceptadas para la conservación y restauración que dicte el Instituto Nacional de Antropología e Historia”.
La máxima autoridad cultural del país argumenta: La plaza “cuenta con elementos de claro reconocimiento histórico. Desde mediados del siglo XIX existen evidencias documentales de su trazo y existencia, aunque constan datos que dan cuenta de una mayor antiguedad. Entre estos elementos están: la traza de la misma plaza, los monumentos históricos que la circundan , su templo de San Juan que guarda la memoria histórica de esa zona de la ciudad, considerando además el valor de los personajes que habitaron esos bienes inmuebles como Valentín Gómez Farías, Ireneo Paz y Octavio Paz”.
Estima que la problemática en general de las zonas patrimoniales de la delegación Benito Juárez refiere una imagen urbana arqueológica, tradicional y cultural sujeta a presiones de cambio de uso de suelo por sus características de alta accesibilidad de las vialidades que las delimitan. En el caso particular de la Plaza Gómez Farías, asienta, existen descuidos como que el cableado es aéreo y desordenado, por lo que hay que ponerlo subterráneo, además de que en su cuadrante suroeste se encuentra contaminada visualmente. “Es aplicable supletoriamente el Reglamento para toldos y anuncios del Centro Histórico de la Ciudad de México”, dictamina. Y alerta sobre lo preocupante que resulta un eventual retorno del ambulantaje industrial al lugar, “con uso de toldos, tanques de gas y mucha grasa para cocinar , lo que deja graves marcas en el pavimento y en el entorno visual y olfativo”, además del peligro que representan las conexiones eléctricas.
“Octavio Paz describe un Mixcoac con sombra de fresnos en doble fila en el camino de San Pedro a Mixcoac; describe el olor de flores, zaguanes, tapias altas…”, se recuerda en las conclusiones de la investigación encargada por Conaculta. “En ese sentido, se recomienda realizar un estudio sobre la imagen urbana de Mixcoac y sus caminos con el objeto de diseñar e instrumentar un Programa Parcial de Desarrollo Urbano en donde Mixcoac recupere un poco de la imagen perdida”.
Tendría su origen en 1675
En la investigación encargada por Conaculta se indaga en los orígenes de la Plaza Valentín Gómez Farías:
“Es plaza de barrio situada frente a la capilla que según la tradición fue construída en 1675, en terrenos habitados por indígenas. Circulan dos versiones con respecto al origen del emplazamiento de la capilla. Ambas coinciden en que surgió a raíz de una epidemia de tifo: En la primera versión, las casas que estuvieron en ese predio fueron desalojadas e incendiadas; en la segunda, la causa fue el milagro que vivió en una joven pareja que habitaba en ese predio cuando estando él moribundo por el tifo, sanó mientras la esposa iba a buscar al médico. Así fueron recogidas las historias:
Pero como la epidemia siguiera azotando a la población, sacaron de ella a los que quedaron vivos y prendieron fuego a los jacales. Cuando el incendio terminó, sólo quedaban en pie un muro, en el que se encontraba un cuadrito con la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe.
…Él enfermó gravemente de tifo y la esposa justamente alarmada le dijo “voy a buscar al médico y a traerte medicina; mientras, te dejo encargado con nuestra Madre”, señalando un cuadrito de Nuestra Señora de Guadalupe que colgaba de una pared.
“Nosotros pensamos que en ese predio ya existía una capilla de barrio en 1675 y que para conjurar el peligro de la epidemia de tifo decidieron construir el Santuario”, concluye la investigadora Juana Gómez Badillo.

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