Ciudad de México, septiembre 18, 2021 23:08
Espectáculos

La ‘encuerada de Avándaro’ no fue Alma ni era de Monterrey, sino Laura, una tapatía que vivía en la Zona Rosa

STAFF / LIBRE EN EL SUR

Cincuenta años después del Festival “Rock y Ruedas” de Avándaro, “el Woodstock mexicano”, según se dijo por compararlo con la multitudinaria psicodelia y la liberación sexual allá proclamada, se vino a confirmar que quien se auto desveló como “la encuerada de Avándaro” era en realidad una chica que pretendió hacerse pasar por la mítica espectadora a tras darse a conocer las célebres fotos de Graciela Iturbide en portadas de revistas.

Aquellos días con sus noches del 11 y 12 de septiembre de 1971, en realidad varias chicas se despojaron de sus prendas en el terreno basto y cercano a lo que hoy es el club de golf de Avándaro, cuales hippies californianas que decantaban el amor libre. Pero la magia de una lente y la oportunidad de la toma por parte de Iturbide convirtió a una sola de ellas en leyenda.    

Poco tiempo después, la regiomontana Alma Rosa González se presentó en una entrevista con los editores de la revista Piedra Rodante como la atrevida chica de piel clara que dejó ver ante la nutrida concurrencia sus senos, mientras sonaban los acordes del grupo La División del Norte. La mentira fue comprada incluso por los escritores Carlos Monsiváis y José Agustín, que dieron por válido en sus libros el nombre de Alma Rosa.  

La historia de la verdadera encuerada es un tanto menos romántica y más dramática, según las  revelaciones de los periodistas Federico Rubil y Óscar Sarquiz, quienes aseguran haber encontrado la verdadera identidad de la chica.

Alma Rosa había contado que era una chica de familia, casi una niña, que estudiaba la secundaria y que en un alarde de rebeldía no solo se lanzó al concierto desde su casa en Monterrey, sino que ahí se quitó la camiseta y el sostén, algo escandaloso para una época no solo de moral reservada sino en la que imperaba una sociedad muy conservadora y un gobierno muy autoritario. “Cada quien su vida”, declaró la chica que esa era su respuesta cada vez que alguien se atrevía a inquirirla al respecto.

Pero la verdadera “encuerada de Avándaro” –a quien Alejandro Lora le dedicó una canción grabada apenas un año después de los conciertos– fue Laura Patricia Rodríguez González, de 19 años de edad, y no era de Monterrey, sino de Guadalajara, avecinada en la colonia Juárez de Ciudad de México.

Esa es la historia, que Rubil y Sarquiz recogieron en el Archivo General de la Nación, según la cual Laura Patricia fue detenida e investigada por la temida Dirección Federal de Seguridad del gobierno mexicano, por “exceso de drogas, prostitución, ideología contraria a nuestra sociedad y posible desviación mental”.     

“Estaba tocando el tercer grupo de la noche –tocaron 11— y en el costado izquierdo de la improvisada tarima, casi un andamio, había unos camiones de mudanzas, y sobre estos personas, entre ellas una chica que comenzó a desnudarse. Hubo mucha algarabía. La retiraron; no se supo quién era. Luego fue bautizada como la célebre ‘Encuerada de Avándaro”, evocó Rubil en entrevista con Reforma.

La persecución contra la chica por parte de la inteligencia nacional “suena ridículo hoy, pero en ese momento era relevante para la Dirección Federal de Seguridad”, sostuvo el periodista. “En fin que la localizan y le hicieron un interrogatorio, y la conclusión dice que no representa un riesgo para el régimen, puesto que es una persona que vive del vicio y del sexo en la Zona Rosa”.

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