Gabriela Osorio (Tlalpan) y Alessandra Rojo de la Vega (Cuauhtémoc) hacen el 1-2 en nueva encuesta sobre alcaldes
Foto: Especial
La medición de marzo confirma a ambas como las mejor evaluadas de la capital
Una mayoría de alcaldías se mantiene en la medianía y el sur vuelve a rezagarse.
STAFF / LIBRE EN EL SUR
Ciudad de México volvió a mirarse en el espejo más incómodo que tiene: el de la aprobación ciudadana. Y el reflejo, esta vez, deja una imagen clara en la parte alta del tablero: dos mujeres, dos estilos y una coincidencia en la cima.
La más reciente medición de LaEncuesta.mx, levantada entre el 16 y el 18 de marzo, coloca a Gabriela Osorio, en Tlalpan, y a Alessandra Rojo de la Vega, en Cuauhtémoc, como las alcaldesas mejor evaluadas de la capital. Es un 1-2 que no solo ordena un ranking, sino que empieza a perfilar una tendencia: la consolidación de liderazgos locales en medio de una ciudad que, en general, no termina de entusiasmarse con sus gobiernos.
Osorio alcanza el nivel más alto de aprobación, con poco más del 62%, seguida muy de cerca por Rojo de la Vega, que ronda el mismo umbral en una competencia prácticamente cerrada. Apenas unas décimas separan a ambas en un escenario donde cada punto cuenta, pero sobre todo donde cada punto cuesta.
Detrás de ellas aparece un bloque compacto que también logra rebasar el 60% de respaldo: Gustavo A. Madero, Miguel Hidalgo y Benito Juárez. Cinco alcaldías, en total, que consiguen sostener un consenso mayoritario en sus territorios. No es un dato menor en una ciudad donde la aprobación suele diluirse en matices.
Pero si arriba hay claridad, abajo hay contraste.
En el extremo inferior, Milpa Alta y Xochimilco aparecen como las únicas demarcaciones que no alcanzan el 50% de aprobación. Octavio Rivero Villaseñor se queda en 47.5%, mientras que Circe Camacho Bastida cae hasta el 45.7%. En ambos casos, la desaprobación supera al respaldo ciudadano, marcando una línea que ya no es solo política, sino estructural: gobernar sin mayoría.
Entre esos dos extremos —el respaldo sólido y la desaprobación abierta— se extiende la verdadera ciudad: una franja de diez alcaldías que oscilan entre el 50% y el 59%. Ahí están Cuajimalpa (59.6%) y Coyoacán (59%), rozando la parte alta, pero también Tláhuac (50.9%) e Iztacalco (51.5%), apenas sosteniéndose por encima de la línea crítica.
Es la zona del “funciona, pero no alcanza”. Gobiernos que resuelven lo suficiente para no caer, pero no lo suficiente para destacar.
Lo que deja esta radiografía no es una ciudad homogénea ni predecible. Tampoco una división simple entre zonas ricas y pobres, o entre centro y periferia. La aprobación —como suele ocurrir— se construye en lo inmediato: en la calle pavimentada, en la luminaria que sí prende, en el trámite que deja de atorarse.
Por eso, más que un ranking, lo que revela esta medición es una tensión permanente: la de gobiernos que buscan sostenerse en un terreno donde el respaldo es cada vez más frágil.
La diferencia de más de 17 puntos entre el primer y el último lugar no solo mide desempeño. Mide distancia. Y en una ciudad como esta, esa distancia no siempre se recorre con discurso.
Porque si algo queda claro en este nuevo corte es que, en Ciudad de México, la aprobación no se hereda ni se acumula.
Se gana —y se pierde— todos los días.

















