Ciudad de México, agosto 9, 2022 03:45
Reporte especial Revista Digital Agosto 2022

El ‘boom’ canino en Ciudad de México

Los negocios relacionados a perros y otros animales de compañía han crecido en un 189% en Ciudad de México, al grado de que 6 de cada 10 hogares ya cuentan con alguna mascota.

La Secretaría de Desarrollo Económico acaba de informar que la “industria de las mascotas” en Ciudad de México reporta una derrama económica anual de 2 mil 77 millones de pesos. Aumentan los servicios de spa, los “pet shops”, las casas de resguardo, las tiendas de alimentos, los restaurantes y hasta las funerarias exclusivas para mascotas, algo nunca antes visto.

POR RODRIGO VERA

“¡Mierda!”; es la palabra que, cada vez con más frecuencia, exclamo al salir de casa y toparme con un excremento de perro, justo frente a la puerta de la entrada. Con asco y conteniendo la respiración, tengo que meter el pestilente mojón en una bolsa de plástico para luego tirarlo a la basura. Una labor que exige paciencia… y cierta meticulosidad.

Y es que también cada vez son más personas quienes deambulan con sus mascotas por la calle: atados a sus correas, sacan a pasear desde pequeños perros chihuahueños, dálmatas de medio pelo y hasta enormes y musculosos gran danés que obviamente dejan cacas más grandes regadas por la banqueta. Los llevan sobre todo a retozar en el ancho camellón que queda en medio de mi calle, ya convertido en punto de reunión de los canófilos del rumbo. Hablan entusiasmados sobre la dieta de sus animales, la edad que tienen, el adiestramiento que reciben o sus enfermedades y achaques:    

–Pura croqueta Eukanuba Puppy le doy a mi mascota.   

–¡Míralo! ¡Qué bien salta!.. Yo mismo lo adiestré.

–Le queda muy bien ese corte de pelo, ¿quién es el estilista?

Se supone que estos propietarios deberían traer consigo los insumos para guardar las heces fecales, pero no siempre es así.      

En otras ocasiones me bloquea la salida una enorme camioneta de color azul con un letrero que dice:

“Canino móvil”. Es una estética rodante que ofrece a domicilio cortes de pelo y uñas, limpieza de orejas o baños con shampoos especiales para todo tipo de perros. En su interior, jóvenes peluqueros con tijera en mano se afanan en hacer cortes perfectos. Escucho el ronroneo de las pistolas de aire al secar las pelambres y dejarles primorosos rulos.

Aquí y allá, también veo cómo surgen más y más tiendas para mascotas –“pet shops”—en locales que antes tenían otro giro comercial. Exhiben en sus escaparates correas de todo tipo, suéteres para tiempos de frío, cepillos de plástico, bandejas para sus croquetas, juguetes y otros artículos caninos.

¿Realmente aumentó el número de mascotas o es una falsa apreciación mía? Tenía antes esa duda.

Pero un informe del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), dado a conocer a fines de junio pasado, me confirmó que no estaba alucinando, pues señala que los negocios relacionados a animales de compañía han crecido en un 189% en la Ciudad de México, al grado de que 6 de cada 10 hogares ya cuentan con alguna mascota, o sea, la mayoría de las familias.

Mientras que la Secretaría de Desarrollo Económico acaba de informar que la “industria de las mascotas” en la Ciudad de México reporta una derrama económica anual de 2 mil 77 millones de pesos, ya que siguen aumentando –dice— los servicios de spa, los “pet shops”, las casas de resguardo, las tiendas de alimentos, los restaurantes y hasta las funerarias exclusivas para mascotas, algo nunca antes visto.

“¡Mierda!”; es la palabra que, cada vez con más frecuencia, exclamo al salir de casa y toparme con un excremento de perro, justo frente a la puerta de la entrada. Con asco y conteniendo la respiración, tengo que meter el pestilente mojón en una bolsa de plástico para luego tirarlo a la basura.

Por ejemplo, uno de los nuevos oficios surgidos en los últimos años es el de los “paseadores de perros”, quienes anuncian sus servicios por internet y cobran entre 60 y 120 pesos la hora por pasear un perro, en zonas como la colonia Del Valle, la Condesa o la Roma. Es muy común verlos deambulando por las calles con 7 o 10 perros a la vez; son el punto central de una circunferencia de cuerdas extendidas que termina en los cuellos de las mascotas, que lo empujan para uno y otro lado. Sin quedar maniatado, el paseador tiene que lidiar con esas fuerzas centrífugas y además proteger a los animales del cargado tráfico vehicular. Todo un oficio citadino que requiere de mucha destreza, no hay duda.

Cuentan los informes oficiales que cada vez hay más etólogos dedicados a sicoanalizar el comportamiento canino, con objeto de resolver problemas de ladrido excesivo o distintos tipos de miedos que pueden volverlos ariscos. También se propagan las fiestas de cumpleaños para perros, las cuales incluyen pasteles en forma de hueso, pelotas comestibles y collares conmemorativos del festejo. Y las familias llevan a sus mascotas para que se diviertan. De ahí que ya se les llame “perrhijos”, un nuevo término que empieza a generalizarse.

Antes de inventarse el automóvil, en la ciudad de México la gente se paseaba a caballo o en carros tirados por equinos. Y llegaban los arrieros con mercancías cargadas a lomo de mula. Todos estos animales defecaban en la calle, a pleno sol. Habría algún servicio de limpia, me imagino. Y la gente quería tanto a sus cuacos que hasta les componía “corridos” en la época de la Revolución –“Caballo prieto azabache, cómo olvidar que te debo la vida”–. Hoy todo eso se acabó.

Foto: Moisés Pablo / Cuartoscuro

¿Por qué no querer entonces a los perros? ¿por qué no sacarlos a pasear a la calle? ¿por qué no cuidarlos y jugar con ellos si se les considera los mejores amigos del hombre? 

Se calcula que en todo el país hay 25 millones de hogares con mascota, donde habitan casi 80 millones de animales. Y según Consulta Mitofsky, son los jóvenes de entre 18 y 29 años a quienes más les gusta tener un perro. Y apenas el pasado 21 de julio se acaba de celebrar el Día Mundial del Perro.  

En fin, hago estas consideraciones cada que salgo a la calle… y me topo con un mojón frente a la puerta.

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