Ciudad de México, diciembre 9, 2021 00:25
Noviembre 2021

La del Valle de cada quién / #YoSoydelaDelValle

Extraño, acaso, ver el Tomboy del Parque Hundido; el 7 Happy, el Denny’s; el cine Manacar, el kínder al que fui y la inmensa fuente de la plaza de Liverpool en donde se exhibían los trajes de baño Catalina en cada temporada de verano.

POR ANA CECILIA TERRAZAS

Prácticamente el 90 por ciento de mi vida ha ocurrido en la Colonia del Valle. En el siglo pasado, esta zona tan bien ubicada de la Ciudad de México era toda una. Hoy, a punta de un vertiginoso crecimiento urbano, condominal, al parecer sin freno, la colonia se ha subdividido. Te preguntan si estás en la Del Valle Sur, Del Valle Centro o Norte. Hay hasta franjas fronterizas, aspiracionales, Del Valle Actipan, Del Valle Acacias.

Conozco, sobre todo por largas estancias domiciliares, dos calles con poco heroísmo en sus biografías: Agustín González de Cossío y Rodríguez Saro (no hallo el nombre de pila).

También he pasado lindísimas temporadas cortas en Ignacio Torres Adalid y en Tlacoquemécatl.

De la colonia en sí, para nosotras las personas aquí avecindadas, pero no iniciadas, se pueden decir mil cosas, ninguna especialísima, por cierto:

Que a veces a la vuelta de algunas esquinas se asoman vestigios-pueblito. Que la colonia quisiera llenarse de parques y flores, pero nunca lo logra del todo, le gana el cemento; que no tiene una muy fuerte ni sonada vida cultural aunque intente hacerse para sí del Polyforum (cuando es obvio que está netamente en la Nápoles). Que la sostiene en el mapa un fragmento nada espantoso de la Avenida de los Insurgentes. Que está llena de periodistas, artistas, académicos, profesionistas, iglesitas, tianguis y muchísimos perifoneadores sin licencia que la hacen más ruidosa que cualquier otra colonia de clase media, media, media.

La colonia, en suma, tiene de todo, le sobra mucho y la adornan bien sus jacarandas en semana santa. Sus árboles han sido talados y desmochados inmisericordemente, pero son tan nobles que resisten aún a todo tipo de cables, ardillas, a los antojos vecinales de poda y, a la alcaldía y sus negocios. La Del Valle no es como sus primas ricas la San José Insurgentes o la Crédito Constructor, pero casi.

Aquí se vive bien, no superlujosamente bien; esto es bonito, nada hermoso; se tienen los servicios justos y necesarios para decir que se vive en una colonia.

Extraño, acaso, ver el Tomboy del Parque Hundido; el 7 Happy, el Denny’s; el cine Manacar, el kínder al que fui y la inmensa fuente de la plaza de Liverpool en donde se exhibían los trajes de baño Catalina en cada temporada de verano.

Por cierto, nada de inmuebles, esquinas, referencias, jardines o calles descritas alcanzará siquiera para empezar a contar cuánta contentura, aventura, historias y sorpresas he atravesado en este 90 por ciento de vida Del Valle colonial.

Comunicóloga, teórica crítica.

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