Ciudad de México, octubre 28, 2020 18:17
Mariana Leñero Opinión

‘Con la madre’. Salvavidas en los mares de la vida

Como salvavidas en los mares de la vida, las “con madre” se manifiestan en la cotidianidad.  En la primera llamada de la mañana y si tienes tiempo en la última de la noche. Son como el café al despertar y  el agua fresca después de correr. Se disfrutan como  un buen vino en una tarde de verano, como los huevos rancheros en la cruda y aparecen durante el día como olor de vela al llegar al hogar.  

POR MARIANA LEÑERO

Desde los 7 años acostumbré a escribir diarios. No comencé por la necesidad de expresar mis ideas y guardar secretos sino  para parecerme a mis hermanas. No logré del todo mi cometido, ellas los guardaban bajo llave mientras yo me lanzaba a compartirlos sin pudor.   

Mis diarios, en lugar de letras, detenían las alegrías y los  objetos que se descubren en los andares de la niñez: colecciones de piedritas, botones, fotos, envolturas de dulces, boletos de cine, estampas, chicles masticados, manchas de paleta helada, besos pintados con el lápiz labial de mamá.. Mis diarios eran gordos como hamburguesas dobles.        

Con el pasar del tiempo la colección de diarios se agrandaba, los objetos se volvieron letras y odas de amor y desamor.  Tenía mucho que decir y lo podía escribir. Los diarios se volvieron mis confidentes. Cuidadores de dudas, cómplices disfrazados de monólogos.

Sin embargo en la maternidad, aun cuando  regresé a los chicles masticados,  a las envolturas de dulces,  a las piedritas recolectadas, y manchas de paleta helada, la aventura de escribir desapareció. Tenía poco tiempo aunque mucho que decir.

Así fue como los diarios de papel se trasformaron en “Comadres”.

Comadre, del latín commāter, es decir  ‘cum matre’, que traducido al español sería “con la madre”.  Acompañantes en la maternidad y en la vida.  “Con la  madre”,  lazo inquebrantable y único.  

 A mis comadres las elegí y  me permitieron elegirlas, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza o en la pobreza. Tan fuerte es el lazo creado que la amistad es hermandad y la hermandad es amistad.  Como salvavidas en los mares de la vida, las comadres se manifiestan en la cotidianidad.  En la primera llamada de la mañana, y si tienes tiempo en la última de la noche. Son como el café al despertar y  el agua fresca después de correr. Se disfrutan como  un buen vino en una tarde de verano, como los huevos rancheros en la cruda y aparecen durante el día, como olor de vela al llegar al hogar. 

Hay épocas que las sientes cerquita, en otras, el lazo se trasforma,  te cubre el silencio, pero nunca el olvido o  la indiferencia.

Cuando la buscas, no importa donde estén, las comadres estiran su mano para ponerla en la frente de tu hijo enfermo, se aburren contigo en el baile escolar navideño, visitan playas y museos mientras están en el tráfico y les preguntan  al doctor sobre tus achaques.   

Lejos o cerca,  tener una comadre, provoca la misma seguridad de traer un salvavidas en los mares de la vida. Ya sea para chapotear bajo el sol con un grande sombrero, sombrillita y margarita en mano o para asirte con todas tus fuerzas a él y librar las olas de la incertidumbre, miedos y desazón. Las comadres te miran desde el otro lado del espejo y te empujan a pedir perdón cuando te has equivocado. Te preparan  para recibir lo no esperado y decir adiós lo que parece indispensable.

“Con la madre” se escriben nuestras historias y se puede cambiar de hoja. Construyes planes de salida a los problemas, y te ríes de las buenas y malas decisiones. Te dan palmaditas en la espalda si estas atorada en los nudos de tu complejidad y te llenan de confianza en la pausa que provocan las encrucijadas.

Como salvavidas en los mares de la vida, te hacen el viaje más divertido, porque no hay mejor chisme que el que se comparte con la comadre. Si no siempre se tiran al suelo en tu berrinche, esperan ahí para ofrecerte su mano y limpiarte el moco.

Con estos diarios a voces no es necesario esconder secretos bajo llave, por el contrario compartes los momentos más preciados y más oscuros que pasas en la maternidad. Los diarios se hacen gordos como hamburguesas dobles  y livianos como el sentir de las olas en los mares de la vida.   

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