Ciudad de México, febrero 4, 2023 00:17
Ana Cecilia Terrazas Dar la Vuelta Opinión

DAR LA VUELTA / Andar y caminar

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Caminar y platicar es un doble privilegio. Platicar ha sido considerado uno de los procesos clave para determinar la salud emocional de la generalidad de las personas en la generalidad de los casos.

POR ANA CECILIA TERRAZAS

Caminar es parte del conjunto de actividades más primitivas de la especie humana. Los primeros primates caminaban, nomadeaban en busca de techo, comida, apareamiento, territorio. Andar dando la vuelta a pie es sinónimo de caminar y, siglos después, actualmente, se trata de una actividad de lujo para la que casi nadie tiene tiempo. Pasear paso a paso, uno tras otro, merodeando a través del tiempo, ya sea en parques, bosques, banquetas, de aquí para allá, es ralentizar el vértigo de la vida cotidiana.

Cuando uno o una camina por ahí, generalmente va pensando, dialogando, conversando consigo misma porque es imposible –salvo quizá para algunas personas con muchísima práctica en atención plena o meditación zen– ir caminando con la mente en blanco.

Platicar y caminar con amistades que hace tiempo no se ven implica, además, darle oportunidad a la circunstancia de aparecer en el convivio.

Ahora bien, caminar y platicar, es un doble privilegio. Platicar ha sido considerado uno de los procesos clave para determinar la salud emocional de la generalidad de las personas en la generalidad de los casos. Platicar es poder enviar de ida y vuelta un informe de cómo va la vida a seres queridos, amistades, encuentros furtivos, otras personas.

Ir platicando y caminando realmente da la sensación de un tiempo suspendido, de un conversar detenido sobre el paseo.

Andar y conversar no es nuevo. Los filósofos griegos, errantes, así se echaban a pensar en movimiento, entendiendo que la propia dinámica implicaba poca gente y atenta; incorporar el acontecer contextual; concentrarse en lo que se va diciendo; oxigenar las ideas.

Platicar y caminar con amistades que hace tiempo no se ven implica, además, darle oportunidad a la circunstancia de aparecer en el convivio. Lo que se diga puede ser fundamental o inocuo; relativo al paseo, fáctico o realmente parte de la narración de una vida.

Muchísimos amores, poemas, revelaciones se han posado, generado y emanado de la plática junto con otros y en movimiento. Aunque es trilladísimo el poema de Antonio Machado que Joan Manuel Serrat canta (Caminante no hay camino), eso no disminuye la satisfacción detrás de la verdad manifiesta del caminar como en una ruta mejorada gracias a la compañía. Con otra u otro, ahí, doblemente se hace camino al andar.

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