Ciudad de México, octubre 24, 2020 00:47
Libre en el Sur

Una mirada distinta y necesaria hacia lo urbano

Por Martha Laura Peña Ordoñez*

En la actualidad todos vivimos en una constante búsqueda de pertenencia, de encontrarnos con nosotros mismos, de hacer que nuestra voz sea escuchada, que nuestras necesidades sean satisfechas, que nuestra ciudad sea la representación física de nuestro imaginario ideal. Construir las ciudades desde su gente es el camino más efectivo para lograr esa congruencia entre lo que una sociedad determinada necesita y lo que se construye para ella.

Para lograr esto, es necesario entender y hacer conciencia de que vivir en un territorio urbano conlleva una serie de cosas positivas, como accesibilidad, servicios completos, oferta de empleo, diversión, etc. Sin embargo, como todo en esta vida, existe un lado “negativo” que muchas veces nos resistimos a ver, como: tráfico, hacinamiento, falta de identidad, estrés, etc. Es por ello que es de suma importancia hacer una conciencia urbana, ¿qué quiero decir con esto?, me refiero a concientizarnos que en el territorio urbano como en muchas áreas de la vida, “para obtener algo hay que sacrificar algo”. Con esto no digo que no existan mecanismos para suavizar la parte naturalmente “negativa” que conlleva vivir en un territorio urbano, al contrario, espero que al finalizar este texto podamos conocer algunos de ellos y llevarlos a cabo.

Uno de los principios fundamentales para lograr suavizar el efecto “negativo” que antes mencioné, es empezar a ver lo urbano de manera distinta, ver la ciudad con otros ojos. Sí criticar lo que está mal o es ineficiente, documentándolo de manera adecuada para resaltar aquello que no nos permite vivir de manera digna; también declarar lo que hace falta, pero sobre todo proponer alternativas de solución viables para que aquello que nos molesta pueda ser trasformado en beneficio de todos. No hay mejores ojos para ver la ciudad y criticarla como aquellos que la viven día con día. Sin embargo se necesita dar un paso más, se necesita llegar más allá de esa crítica y convertirla en propuesta. Es desde y para la sociedad que las ciudades deben construirse.

Te preguntarás, pero ¿quién debe hacerlo? Debemos hacerlo TODOS, sí, todos los que habitamos las ciudades. Hablo de los ciudadanos urbanos organizados e informados, asesorados por profesionales y especialistas en la construcción de ciudades y estos a su vez como punto de conexión con los tomadores de decisiones que crean y estén comprometidos con un proyecto de ciudad que se crea, construye y trasforma desde su gente.

Si como sociedad, como profesionales de lo urbano, como tomadores de decisiones no se tiene la capacidad de ver, planear y construir una ciudad desde el respeto, la corresponsabilidad y el desarrollo social, las ciudades seguirán siendo como hasta hoy una serie de espacios que caducan, espacios que se olvidan y que afectan el buen vivir de la sociedad urbana que los habitan, en vez de exaltarla.

En cambio, si empezamos a trabajar en tres reglas muy bien definidas, se puede empezar a pensar en una planeación urbana participativa que responda ante todo a las necesidades de una sociedad determinada dentro de un territorio urbano:

1. Una planeación que tienda a la descentralización, que busque acuerdos y diálogo continuo;

2. Una planeación que busque el conocimiento especializado para transformarlo en estrategia viable;

3. Una planeación incluyente, integral, que busque ante todo el bien común y el desarrollo de su comunidad.

La estrategia de acción de las administraciones actuales debe ser modificada ya que hasta el momento lo que ha logrado es dividir la ciudad y sus problemáticas, “disuelven problemas pero no los resuelven”. No podemos olvidar que la conservación del entorno urbano está directamente relacionada con la apropiación de los usuarios sobre lo que los rodea, el grado de información que se les proporciona tanto para su correcto uso como para su creación, así como la integración de la comunidad con lo construido.

Es la población de cada ciudad, y su participación informada, organizada y enfocada a un bien común, lo que puede marcar la verdadera diferencia entre hacer ciudad y simplemente extenderse dentro de un territorio determinado.



* Maestra en Arquitectura

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