Ciudad de México, marzo 23, 2026 14:43
Dar la Vuelta Opinión Patricia Vega

DAR LA VUELTA / Simulacros y alertas sísmicas

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores.

“Nunca me cansaré de insistir en este tema que considero de vital importancia en el aquí y en el ahora”.

POR PATRICIA VEGA

De manera constate se nos olvida que la Gran Ciudad de México, la antigua Tenochtitlan, fue fundada y construida en una zona lacustre sobre suelos arcillosos que amplifican y aceleran la velocidad de las ondas sísmicas de los temblores que particularmente tienen su epicentro en la llamada Placa de Cocos, en el cinturón volcánico del Pacífico. Eso sin contar con las diversas fallas geológicas que atraviesan la ciudad y la hace más vulnerable a los sismos de cierta intensidad.

Así me lo explicó alguna vez el admirado ingeniero Heberto Castillo –maestro y acompañante de los exlíderes más sobresalientes del movimiento estudiantil de 1968, así como militante y político de izquierda– en los días posteriores a los sismos de 1985 ocurridos en la Ciudad de México, y cuya trágica memoria continúa viva y a flor de piel en la mayoría de quienes sobrevivimos a ese desastre.

Hace 41 años –se cumplen en septiembre—la CDMX estaba en pañales en materia de protección civil y prevención de desastres. Ahora existen protocolos que, si bien no pueden prevenir con la exactitud de una bola de cristal la ocurrencia de un sismo, sí ofrecen algunos minutos y segundos que pueden significar la gran diferencia entre la vida y la muerte.

Yo, en mi calidad de sobreviviente de los sismos del 85 –al menos en el terreno psicológico y emocional—he sido testigo del lento progreso (pero progreso, al fin) del establecimiento y arraigo de cultura de prevención de desastres, cuyos principales frutos son los simulacros y las alertas sísmicas entre otros protocolos.

Nunca me cansaré de insistir en este tema que considero de vital importancia en el aquí y en el ahora. Apenas el pasado 18 de febrero tuvo lugar el primer simulacro de sismo en toda la CDMX del 2026. Y volví a participar junto con muchos de mis vecinos de las calles de Amores y Tlacoquemécatl en la colonia Del Valle.

No niego que algunos vecinos –los menos—participaron de manera rutinaria y como si hubiesen sido arrastrados a fuerza. Aburridos por lo repetitivo del ejercicio en cuanto a saber qué pasos tomar de inmediato, recorrer las rutas de escape y detenerse en los puntos considerados como los más seguros entre los edificios y calles que nos rodean.

El protocolo que más críticas ha recibido es la alerta sísmica que se emite a través de bocinas ubicadas en distintas esquinas de la ciudad sobre todo porque su sonido resulta chirriante, irritante, molesto, provocador de ataques cardiacos, señalan algunos ciudadanos. Sin embargo, ahí radica el quid del asunto: un sonido que logre ponernos en vigila y estado de alerta si es que estamos dormidos o concentrados en las distintas actividades cotidianas. Un sonido que nos saque de golpe de lo que estemos haciendo, no una canción de cuna que nos arrulle. Me atrevería a decir que es necesario un sonido que nos saque de quicio.

El otro punto que quiero resaltar es el hartazgo o aburrimiento de los ciudadanos ante los simulacros sísmicos cuya repetición consideran innecesaria. Ahí está otro punto nodal: la repetición como vía de aprendizaje de conductas prácticas que atenúen los efectos de un sismo real; la meta es que cuando ese percance suceda actuemos de manera automática para tratar de ponernos a salvo.

Estas líneas son para invitarles a participar activamente en el primer simulacro de sismo a nivel nacional tendrá lugar tendrá lugar el próximo miércoles 6 de mayo –el del pasado 18 de febrero fue a nivel local: en la ciudad y en el estado de México—y coincidirá con la conmemoración del 40 aniversario del Sistema Nacional de Protección Civil, creado tras el sismo de 1985.

No desaprovechemos la oportunidad de profundizar en una cultura de la prevención de desastres con protocolos que llevemos tatuados en cuerpo y mente. En la CDMX somos particularmente vulnerables a los sismos; en otros lugares del país se tendrá que aprender a saber qué hacer en caso de los huracanes, inundaciones o sequías provocadas por otros fenómenos meteorológicos que afectan al país en las diversas temporadas anuales.

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