Ciudad de México, diciembre 1, 2020 05:30
Libre en el Sur

'Libre en el Sur': Diez años de crónica periodística en la vida de la delegación Benito Juarez

Libre en el Sur cumple diez años de ser relator privilegiado del acontecer juarense, sus riquezas históricas y arquitectónicas, sus tradiciones, sus retos, su despertar ciudadano y sus luchas por defender y reivindicar su entorno. Este es un somero recuento.

Staff/Libre en el Sur
Entre la protesta vecinal ante el caos y los perjuicios causados por la construcción del distribuidor vial San Antonio, en la primavera del 2003, y la manifestación del pasado 7 de abril en la explanada delegacional contra las construcciones ilegales, han transcurrido diez años en la vida de la delegación Benito Juárez, durante los cuales se ha dado un paulatino proceso de concientización ciudadana que ha conducido a una cada vez mayor participación, así como la incipiente consolidación de una identidad juarense, antes inexistente. Durante Toda esa década, Libre en el Sur ha consignado en sus páginas esos avances ciudadanos, pero también las ineficacias, las lacras y corruptelas que afectan a quienes viven en las colonias de la demarcación.

Este medio de comunicación vecinal se ha ocupado también del rescate de un pasado rico en vestigios, así como de la defensa de los bienes patrimoniales que se ven amenazados por una supuesta “modernidad” que en el fondo sólo oculta ambiciones desmedidas, negocios y complicidades.

Por las páginas de Libre en el Sur han pasado los lugares históricos de Benito Juárez, como sus barrios originarios (Mixcoac, Xoco, San Simón, Santa Cruz, Tlacoquemécatl, San Juan) y también sitios, construcciones y monumentos emblemáticos como los templos de la Inmaculada Concepción, la Piedad y Nuestra Señora de la Consolación, el WTC con su Polyforum, los parques Hundido –con su reloj floral, hoy lamentablemente abandonado— de los Venados, San Lorenzo y Arboledas, los vestigios arqueológicos de San Pedro de los Pinos.

El periódico de los juarenses ha acompañado a los vecinos en sus luchas, como la oposición a la construcción de un pozo hidráulico en el parque de San Lorenzo, en el que hay una capilla franciscana del siglo XVI; la defensa de los árboles en diversas colonias de la demarcación, la protección de inmuebles catalogados por su valor artístico o histórico y, sobre todo, las movilizaciones contra la proliferación de construcciones ilegales –que con la indiferencia cuando no la complicidad de las autoridades delegacionales– han invadido el territorio de Benito Juárez sin respeto mínimo a las normas legales y en deterioro de los servicios urbanos. Caso emblemático, el de las construcción de dos torres de departamentos en Millet 72, en pleno parque Hundido, fue tema informativo del periódico, desde la denuncia en sus páginas sobre la demolición de una casa catalogada en ese lugar, la movilización vecinal y la intervención del gobierno del DF para adquirir el predio para restituirlo al jardín público y demoler la incipiente construcción, lo que constituyó un ejemplar triunfo ciudadano.

También fue crucial la participación de Libre en el Sur en el seguimiento informativo de la lucha vecinal que culminó con la remodelación de la plaza Valentín Gómez Farías, en San Juan Mixcoac, con un financiamiento especial de cinco millones de pesos aportados por la Asamblea Legislativa del DF, así como el salvamento de la mansión catalogada por el INBA donde funcionó la Fonda Santa Anita, en Insurgentes San Borja, cuya demolición fue detenida gracias a un reportaje aquí publicado. Finalmente la casa fue restaurada y es sede ahora de un nuevo restaurante.

A través de 117 números mensuales, Libre en el Sur ha reseñado el acontecer de la vida juarense, las fiestas patronales que aún conservan sus pueblos originarios, la transformación de la avenida Insurgentes debido a la introducción del Metrobús, las movilización de vecinos de Narvarte contra la instalación de un paradero de ese transporte colectivo que implicaba tala de árboles y palmeras, molestias e inseguridad; la desaparición de sitios entrañables, como la panadería y restaurante La Veiga, en Extremadura Insurgentes, el largo calvario que para miles de vecinos, comerciantes y automovilistas significó durante tres años la construcción de la Línea 12 del Metro, que entre otras cosas vino a cambiar la fisonomía de avenidas tradicionales como Félix Cuevas y Extremadura. Y la muerte de una tradición de casi cincuenta años: el monumental árbol de Navidad que cada año se instalaba en la explanada –hoy desaparecida— de la tienda Liverpool de Insurgentes y Félix Cuevas.

En diez años de publicación ininterrumpida, este medio ha servido como enlace entre grupos y liderazgos en su incipiente camino hacia la participación activa en defensa y promoción de su comunidad. No ha sido ajeno, tampoco, a la integración de los comités vecinales que como gérmenes democráticos de participación hoy constituyen ya un incipiente pero esperanzador avance ciudadano capaz de ser un interlocutor legal de la autoridad. Su limitada actuación es sin embargo sorprendente si la comparamos con el panorama desolador que mostraba la organización de los residentes de Benito Juárez apenas hace una década, cuando este periódico empezó a llegar a las casas de los juarenses.

Ha tocado también a Libre en el Sur la consignación informativa de la renovación de autoridades delegacionales en cuatro ocasiones: en 2003, con la llegada de Fadlala Akabani a la jefatura delegacional; en 2006, con Germán de la Garza Estrada; en 2009, con Mario Palacios Acosta, y en 2012, con Jorge Romero Herrera, todos ellos de extracción panista. Y asimismo, el surgimiento de otras opciones políticas que amplían el abanico de posibilidades, algunas de las cuales han adquirido notable presencia en la demarcación, como ocurrió en los pasados comicios con la candidatura de la perredista Lety Varela, que estuvo a punto de derrotar a su contrincante del PAN –con una diferencia de apenas 700 votos, en una elección nunca cabalmente dilucidada– lo que habría sido impensable diez años atrás.

Un periodismo de investigación, crítico e independiente, serio y profesional, ha permitido a este medio descubrir, documentar y denunciar numerosos casos de abusos de autoridad, tala inmisericorde de árboles para beneficiar intereses particulares –más de 12 mil en los últimos seis años–; colusión de funcionarios con comerciantes ambulantes, derroche de recursos públicos y uso de los mismos para promoción ilegal de servidores públicos, así como la simulación con que se pretende encubrir una oscura madeja de intereses en el tema de la construcción de edificios de departamentos con violación evidente de la norma –de lo que el caso de Millet 39 es símbolo– en cuando menos 800 casos concretos. Y todo a partir de una premisa fundamental: servir a la comunidad.

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