POR FRANCISCO ORTIZ PINCHETTI

El Parque de San Lorenzo, en la colonia Tlacoquemécatl del Valle, ha sido víctima de una serie de intervenciones indebidas por parte de una insensible autoridad delegacional de Benito Juárez –particularmente de la dirección general de Servicios Urbanos encabezada por  Jorge Ceballos Deveze—  que han adulterado criminalmente su fisonomía original.

Parque San Lorenzo. Canchas enjauladas.

 

Se trata de uno de los parque más hermosos de la demarcación por la variedad de su masa arbórea, que guarda un tesoro colonial en sus entrañas: la capilla de San Lorenzo Mártir, construida  por misioneros franciscanos en el siglo XVI, una de las primeras construcciones religiosas de la capital de la Nueva España.

El mencionado jardín tiene una superficie de 22 mil 761 metros cuadrados. Está ubicado entre las calles de San Lorenzo, Fresas, Magnolias y Manzanas de la citada colonia, a una cuadra de Insurgentes Sur, está catalogado como espacio público protegido por la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Urbanístico y Arquitectónico de la Ciudad de México.

Esto significa que no puede ser intervenido en modo alguno con obras o cambios que adulteren su naturaleza, salvo con la previa aprobación de expertos de Antropología y de Bellas Artes,  y de los vecinos en consulta.

Hace una década, con base en esa legislación, los vecinos del que fuera pueblo originario de San Lorenzo Xochimanca se opusieron a la perforación de un pozo de extracción de agua en una de las tres canchas deportivas del parque, lo cual alteraba su fisonomía y significaba un riesgo para las construcciones del entorno, al extraer el líquido del subsuelo.

Para colmo, se descubrió el engaño que pretendían cometer las autoridades del gobierno capitalino y de la delegación, pues manejaron el pretexto de que el pozo  serviría para mitigar la escasez de agua potable en esa y otras colonias vecinas, cuando en realidad era para conducirla a Iztapalapa, por razones electorales. Hubo marchas, bloqueos y un plantón permanente, hasta que las autoridades desistieron de su empeño y cambiaron la ubicación del proyecto.

Sistema de riego automático. Un engaño.

 

Sin embargo, pasado el tiempo y al igual que otros parques de la demarcación como el Hundido y el de Los Venados, San Lorenzo ha sido víctima de modificaciones atroces que han vulnerado sus características, de lo cual es directamente responsable Ceballos Deveze.

Entre esas intervenciones se cuenta la introducción de un supuesto sistema de riego automático “único en la ciudad”, con una inversión superior a los cinco millones de pesos, que requirió la instalación subterránea de cientos de metros de mangueras en todo el parque, para lo cual fue menester abrir zanjas por doquier, tarea que se prolongó más de cinco meses.

El nuevo sistema de riego fue inaugurado el pasado mes de noviembre, y supuestamente desde entonces, según afirmó el propio Ceballos Deveze a Libre en el Sur, funciona todas las madrugadas de manera computarizada para dotar de agua a los jardines, “por secciones”.

La verdad es que el costoso programa no funciona, según confirman los propios jardineros. “No sirve”, dicen. Ellos tienen que realizar el riego a mano, como siempre, con mangueras tradicionales, siempre y cuando haya agua en las tuberías.  Se gastó el dinero en vano, al igual que se había gastado hace unos seis años otros 500 mil pesos del presupuesto participativo correspondiente a la colonia en otro sistema de riego que nunca funcionó,

Otra de las intervenciones más graves al parque es también la segregación de un sector de área jardinada de unos tres mil 200 metros cuadrados –un 15 por ciento de su superficie total—  para dedicarla a zona exclusiva para mascotas, a escasos 60 metros de la capilla de San Lorenzo, declarada Monumento por el INAH en 1931.

Escuela pára perros. Espacio público, negocio privado.

 

Actualmente, ese espacio es utilizado como “escuela para perros” por entrenadores particulares que usufructúan así un espacio público, del que se apropian arbitrariamente durante tres horas diarias, para un jugoso negocio particular, lo cual está prohibido por el reglamento fijado en la entrada.

Además, en esta época de estiaje, al meter a ese corral hasta más de 30 canes sueltos a la vez, se provoca una “polvareda” de heces fecales que obviamente contaminan el parque –donde juegan niños y pasean ancianos— y su entorno de casas, edificios y restaurantes.

Otro “arreglo” fue la remodelación de las tres canchas deportivas con que cuenta el parque y cuyos enrejados se encontraban efectivamente en muy malas condiciones; pero ahora se les rodeó con postes metálicos de hasta tres metros de altura, pintados de verde, que definitivamente rompen con el entorno vegetal  y modifican la fisonomía del parque, que además frecuentemente es rentado por las autoridades delegacional para la instalación de ferias y tianguis “artesanales” donde se venden diversas artículos…  y fritangas.

Mesitas “panistas”. Picnic en pleno jardín.

 

La última ocurrencia del director general de Servicios Urbanos es la instalación de numerosas mesas metálicas con sombrilla, pintadas de azul y naranja, los colores oficiales del PAN, ¡en las áreas de jardín! del parque, las cuales acaban de ser restauradas mediante la plantación de millares de plantas que ahora se verán afectadas por la presencia de visitantes a quienes prácticamente se invita a realizar su picnic ahí.

 

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