Ciudad de México, octubre 22, 2020 06:40
Cultura Libre en el Sur

La artista Rina Lazo contribuyó a repensar desde Latinoamérica y no desde la mirada europea

POR CARLOS BLÁS- GALINDO

Rina Lazo (Guatemala, Guatemala, 1923-Coyoacán, Ciudad de México, 2019), fallecida el pasado 1 de noviembre, fue una artista plástica mexicana integrante de la segunda generación de nuestra vanguardia nacionalista: de esa que obtuvo su formación profesional (tanto la escolarizada como la que se logra en la práctica) con docentes que habían iniciado la vertiente de los nacionalismos o que eran contemporáneos de esos autores.

Lazo fue una de las pocas personas que apreciaron la obra de Frida Kahlo, quien conoció en 1947, poco después de ser contratada por Diego Rivera como asistente para apoyarlo en la realización de sus obras murales? mientras la ahora afamada autora vivió. Tanto fue así que Rina realizó una serie de pinturas en pequeño formato en las que retomó algunas de las temáticas y de las propuestas estilísticas que planteara Kahlo. Empero, fue capaz de alejarse de las poderosas influencias de sus antecesores para desarrollar un lenguaje propio, el cual está basado en la iconografía y en las soluciones cromáticas y compositivas de la pintura mural de la antigüedad maya, legado del que ya tenía noticias y que conoció muy a profundidad cuando aceptó la encomienda de reproducir para el Museo Nacional de Antropología, en la Ciudad de México, las obras murales mayas ubicadas en Bonampak, Chiapas.

Rina Lazo. Foto: Twitter / Secretaría de Cultura

El mayor aporte de Rina Lazo a la cultura artística mexicana radica en haber nutrido a nuestros nacionalismos con componentes indígenas provenientes tanto de la recuperación del pasado de la civilización maya como de la presencia del tipo de pensamiento mítico-mágico, religioso y cosmogónico de la cultura maya en la población actual (y no solamente en la indígena) del sureste mexicano y de Centroamérica.

Con esta aportación, Rina Lazo contribuyó al proceso de repensar nuestras realidades nacionales y de la región latinoamericana desde un punto de mira ajeno a la visión eurocéntrica impuesta.

Tanto en su producción mural como en su obra gráfica, Rina Lazo asumió compromisos que compartió con quienes practicaron los lenguajes nacionalistas. Entre estas responsabilidades destacan el trabajar, tanto desde la posición política como desde la obra plástica, en pro de la consecución de la utopía democrática, antiautoritaria y antirrepresiva; de recuperar el nexo entre el arte y la vida cotidiana de amplios sectores de la población. De abrazar, en fin, causas libertarias dentro y fuera del campo artístico. Los aportes de Lazo al desarrollo de la cultura artística mexicana habrán de ser valorados ahora que ha fallecido pues, mientras vivió, algunos le fueron escatimados.

Durante su trayectoria, esta artista hubo de vencer realidades discriminatorias. Logró ser una pintora destacada en un medio regido por el patriarcado y habiendo estado casada con un colega suyo: Arturo García Bustos, aun cuando él no obstaculizó su carrera. Siempre se mostró orgullosa de haber nacido en Guatemala; empero, y pese a contar con la nacionalidad mexicana, padeció la xenofobia en nuestro país. Sobrellevó el embate que, contra el arte comprometido con las luchas populares, se emprendió por iniciativa estadounidense durante la segunda mitad del siglo XX a fin de sobreproteger al capitalismo. Se vulneró el derecho inalienable que como artista le correspondía de ser reconocida como autora de los relieves en los pilares de la estación Insurgentes del Metro de la Ciudad de México, delito que continúa impune. Estuvo improcedentemente presa durante meses por su militancia dentro del Movimiento Estudiantil-popular de 1968. En varias ocasiones se presentó su candidatura para formar parte de la Academia de Artes; sin embargo, nunca alcanzó el número necesario de votos para ser admitida.

El caso de Rina Lazo precisa ser tratado con justicia. Aún es tiempo. Aunque ella ya no viva, aún es tiempo.

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