Ciudad de México, mayo 16, 2022 03:31
Opinión Víctor Manuel Juárez Cruz

Las palmeras borrachas de sol, los ahuhuetes muertos de sed

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El ahuehuete, de todos conocido, es una especie nativa de México. El árbol de la noche triste (ahuehuete) murió de viejo y no de triste. Dicho árbol de tronco fuerte y follaje frondoso es conocido como también como “el viejo del agua”

POR VÍCTOR MANUEL JUÁREZ

Comenté alguna vez que mi abuela paterna, Ana María, sembró a la entrada de su casa, allá en Pestalozzi y por los años 50s, una Araucaria que, con esmero y cuidado, creció majestuosa y hoy en día alcanza los 60 metros de altura con un follaje espléndido. El espacioso jardín era regado con cuidado y no sólo se vertía agua al prodigioso árbol, sino también a los claveles, los rosales y, por supuesto, a la higuera y el naranjo.

La casa, y pese a mi berrinche y el reclamo de mi padre, se vendió y con el tiempo se construyó una mole con dos edificios de seis pisos cada una, para dar espacio a 20 departamentos y dos roof garden. Departamentos tan lujosos como diminutos y donde viven sólo parejas o solitarios, pues no hay mayor espacio para los niños.

Todo al caso pues aún hay quienes insisten, sin evidencia científica, que la Palmera de la glorieta de reforma enfermó por falta de cuidados. Pues no, enfermo atacada por una plaga y un escarabajo rojo sumamente voraz. Pero también murió por falta de agua y espacio suficiente. Misma suerte que correrá el ahuehuete que se piensa sembrar ahí en sustitución de la Palma.

El ahuehuete, de todos conocido, es una especie nativa de México. El árbol de la noche triste (ahuehuete) murió de viejo y no de triste. Dicho árbol de tronco fuerte y follaje frondoso es conocido como también como “el viejo del agua”

Su nombre científico es: Taxodium mucronatum, y pertenece a la familia de los sabinos. Se caracterizan por poseer un tronco grueso, corteza color café grisácea con grietas. Tienen copas y follaje frondosos y durante algunos meses, de hojas pequeñas y alargadas. Pueden llegar a medir hasta 40 metros de alto, y no hasta 60 metros como las majestuosas palmeras o araucarias.

El ahuehuete es originario del sureste del país, aunque también pueden verse en Guatemala. Es un árbol longevo dado que puede vivir varios siglos y crece en lugares húmedos y pantanosos, así como en pueblos y ciudades. Un ejemplo de ello es el Árbol de Santa María del Tule, un sabino ubicado en Oaxaca con dos mil años de vida.

Dicho lo anterior es muy probable que el ahuehuete que se piensa sembrar en la glorieta, como resultado de una encuesta realizada por el gobierno de la ciudad, no llegué a los dos mil años de vida, y si llegase, ninguno de nosotros lo podrá atestiguar. También es muy posible que se seque, pues como se podrá observar es de lugares pantanosos o muy cercanos a los ríos, donde extiende sus raíces para encontrar al vital líquido.

O tal vez como esa zona tiene nombres de ríos, nuestras autoridades pensaron que sus afluentes lo podrán refrescar en medio del centro de la ciudad, colmada de cemento, varilla, fierro y diversos contaminantes ambientales.

Requerirá de mucha agua, y no veo a doña Claudia, en sus afanes presidenciales, correr con la cubeta o la manguera para regarlo y refrescarlo. Como científica que es la doctora Sheinbaum, ahora si no consultó los textos de biología y optó por una encuesta, que arrojó otro dato interesante: el segundo árbol más querido por los chilangos es La Jacaranda, más cuando está en flor.

Así las cosas y el gran reto para el ahuehuete será sobrevivir a las condiciones hídricas de la ciudad de México, que en ocasiones resiente un calor extremo o lluvias tormentosas, y también padece de fuertes temporadas de desabasto de agua.

Los expertos en el tema consideran que para que sobreviva el ejemplar las autoridades deberán garantizarle acceso al agua, sobre todo sabiendo la situación por la que atraviesa la capital en materia hídrica.
El desabasto de agua en la Ciudad de México es conocido por todos. Bastaría con recordad que en recientes fechas era muy frecuente ver a las pipas surtiendo de agua a habitantes de diversas colonias, o recordar que el 2020 fue el año más seco e, incluso, hay especialistas que consideran que quedan cuatro décadas para llegar al temido día cero en la capital, al ritmo de extracción actual.

Alejandra Moreno, investigadora del Jardín Botánico de la UNAM, considera que se tiene que cuidar que haya suficiente suelo, sin losas de concreto, para permitir que las raíces crezcan hacia abajo y no salgan a la superficie, pues son precisamente estas las que se hunden para extraer el agua que les dará vida. Es un árbol que requiere del líquido para sobrevivir, muestra de ello es que suelen estar en zonas de lagos, arroyos, ríos y zonas pantanosas.

En entrevista para un diario capitalino la estudiosa observó que, si bien en la ciudad llueve mucho, lo es de manera estacional, ocho meses al año. “Esa agua, como hay mucho pavimento, simplemente se evacúa del Valle. Tenemos agua, pero no está en donde tiene que estar, entonces, lo que tienen que hacer las autoridades en el manejo del agua, en este caso, para mantener a las plantas en la ciudad capital, es permitir que parte de esa agua que caiga se filtre al subsistema.

No la tiene nada fácil el Viejo del Agua.

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