Ciudad de México, octubre 22, 2021 07:54
Opinión Rebeca Castro Villalobos

De Fiestas Patrias en otros lares

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Fue en 2014, un viaje programado con mucha antelación a Italia, cuando tuvimos que celebrar la noche del tan popular Grito de Independencia ¡varados en aeropuerto “Charles de Gaulle”, en París!, donde teníamos que transbordar. Por mala comunicación del idioma, perdimos el vuelo de conexión a Roma. Y tuvimos que pasar la noche –y el Grito—acostados en unas bancas de madera…

POR REBECA CASTRO VILLALOBOS

Al igual que México, otros países sobre todo de América Latina celebran también por estas fechas la Independencia de su nación. He tenido la dicha de visitar algunos de ellos coincidiendo con tal conmemoración. En otros casos, circunstancias adversas nos hicieron  pasar tan significativa fecha varados… ¡en un  aeropuerto!

Debo aclarar que debido a mi calendario laboral, estas fechas septembrinas coincidían casi siempre con mi periodo anual de vacaciones, que aprovechábamos de principio a fin para nuestras aventuras viajeras.

Entre los primeros países a los que me refiero destacan Guatemala y Costa Rica, que al igual que en nuestro territorio celebran los 200 años de su Independencia luego de que el 15 de septiembre de 1821 se liberaron del poder español. Ese día, como en muchos otros lugares, se acostumbra a celebrar con verbenas populares y tradicionales desfiles.

También apunten en la lista a Nicaragua, Honduras, El Salvador y Chile, donde se  conmemoran un año más de la lucha que llevo a sus respectivos territorios a conseguir la tan anhelada libertad.

Pero vamos por partes; recuerdo que hace poco más de diez años volamos a Costa Rica, de donde por cierto es oriunda  mi cuñada Mayela Leyva, quien se encontraba visitando a su familia. Nosotros arribamos a la capital, San José. En mi mente destaca la decoración del hotel, que al igual que hacemos los mexicanos, con los colores de su bandera colocaron globos y papelinas en cualquier espacio que les era permitido. Llegamos tarde, por lo cual tuvimos que conformarnos con lo que se encontró en la cocina del comedor, ya cerrado por cierto a esas horas.

Al día siguiente, hubo un desfile el cual apenas alcanzamos a disfrutar. Con la idea de rentar un auto para nuestra travesía por ese país –que cabe señalar conjunta playas, volcanes y bosques tropicales– nos dirigimos a la agencia, en donde por cierto, pese a estar muy resguardada, y no permitir la entrada de más de un cliente, me robaron mi cartera. Con lo único que me quedé fue la tarjeta de crédito y la licencia de conducir. Otras identificaciones, así como el efectivo volaron en un santiamén. Por ser día festivo, imposible que las autoridades acudieran a mi auxilio o que la encargada de la  oficina supiera el procedimiento en estos casos. Me di por bien servida que pudiera comunicarme al banco para reportar la de débito, en donde tenía todos mis ahorros.

Tal fue mi coraje que lo único que quería era que nos entregaran el  vehículo  y dejar esa ciudad, aunque  según aseguraron fui víctima  de migrantes nicaragüenses y/o hondureños. Incluso rechazamos la invitación de mi cuñada, quien asistiría a la celebración de independencia  a la embajada de México. Salvo el mal estado de las carreteras en algunas zonas, el país nos dejó satisfechos, disfrutando su biodiversidad: El volcán Arenal y el Poas, el Parque Nacional Manuel Antonio y el de Tortuguero, la Reserva Biológica Bosque Nuboso, entre otros muchos sitios.

Posteriormente, para la misma fecha, pero de 2013, nos encontramos en Bogotá, Colombia. Si bien en esa nación no había nada que celebrar ese día, nosotros hicimos nuestro propio festejo acudiendo a brindar en una suigenéris tienda de ultramarinos que en un local aledaño contaba con mesas para degustar y beber lo que se había comprado.

Fue en 2014, un viaje programado con mucha antelación a Italia, cuando tuvimos que celebrar la noche del tan popular Grito de Independencia ¡varados en aeropuerto, “Charles de Gaulle”, en París!, donde teníamos que transbordar. Por mala comunicación del idioma, perdimos el vuelo de conexión a Roma. Y tuvimos que pasar la noche –y el Grito—acostados en unas bancas.

Les cuento: después de una hora de andar recorriendo el aeropuerto, literal, y buscando asesoría dimos con el módulo de Aeroméxico en donde se nos confirmó que nuestro vuelo ya había partido y tendríamos que esperar el más cercano que era a Turín y de ahí a Roma. Claro, todo al día siguiente.

Aunque se nos negó, pero por no tener disponibilidad de hotel cercano, se nos aconsejó quedarnos en la terminal área y junto con otros viajeros en tránsito pasar la noche.

Los pocos asientos de la sala de espera estaban ocupados, así que decidimos esperar a que cerrara uno de los restaurantes para acostarnos en unos incómodos sillones que por la cercanía con otros pasajeros, estaríamos pecando en estos tiempos de pandemia. Eso sí, ya conformes con nuestra mala suerte, buscamos celebrar la Independencia con alguna bebida espirituosa que pese a la hora todavía encontramos en una tienda de conveniencia de la colosal central aérea parisina. Afortunadamente, a esas horas nuestras  maletas ya iban llegando a Roma, asegurando que a nuestra llegada estarían resguardadas.

La siguiente experiencia viajera que coincidió con estos días patrios fue Guatemala. Como lo relaté en pasado texto, arribamos previo a la celebración independentista de esa nación centroamericana. A diferencia de otras, en esa ciudad, gozamos el festejo como si fuera el de nuestro país, viendo el desfile –principalmente de planteles escolares– y en la plaza principal miles de banderas ondeando, en espera de que los contingentes pasarán por el balcón principal donde se encontraba el Presidente Alejandro Molina.

Y aunque también fue para las mismas fechas, nuestro (por lo pronto, espero) último viaje  al extranjero: Canadá, el festejo pasó totalmente inadvertido. Pero, la verdad, ni falta nos hizo.

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