Ciudad de México, junio 29, 2026 11:54
Economía Inseguridad

México, potencia criminal: el país con la economía ilegal más activa del mundo

Un sistema más difícil de desmontar que un cártel

Una economía ilegal diversificada, interconectada y con lógica empresarial

STAFF / LIBRE EN EL SUR

No hace falta dramatizarlo: los datos ya son lo suficientemente contundentes. México no encabeza un ranking de violencia —aunque la violencia lo atraviese—, sino algo más profundo y menos visible: es hoy el país con la economía ilegal más activa y diversificada del planeta.

El dato proviene del Global Initiative Against Transnational Organized Crime, responsable del Global Organized Crime Index 2025, un estudio que analiza 193 países a partir de tres variables: mercados criminales, actores criminales y capacidad del Estado.

En ese mapa global, México ocupa el primer lugar mundial en “mercados criminales”, con una puntuación de 8.27, la más alta registrada. No es un detalle técnico: es una definición estructural.

Lo que mide ese primer lugar no es cuántos delitos ocurren, sino qué tan desarrolladas están las economías ilegales. Y en eso, México no tiene competencia. El informe identifica una red compleja y simultánea de actividades ilícitas que operan con lógica empresarial: narcotráfico —especialmente de sintéticos—, trata de personas, tráfico de armas, extorsión sistemática, robo de combustible y delitos financieros. No son fenómenos aislados; son mercados interconectados, con cadenas de valor, rutas logísticas y estructuras de control territorial. México no solo participa en estas economías: las articula, las exporta y las sostiene.

A diferencia de otros países donde el crimen organizado se concentra en una sola actividad, México destaca por su diversificación. Funciona como un nodo donde múltiples mercados ilícitos coexisten y se potencian entre sí. Los cárteles —cada vez menos cárteles en el sentido clásico y más conglomerados— operan con lógica corporativa: controlan territorios, gestionan rutas internacionales, lavan dinero en sectores legales y diversifican riesgos y ganancias. El resultado no es solo violencia: es una economía paralela funcional.

El índice no se limita a describir el crimen; también mide la respuesta del Estado. Y ahí aparece la otra cara del problema. México presenta niveles preocupantes de debilidad institucional, impunidad estructural y corrupción en distintos niveles de gobierno. En ese contexto, el crimen no solo desafía al Estado: en muchos casos, lo infiltra o lo sustituye. En diversas regiones del país, las organizaciones criminales ejercen funciones que deberían corresponder a la autoridad: control social, regulación económica e incluso provisión de “seguridad”.

Conviene detenerse un momento en la fuente, porque también ahí se juega parte de la confusión pública. La Global Initiative Against Transnational Organized Crime no es un organismo de Naciones Unidas ni un ente gubernamental. Es una organización internacional independiente con sede en Ginebra, dedicada al estudio del crimen organizado y las economías ilícitas. Su índice se construye a partir de investigación de campo, análisis académico y una red global de expertos —incluidos periodistas, especialistas en seguridad y organizaciones locales—, con procesos de revisión que buscan consistencia metodológica. No es un ranking oficial ni vinculante, pero sí una herramienta de referencia utilizada por analistas y organismos internacionales para entender cómo operan las economías criminales en el mundo.

Reducir todo esto a un titular fácil —“México es el país más criminal del mundo”— no solo es impreciso, es inútil. El propio índice muestra que, en términos globales de criminalidad, México no ocupa el primer lugar absoluto, sino posiciones altas junto a países como Myanmar o Colombia. Pero hay una diferencia clave: México no solo tiene crimen; tiene una de las economías ilegales más complejas, dinámicas y consolidadas del planeta.

Ese liderazgo no es accidental. Es el resultado de una combinación persistente: geografía estratégica, cercanía con el mayor mercado de consumo del mundo, debilidad institucional y una notable capacidad de adaptación de las redes criminales. Todo eso ha terminado por construir algo más difícil de desmontar que un cártel: un sistema.

México no es solo un país con crimen organizado. Es un país donde el crimen ha alcanzado un nivel de sofisticación económica que lo coloca en la cima global, no solo por lo que destruye, sino por lo que es capaz de producir, mover y sostener. Y eso, más que un escándalo pasajero en redes, es un diagnóstico de fondo.

Compartir

comentarios

Artículos relacionadas