Ciudad de México, octubre 17, 2021 18:19
Opinión Rebeca Castro Villalobos

Del pasado, presente… ¿y futuro?

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 Al arribar al pueblo, todavía polvoso por la falta de pavimentación y en un ambiente semidesértico, lo primero que uno se encuentra es la Hacienda, una fascinante finca que desde el exterior nos asombró tanto por sus dimensiones como por su estilo colonial…

POR REBECA CASTRO VILLALOBOS

Hace tres años realizamos un paseo a un poblado que, inmerecidamente, no es Pueblo Mágico, a pesar que a diestra y siniestra en la pasada administración estatal se declararon como tales varios municipios o comunidades. Se trata de Jaral de Berrio, en San Felipe Torresmochas, limítrofe con el vecino San Luis Potosí.

De ese lugar sólo sabía por el mezcal.  Por cierto llegué a degustarlo  gracias a un ex compañero en la oficina burocrática.  Se vio obligado a invitarme  cuando en mi recorrido diario por las oficinas lo caché el momento en que justo sacaba de una gran caja una considerable dotación de botellas para regalar,  a según con motivo de las fiestas decembrinas… aunque  también, como decimos, “para quedar bien”, toda vez que recién se había incorporado al área.

Estoy casi segura de que en la lista de los agraciados no aparecía mi nombre. Finalmente la única mujer en el departamento, no siempre integré ese tipo de “talis”. Pero no le quedó de otra cuando me vio entrar y con una simulada sonrisa me preguntó si era de mi gusto el consabido mezcal, ante  lo cual rauda y veloz respondí afirmativamente, extendiendo mis manos para recibir la bebida. He de decir que era una producción de colección, según después me enteré.

De mezcales tengo un poco de cultura. Por lo menos he probado, además de las múltiples opciones que hay en Oaxaca (gusano, pechuga, minero, entre otros), el de la sierra de Santa Rosa, de aquí del terruño. Los que lo han degustado aseguran tiende a un sabor humeado, pero además para los bolsillos de los consumidores resulta barato toda vez que se adquiere a granel. Se aprovecha además el ir a comprarlo  y recorrer un poco la sierra, respirar el aire fresco de los bosques que la componen…

Retomo el viaje a Jaral. Aconsejada por un buen amigo para realizar la aventura, fue sábado al mediodía que tomamos camino por la carretera a San Felipe, la que si bien recuerdo te enlaza con la 57 que te lleva para San Luis Potosí y muy mencionada estos días por el robo de un camión con proyectiles o cartuchos y ya desde entonces no tenía buena fama.

Al arribar al pueblo, todavía polvoso por la falta de pavimentación y en un ambiente semidesértico, lo primero que uno se encuentra es la Hacienda, una fascinante finca que desde el exterior nos asombró por sus dimensiones, como por el estilo colonial que le  engalana.

Un dato que desconocía es que a la hacienda de Jaral de Berrio se le atribuyen actividades paranormales. Es, dicen un lugar embrujado del cual encontré en youtube algunos videos de recorridos que han hecho, sobre todo por la noche. Sinceramente doy gracias que  ignoré esa peculiaridad que tiene la casa y que es hoy motivo de  tales especulaciones. De otro modo ¡ni pensar en esa visita!

Al llegar frente a la hacienda nos encontramos con un gran portón cerrado; sin embargo un grupo de niños corrieron al vernos a avisar para que nos abrieran la casona. Eran por mucho pasadas las cuatro de la tarde cuando ingresamos a esa desértica mansión, cuyas puertas se volvieron a cerrar quedándonos en solitario. Ni un guía o alguien que explicara detalles de la hacienda.  Aún así empezamos el recorrido, por esa majestuosa propiedad de dos pisos, sin que en algún momento por sentirme apartada de Paco, sentí temor o miedo de estar en grandes habitaciones cuyos muros destacan por el papel tapiz que todavía se conserva en óptimas condiciones. He de decir que el estilo de esa mansión me remontó a la casa familiar de mi abuela Catalina. Quizás por eso pude moverme a mis anchas, sin tener que buscar los brazos de mi pareja ante lo desconocido del recorrido.

De entrada, el edificio tiene en la planta baja lo que fueron oficinas, bodegas de algunos insumos que se consumían. Una vez cruzando la impresionante escalera doble que conduce a la planta alta, todo lo imaginable se vuelve real. Los trabajos de decoración son exquisitos y aun se puede observar el uso del pincel que detalló al extremo todos y cada uno de los muros, exteriores e interiores, de la Hacienda, que la en el portal denominado “el Bable” señalan que: “mejor deberíamos catalogarla como el Palacio de Jaral de Berrio”.

El salón. Foto: Internet.

Ciertamente algo que llamó nuestra atención fue el cuarto de baño, mismo del que el editor del portal se refiere así: “Rompe con lo gris y lúgubre de todo lo visto. Ahí se encuentra, todavía en relativo buen estado, una inmensa pintura al óleo llamada La Ninfa del Baño, pintada en 1891 por N. González, la cual por su colorido, frescura e inocencia nos hace olvidar por momentos el presente donde estamos. Sin embargo, el viento que se cuela por las rendijas y provoca el rechinar de las ventanas sueltas irrumpe en nuestra ensoñación”. Esto fue escrito por Homero Adame y buena parte de la información tiene base en el Libro “Jaral de Berrio y su Marquesado”, escrito por P. Ibarra Grande.

La Ninfa del Baño. Foto: Internet.

Para conocer un poco más su historia, refiero que ese sitio se fundó en el siglo XVI por el español Juan de Zavala, vecino de la minas de San Luis Potosí, quien se adueño de varios lugares ganaderos en el entonces Valle de San Francisco. La hacienda tuvo muchos traspasos, heredades y anexiones. En el siglo XVIII la propiedad pasa a manos de Doña Teresa Josefa Saldivar y Retes de Paz y Vera, y su esposo el Capitán Andrés de Berrio y Días Pacio Ortiz de Landazurrri y Ayala (sic), quienes al morir dejan como beneficiario de todos sus bienes a su hijo Miguel de Berrio y Zaldivar, quien en 1774 fue nombrado el Primer Marqués del Jaral por el Rey Carlos III, y es a él a quien se debe que le agregue el “de Berrio”, a esa propiedad.

La mansión era tan productiva que su dueños se convirtieron en algunos de los hombres más acaudalados de su época- De ahí el título nobiliario, como fue el caso de Miguel de Berrio quien llegó a ser propietario de noventa y nueve haciendas, siendo de la que me refiero  la más importante y algo así como “la capital” de un pequeño estado. Los años siguieron y la bonanza también.  Juan Nepomuceno de Moncada y Berrio, fue el hombre más rico de México y uno de los mayores terratenientes.

A pesar del tiempo que ha transcurrido y el que la mansión se encuentre abandonada, todavía se puede apreciar en sus interiores, que están tapizadas de imágenes grabadas con figuras, dicen los que saben, “humanoides” y un sin fin de simbología en el techo, paredes y puertas que te transportan, como fue mi caso, en el tiempo.

Mi asombro aumenta cuando al redactar este texto me encuentro que la mansión ha sido escenario de unas cuantas películas como “Once upon at Time”, protagonizada por Johnny Depp, Salma Hayek y Antonio Banderas. Asimismo la de “Pancho Villa”, también con el actor español Antonio Banderas.

En la casona, en cuya entrada  todavía se pueden apreciar las barricas, aparte de la elaboración y venta del mezcal, tuvo otras actividades como la fabricación de pólvora. Incluso, dada la importancia económica del lugar, la vía del tren pasó a medio kilómetro. Sin embargo la línea fue después recortada para economizar distancias entre México y Nuevo Laredo. Fue con la Revolución cuando comenzó la decadencia de la Hacienda. Durante la rebelión de 1938, la casa fue bombardeada desde el aire, sin causar baja alguna. Entre 1940 y 1950 doña Margarita Raigosa y Moncada fue su última propietaria.

Al término del nuestra visita, los señores que nos recibieron, y que a todas luces eran pobladores de la comunidad, esperaban para que degustáramos un poco del mezcal,  con la obvia intención de que adquiriéramos  una botella en venta, que increíblemente todavía se produce en el lugar y que se puede encontrar en vinícolas y hasta tiendas departamentales. Por algo, encontré el dato de que la Hacienda fue la primera casa de la Nueva España que recibió la Cédula Real, autorizando la producción de la bebida.

Para concluir, indague si existía algún programa para rehabilitar o remodelar el sitio o el poblado, encontrando solamente una nota informativa del 2016 donde señalan que Jaral de Berrio estaba contemplado entre los lugares con proyectos y programas de inversión por parte del Gobierno Federal, acciones que estaría bien constatar con otro paseo por ese sitio.

@FOBIA44

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