Ciudad de México, junio 13, 2021 08:45
Libre en el Sur

Acuerdo para la Cobertura: ¿Y los reporteros?

La semana pasada vimos la pomposa ceremonia donde se firmó el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia, documento signado –dicen los organizadores— por más de 700 dueños y directivos de medios de comunicación. Varias son las dudas al respecto de parte de la ciudadanía y de quienes hacen posible que haya noticias, reportajes y crónicas periodísticas, me refiero a la gente de a pie, a los que están en las trincheras: reporteros, fotógrafos y camarógrafos. Como que todos los presentes se olvidaron de las infanterías y se preocuparon por las cúpulas, es decir por los dueños-empresarios y sus intereses cercanos a los poderes formales.
El acto tuvo todo el glamour posible, pues se realizó en el simbólico Museo de Antropología y ante la presencia de personajes destacados de la vida nacional. El motivo, loable y plausible, es que se garantice la libertad de expresión en un entorno de criminalidad y violencia, en el que está inmerso el país. Nada se dijo de las garantías y seguridades para los compañeros reporteros. Nada se dijo de sus salarios, de su garantía a un empleo seguro y bien remunerado, nada se dijo de sus prestaciones o seguros médicos de gastos mayores, o incluso, de su seguro de vida. Nada tampoco se dijo del peor enemigo para un trabajador de los medios: el desempleo y la pérdida del medio y de un espacio para expresarse, aunque se habló de libertad de expresión.
Ahí se enfatizó que el país es uno de los más riesgosos para ejercer el periodismo y la libertad de prensa por la presión de la delincuencia organizada, pero no se especificó cómo cuidar a los reporteros y camarógrafos, y llegado el caso, a sus familias. Se habló del riesgo de los medios, pero no de las asechanzas a quienes ejercen el oficio en el diario acontecer. Muy vago queda el señalamiento referente a la protección de los periodistas en situaciones de riesgo. No da ninguna garantía, pues la solidaridad no cubre de las balas, ni protege del fuego cruzado, menos de las y torturas.
Diversos periodistas independientes se manifestaron al respecto a través de las redes sociales. Recojo algunas de sus inquietudes, que son mías:
El problema es que las y los periodistas no somos libres de publicar lo que queramos, siempre atendemos a una política del diario, la “línea editorial”, con la que podemos o no estar de acuerdo. Ahora fueron los que dirigen o tienen en sus manos esas líneas quienes firmaron este acuerdo. Vuelve a poner en la indefensión al gremio, dado que “los medios” no se harán responsables de lo que nos pudiese suceder si nuestras prácticas de denuncia las hacemos fuera del “medio”, es decir en redes sociales o blogs, por ejemplo. ¿Dónde nos cubren el trasero? (Yoloxóchitl Casas).
De modo que personas que no son reporteros dirán ahora si lo que los reporteros publicamos es “bueno” o es “malo”; si es o no es “apología del crimen”. Ah. “ta’bueno”. Obra del cuestionado “periodismo ciudadano”. Eres funcionario público: renuncias, se acaba tu periodo, o te corren – caramba -, apareces de “periodista” en cualquier “medio” de estos que padecemos. (Francisco Gómez Maza).
Lo que no se han dado cuenta es que el pacto es para cubrir la violencia, nada más, es decir que todo lo demás (la crisis financiera, la pobreza, la sobre explotación de recursos) no existe. Como dice el filósofo del metro: el periodismo en México se perdió cuando la sangre se comenzó a cotizar en dólares. (Roberto Fuentes Vivar).
Pues yo creo que habrá que estar pendientes a fin de que no se satanice a aquellos medios, y consecuentemente a sus reporteros que no se incluyeron en dicho pacto. (José Manuel Llarena).
¿Y qué papel desempeñan a partir de hoy los medios de comunicación que no se sumaron al pacto sobre la cobertura de la violencia? ¿Serán censurados en alguna o en toda la forma? (Luis Acevedo).
Al final de cuentas los dueños de estos medios que se alzan como defensores de la libertad de expresión, aparecen redentores de quienes somos infantería y eventualmente sufrimos el accidente profesional de dirigir algún medio, o despachar en alguna dirección o jefatura de las hoy llamas oficinas de comunicación social.
Desde hace rato, incluso cuando participé como consejero en la pomposamente llamada Comisión Especial de Seguimiento a Agresiones a Periodistas y Medios de Comunicación, hoy presidida por una diputada panista que llena nuestros correos con notificaciones de efemérides, insistí en la necesaria reforma laboral expresamente en los medios de comunicación, con garantías de seguridad social y protección de seguro de vida, que pocos, poquísimos medios aportan a sus colaboradores.
Empero, son esos mismos firmantes de desplegados y compromisos, los primeros en entrar en acuerdos con el gobierno y ponen en medio a los reporteros; son los mismos que niegan seguridad social a sus trabajadores y les pagan salarios miserables o los despiden en el momento que resultan incómodos. Vaya indefensión! Primero hay que buscar cómo nos protegemos de los dueños de los medios de comunicación, de la inmensa mayoría, y luego que nos den clases de ética y buenos modales, como el manual de Carreño ajustado a la infantería que no quiere manteles largos ni vehículos de lujo, simplemente seguridad en el empleo, no un chaleco antibalas; mejor salario, no la recomendación de que se cuide cuando vaya a cubrir asuntos difíciles; estabilidad y no que lo pendejeen cuando se la va la nota pitera, o porque le pegó al amigo del dueño del changarro. (Moisés Sánchez Limón)
Las opiniones al respecto son muchas pero versan en el mismo sentido. Me uno a mis compañeros y pregunto para terminar ¿cómo proteger a los medios independientes, hechos por periodistas y para la sociedad civil, como fueron en su momento el Excélsior de Julio Scherer, el Unomásuno de Manuel Becerra Acosta, de la furia de los poderes formales y ahora de uno más que se suma a los fácticos? ¿Cómo proteger a los compañeros periodistas de dueños- empresarios de medios y de directivos de los mismos ante la amenaza del desempleo si no se alinean? La sociedad civil solo pregunta si no es una especie de Ley mordaza o la alineación de los medios, como sucedía con el viejo régimen.

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