Ciudad de México, marzo 25, 2026 10:28
Alcaldía Benito Juárez

Ambulantaje alcanza a Laureano: venden birria frente al árbol ‘protegido’

La esquina de Miguel Laurent y Fresas refleja la convivencia entre protesta vecinal, omisión oficial y comercio informal

Entre presión inmobiliaria, crisis hídrica y desorden urbano, el árbol emblemático se convierte en epicentro de una disputa por el espacio público.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

La evidente expansión del comercio informal en la alcaldía Benito Juárez se metió de lleno en la colonia Tlacoquemécatl del Valle; al grado de que en la esquina de Miguel Laurent y Fresas, donde se ubica el famoso árbol Laureano, ya se instala un puesto de birria, entre los carteles de una protesta vecinal que se mantiene vigente.

Lo que hasta hace poco era un punto de encuentro para la defensa ambiental, hoy aparece atravesado por otra lógica: la del ambulantaje que avanza sin contención, ocupando banquetas, esquinas y —como en este caso— apropiándose incluso de un árbol emblemático.

Hasta el momento, ninguna autoridad ha impedido que el puesto opere en plena vía pública ni que utilice el tronco del majestuoso —y supuestamente protegido— árbol como soporte para colocar un anuncio de venta. La escena, por momentos, resulta elocuente: frente a la corteza viva de Laureano cuelga la promesa de birria, como si el espacio público hubiera dejado de tener reglas claras o, peor aún, como si nadie estuviera dispuesto a hacerlas valer.

El fenómeno no es nuevo ni aislado. El comercio informal, históricamente nunca exento de redes de tolerancia y corrupción, encuentra terreno fértil en la ausencia de regulación efectiva. En ese vacío, lo excepcional se vuelve cotidiano y lo irregular termina por normalizarse.

Un árbol sitiado: entre placas simbólicas y daños documentados

Tanto la alcaldía Benito Juárez como diputados de Movimiento Ciudadano han colocado placas junto al árbol en las que se presume su condición de protegido, cosa que no reconoce el movimiento #SalvemosaLaureano; sin embargo, esa narrativa institucional comienza a desdibujarse frente a los hechos.

La protección, más que una garantía efectiva, parece quedarse en el terreno simbólico. Mientras los mensajes oficiales hablan de resguardo y compromiso ambiental, en la práctica el entorno inmediato del árbol muestra signos claros de vulnerabilidad y abandono.

De acuerdo con documentación publicada por Libre en el Sur, basada en diagnósticos de la propia alcaldía Benito Juárez, una de las raíces de Laureano fue cercenada al interior del predio contiguo. El dato no es menor: se trata de una afectación directa a la estructura vital del árbol, en el mismo espacio donde se proyecta una construcción inmobiliaria.

El movimiento #SalvemosALaureano mantiene vigente su lucha por conseguir que, en lugar de que en el predio aledaño —cuyas raíces se internan bajo tierra hasta alcanzarlo— se construya un edificio de viviendas de lujo, se destine ese espacio a un parque vibracional y a un pozo de absorción de agua de lluvia.

La propuesta no es menor. En una ciudad que enfrenta una crisis hídrica cada vez más visible, la captación pluvial y la conservación de suelo permeable se han vuelto temas urgentes. Sin embargo, los vecinos denuncian que estas consideraciones han sido relegadas frente al empuje del desarrollo inmobiliario.

A ello se suma la percepción de opacidad en los procesos de autorización, así como la falta de acciones concretas para garantizar la protección integral del árbol, más allá de declaratorias públicas.

La presencia del puesto de birria no es, en sí misma, el problema de fondo. Es, más bien, el síntoma visible de una cadena de omisiones: la falta de regulación efectiva del comercio en vía pública, la permisividad institucional y la incapacidad para proteger elementos que, en el discurso, se consideran patrimonio urbano.

En esa esquina conviven hoy tres capas de una misma ciudad tensionada: la protesta que exige futuro, el mercado informal —atravesado por inercias de corrupción— y un árbol que resiste, en silencio, la presión de todo lo que ocurre a su alrededor.

Laureano, convertido en símbolo, carga ahora también con los signos de esa disputa. No sólo por lo que se construya o deje de construirse a su lado, sino por lo que, día a día, se le permite —o se le impone— en nombre de una normalidad urbana que parece haber renunciado al orden.

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