Ciudad de México, octubre 25, 2020 17:20
Opinión Rodrigo Cordera Thacker

¿Y la policía?

RODRIGO CORDERA THACKER

Me da vergüenza empezar este texto aludiendo a lo que todos sabemos: el sistema policiaco en México es totalmente ineficiente, inoperante y actúa en contra de los ciudadanos.

Ahora,  me parece importante aclarar que en un país de desigualdades como el nuestro el trato de la autoridad es así: desigual. No es lo mismo atrapar a un mirrey bebiendo en la calle o en su coche que a un joven pobre; al primero se le extorsiona, al segundo se le levanta un rato, se le da una buena madriza y si la saña no llega a mayores, lo dejan libre.

No quiero hablar del racismo practicado por las clases dominantes contra los policías, pero bien que es un problema que refleja lo podrido de nuestra sociedad, pero hoy no toca hablar de las ladis y los lords.  Hoy toca hablar de la policía.

Foto: Cuartoscuro.

 

Los rumores callejeros tendrán algo de cierto. Que la mordida es una orden directa del de arriba, que tienen que pagar sus propias balas, que ganan muy mal (sí es cierto eso) que el sistema está corrupto (también es cierto esto), que no están preparados, que no están en condiciones, en fin.

Los datos que arroja Transparencia Internacional son de espanto: 6 de cada 10 mexicanos piensan  que los policías y los representantes populares son los más corruptos. 5 de cada 10 mexicanos han pagado un soborno o mordida a algún elemento de la fuerza pública. 1 de cada 10 mexicanos denuncian ya que la mayoría no confía ni en los jueces ni en que se vaya a conseguir justicia.

Los rumores y los datos nos enseñan que la relación entre ciudadanía y policía está rota, y es indispensable regenerar esa relación para tener un mínimo de armonía y paz.

El texto del Maestro Ernesto López Portillo Vargas “La policía en México: función política y reforma” nos demuestra lo mal que estamos en seguridad. Nos advierte que esto viene desde la fundación de nuestra república, que la policía y el poder político tienen un pacto no escrito sustentado en la lealtad política a cambio de impunidad. Nos enseña que se han hecho cambios cosméticos en la ley, pero sin reorganizar a los cuerpos de seguridad y viceversa. Es decir; nadie le quiere entrar al tema de lleno, porque el sistema depende de este pacto.

El pacto político-policiaco actúa bajo estos ejes: Lealtad, complicidad, impunidad y autonomía, y el régimen moribundo que hemos padecido no logró transformar a la institución policial en una eficaz y  que defienda al ciudadano del poder mismo.

Mentes brillantes existen que podrían reorganizar y dar cauce a un nuevo sistema policiaco, pero el problema es la complicidad entre el poder político y la policía. Es una relación enferma y no es posible reformar a uno sin reformar al otro.

Generar una policía que sirva a los ciudadanos va en contra de los valores generados por el régimen antiguo, que son la corrupción y la impunidad.  Por eso es tan importante aprovechar estos meses de anhelo y esperanza, para dar una trastocada final a un régimen que no supo re inventarse.

Un ejemplo más de que el cambio no está en uno mismo.

 

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