Sirvan estas breves líneas para rendirle un sencillo homenaje a un gran foto reportero de los tiempos modernos. Dante Bucio, quien naciera en 1960 y partiera el pasado 13 de febrero, en plena edad productiva. Lo recuerdo muy bien, pues compartí con él muchas y diversas coberturas especiales, durante nuestra estancia en la revista Época, que presidiera  el periodista Abraham Zabludovsky, a finales de los 90s del siglo pasado.

Dante Bucio con su cámara. Foto: Cuartoscuro.

 

Dice de él Luis Jorge Gallegos, otro joven y talentoso artista de la lente: “fotógrafo de gran trayectoria profesional en los medios impresos: fue un orgulloso por pertenecer a la casa del viejo Excélsior, dónde empezó desde muy joven, fundador de la Revista Época de Abraham Zabludovsky. Impartió clases en la Escuela Carlos Septién, coordinó el departamento de fotografía en la Cámara de Diputados. Era un fotógrafo zagas, oportuno, con habilidad para estar en el momento de los hechos. Perteneció a la vieja escuela de periodistas, quienes vivían para el periodismo de tiempo completo”.

Agregaría yo  que era solidario y muy valiente. Lo recuerdo compartiendo conmigo coberturas especiales para la citada revista –de corta pero brillante vida, 1991-2000 —, tanto en los Altos de Chiapas, durante el levantamiento del Ejercito Zapatista y las batallas en Ocosingo y Rancho Grande; en Venezuela, durante los intentos de golpe de Estado de Hugo Chávez contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez; en El Salvador, durante los últimos días de guerra en aquella nación, en zonas ocupadas por el Frente Farabundo de Liberación Nacional (FFLN) y aguantando candela; en Nicaragua, en días de inestabilidad política y movimientos telúricos.

Y en muchas aventuras periodísticas más, siempre arriesgando el pellejo en busca de la mejor toma, el mejor ángulo, aunque de por medio viniese una bala de fuego amigo o enemigo. Diversas portadas del semanario Época fueron suyas  lo largo de un lustro.

Portadas como las que ilustraron los combates en los altos de Chiapas o aquellas que mostraban  decenas de cuerpos de indígenas zapatistas, acribillados por el Ejército, en supuestos combates en Ocosingo; las de la matanza de campesinos y la tragedia de sus viudas y huérfanos, en Aguas Blancas, Guerrero; la devastación de una zona pesquera en la costa Atlántica de Nicaragua, castigada por fuertes marejadas y oleaje. Con mayor nitidez me vienen a la memoria los días de combates y aguante en Guazapa, bastión de la guerrilla salvadoreña, muy próxima a la capital y dónde aguantamos candela durante una semana, antes de que los insurgentes arribaran a la capital San Salvador y pusieran en jaque al Ejército regular.

Otros momentos imborrables con Dante fueron los viajes a Venezuela, primero para ver el inicio de la caída de Carlos Andrés Pérez y los famosos caracazos, donde fuimos roseados con agua picante y gases lacrimógenos. O bien para atestiguar las dos asonadas militares perpetradas por Chávez para derrocar al mismo Carlos Andrés. Combates en el capital venezolana, tanto por tierra como por aire nos tocó vivir como enviados especiales del semanario. Siempre audaz, mi querido parner, buscó los mejores ángulos para ilustrar momentos irrepetibles en el devenir histórico de nuestra América Latina.

Por todo eso y más te despido con enorme tristeza a la espera de nuestras próximas coberturas.

El último adiós se lo dimos, a lo largo del pasado 13 de febrero, diversos amigos reunidos en la capilla fúnebre. En torno a la familia, nos reunimos fotógrafos de diversas generaciones, reporteros de algunos medios, funcionarios de la comunicación social de distintas dependencias, así como veteranos periodistas en retiro, quienes tuvimos la oportunidad de convivir con Dante.

Descansa en paz.

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