Ciudad de México, diciembre 2, 2020 09:38
Mariana Leñero Opinión

Creo que es por ahí

Los “creo que es por ahí” son las perillas de las puertas de la vida que uno no está completamente seguro que hay que abrir.  Uno agrega el “creo” para suavizar el miedo que produce lo incierto.

POR MARIANA LEÑERO

El hiking que se traduce como montañismo en español, o al menos eso creo, se ha convertido en una de las actividades del fin de semana que espero con ansia practicar. Si bien me proveen de ese aire liberador que todo neurótico necesita, a la vez alimenta mi ser competitivo y activo que disfruta pensando en cómo mejorar tiempos y ampliar distancias.   

Desde marzo, los sábados son días de hike. Días que son cancelados pocas veces y que practico de 5:30 am a 12:00 pm.. 

Tuve la suerte de encontrarme con un amigo que le gusta tanto como a mí. Juntos hemos logrado aumentar considerablemente distancias y tiempos. Esto me ha llenado de orgullo y gran satisfacción.

Ayer mi hike se convirtió en trekking. Trekking es un tipo de montañismo que implica un esfuerzo físico mayor. Las rutas no existen como tal y los que las caminan las crean o las encuentran.  En otras palabras,  te pones a tararear a Serrat: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”.  Y eso fue lo que sucedió ayer.

Llegamos a las montañas de San Gabriel, CA. Había que estacionarse a lo largo de la carretera  donde jóvenes ciclistas y corredores de montaña cargaban picos, palas y cajones de madera para construir nuevos caminos. Habían obtenido un permiso para que esas montañas se abrieran al público. Nos dijeron que había partes aún muy vírgenes pero que eran “caminables”. 

Con camisetita en cuerpo y un pinchurriento rompevientos que llevo, por no dejar, nos lanzamos a la aventura.

Definitivamente el camino era bastante virgen.  Después de una hora de subir y subir,  entre paso y paso, respiro y respiro, nos encontramos en una encrucijada. Derecha, izquierda o hacia abajo…  

-Creo que es por ahí. Me adelanté a decir señalando el camino de la izquierda.

Zas, que metidón de pata… Hoy con callos en los pies y huesos aún titiritando de frío,  puedo decir que me equivoqué.   Esos muchachitos con pala y pico en mano definitivamente no habían pasado por el camino que elegimos.  Caminos vírgenes, vírgenes; bellos, bellos; difíciles, difíciles, largos, largos…  

Al dar el primer paso hacia el camino “creo que es por ahí” éste se achicó y las montañas se desdoblaron en color nostálgico y silencio abismal. Me cubrió ese sudor picosito de miedo…  Durante ocho horas súbele que súbele y bájele que bájele transitando por diferentes estaciones: frío, calor, lluvia, nieve, aire.  Qué responsabilidad  esa de equivocarse.

 Así como las decisiones en la vida, pensé. Cuántas veces había elegido el camino del “creo que es por aquí” y cuántas veces me habría gustado rectificar. Comentarios inoportunos, gritos injustos, peleas desmedidas, metidas de pata.   Cuántos huesos rotos, sueños terminados, errores garrafales.  Pero también cuántos aciertos descubiertos, cuántos caminos construidos.

Los “creo que es por ahí” son las perillas de las puertas de la vida que uno no está completamente seguro que hay que abrir.  Uno agrega el “creo” para suavizar el miedo que produce lo incierto.  No sabes si lo que te espera te deslumbrará, aterrará o simplemente te invitará a  lanzarte a caminar.  

La vida está acompañada de tantos “creo que es por ahí” que hay que aprender a vivir con la incertidumbre.  Aprender a amortiguar su impacto cuando te equivocas desvaneciendo culpas y asumiendo  responsabilidades.    Habrá momentos que tendremos la certeza de quitar los “creo” y afirmar: “es por ahí”. Otras veces habrá que continuar por el  sendero equivocado con la misma serenidad de cuando  se caminó por el correcto. No vaya ser que uno descubra que ese,  el no deseado,  es el que nos coloca en un lugar donde se puede ver una vida que lo único que provoca es quererla vivir.

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