Cercanas en la geografía de la capital, las colonias norteñas de BJ, y la Roma Sur, en Cuauhtémoc, tienen grandes similitudes por su historia y su fisonomía. La película Roma nos pertenece por igual.

TEXTO: FRANCISCO ORTIZ PINCHETTI. FOTOS: FRANCISCO ORTIZ PARDO

La película de Alfonso Cuarón que el domingo 24 de febrero próximo llegará a la ceremonia de entrega de los Premios Óscar 2019  con diez nominaciones, es mucho más cercana a los juarenses de lo que muchos imaginan. Y es que la vecindad entre la colonia Roma Sur, en la que vivió su infancia el hoy afamado cineasta, con los barrios más norteños de nuestra demarcación, la hermanan inevitablemente.  Amén de esa cercanía geográfica, la historia y la  fisonomía de las colonias Del Valle Norte y Piedad Narvarte, colindantes con el viejo río la Piedad –entubado en 1950 y convertido en el Viaducto Miguel Alemán– , son en mucho coincidentes con aquella en que se desarrolla básicamente la historia en blanco y negro de Roma, la multi premiada cinta.

Fachada de la casa de la película. Tepeji 22, su domicilio real.

 

En lo personal, esa identificación  es muy marcada por una razón muy sencilla: Ocurre que Cuarón y yo fuimos vecinos. Ambos vivimos en la misma colonia, la Roma Sur, a sólo cinco cuadras de distancia: él, en Tepeji 21 casi esquina con Monterrey; yo en Taxco 37, casi esquina con Tepic. Ambas casas existen. Hay que aclarar que la Roma de Cuarón y la mía no es la colonia de las grandes casonas porfirianas, la casa Lamm o el Edificio Balmori, El Parián, la Casa de las Brujas y los bulevares de aliento parisino, como la avenida Jalisco (hoy Álvaro Obregón). Tampoco la de las grandes plazas como la Río de Janeiro y los monumentos portentosos, entre los que destaca el templo  jesuita de la Sagrada Familia, en Puebla y Orizaba. Esa es la vieja y aristócrata Roma Norte.

Para que me entiendan: la Roma de Roma es otra Roma.

La casa verdadera donde vivió Cuarón de niño, Tepeji 21.

Nuestra  Roma es mucho más modesta y desabrida, y por supuesto menos pretenciosa. Aunque no menos entrañable. Es además más reciente que su hermana mayor.  A diferencia de ésta, no tiene parques ni lugares emblemáticos. Se limita al Norte por la calle de Coahuila, al Poniente por Insurgentes Sur, al Sur por el Viaducto Río la Piedad y al Oriente por la calle de Jalapa y la avenida Cuauhtémoc. Sus calles son muy similares a los de las colonias juarenses colindantes, cuya fundación fue más o menos simultánea. De hecho, varias de sus arterias principales lo son también del otro lado del Viaducto, como Monterrey con Gabriel Mancera y Medellín con Amores.

Sin duda un lugar icónico de la Roma Sur, fue en su tiempo el cine Las Américas, ubicado en Insurgentes Sur y Baja California, aunque ya del lado de la colonia Hipódromo. Quedaba a tres cuadras de mi casa. Esta sala, reproducida magistralmente en un set prodigioso, tiene un papel preponderante en la cinta de Cuarón. Sobre esa misma acera están todavía la panificadora La Espiga y el Sanborns de Aguascalientes, y en frente, la farmacia San Pablo y un poco más al norte la tienda  Woolworth, en la esquina con Coahuila.

En la película de las 10 nominaciones al Oscar aparece el Kínder Condesa, que todavía existe. Está a la vuelta de la casa en que vivía, en Tlaxcala 105. Es adonde Cleo lleva a Pepe (el hermano menor de Paco, que es Alfonso Cuarón). Ahí hizo su preescolar mi queridísima hermana menor, Yolanda. El que no aparece, ni existe ya, es el Club Condesa, que estaba a un lado, en el 103 de la misma calle. Fue el primer club de natación femenil en la ciudad de México, fundado en 1940. Ahí aprendió a nadar la chiquita de nuestra familia. Ahora funciona en ese lugar un centro cultural, El Ahuahuete.

El kinder.

 

Lo que fue el Club Condesa, hoy una galería.

 

Hay en la colonia una escuela pública de gran prestigio, la primaria “Benito Juárez”, en la calle de Jalapa, ya en los linderos de la colonia. Fue construida por Carlos Obregón Santacilia y es quizá la obra arquitectónica más importante de la zona. No existe en cambio algún templo arquitectónicamente importante. La iglesia que tengo registrada, y a la que asistíamos cada domingo, es la parroquia de la Divina Providencia, en la calle de Quintana Roo, una construcción sin mayor gracia.

Yo estudié parte de la preparatoria en el colegio “Amado Nervo”, un plantel particular fundado por  el profesor Manuel Fletes Arriola en 1950, que todavía sigue ahí. Está en la calle Bajío, entre Manzanillo y Medellín, y es parte de mis vivencias más importantes.  Cerca, en la misma calle, está todavía  un supermercado de la pionera cadena Sumesa, del que mi padre era cliente asiduo.  Hay que aclarar que mis recuerdos sobre la Roma Sur datan de mediados de los años sesenta del siglo pasado, cuando ya era un adolescente, y los de Cuarón rescatados en la cinta son precisamente de los años 1970-1971, cuando él tenía 11 años. No obstante, las similitudes de ambas visiones son mayores que las diferencias. Finalmente pertenecimos a familias similares de clase media que vivíamos en un mismo ámbito citadino y que teníamos trabajadoras domésticas a nuestro servicio. Y también, curiosamente, solíamos vacacionar con frecuencia en Tuxpan…

Un viejo tendajón con arreglos modernos.

Por supuesto que los sonidos de la colonia que la película rescata me cimbran: el afilador, el organillero, el vendedor de camotes. También recuerdo los gritos de otros pregoneros. Como los campesinos que arriaban una parvada de aves acuáticas traídas de la zona lacustre de Texcoco: “¡Chichicuilotitos vivooos!”, gritaban por nuestras calles. O el infaltable ropavejero: “¡Ropa usada que veeendan!”…

Tlapalería de los años treinta.

En la película  hay algunas ausencias que lamento, palabra. Por ejemplo, no hay alusión alguna al mercado público de Medellín, el más importante centro de abasto de la colonia y famoso por la variedad de su oferta. Desde entonces eran célebres sus puestos de ingredientes para las comidas yucateca y oaxaqueña, que aún se conservan. Ahí se consiguen además los implementos para gastronomía centro y sudamericana, así como frutas y verduras de notable calidad.

Me hubiera encantado también encontrar en Roma al emblemático Santaclós del Sears, en su escaparate de Insurgentes Sur y San Luis Potosí, que desde 1955 y hasta hace pocos años era con sus risotadas parte sustantiva de la Navidad  para los niños de la capital. Estrictamente, esa tienda está fuera de los límites de la Roma Sur (apenas una cuadra al norte), pero era sin duda parte de nuestro entorno infantil. También lo era, muy cerca de ahí, la juguetería ARA. Y desde luego el cine Gloria, de la calle Campeche. Estaba a sólo dos cuadras de mi casa y era obligada la función de los sábados por la tarde, a cuatro pesos la entrada, con “permanencia voluntaria”. Un programa doble clásico era: King Kong y Gunga Din. Recuerdo que ahí vendían los mejores gaznates que he probado en mi vida. Es nuestra ciudad.

 

Mercado de Medellín.

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