Ciudad de México, agosto 4, 2026 14:44
Cultura Ivonne Melgar Opinión

Mi padre vuelve al MUPI

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A 4 años de su fallecimiento, el legado del maestro y escritor Luis Melgar Brizuela encuentra refugio definitivo en el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) con la donación de más de 200 ejemplares especializados en cultura mesoamericana, arte y espiritualidad, consolidando así el sueño de preservar la memoria histórica y las raíces de los pueblos originarios de El Salvador.

POR IVONNE MELGAR

Uno de los sueños incumplidos de Luis Melgar Brizuela fue construir un espacio académico para la investigación del legado de los pueblos originarios y sus historias de resistencia.

Si bien desde su reconocida vocación magisterial, nuestro padre formó a personas comprometidas con la cultura de El Salvador y sus raíces, en la agenda de sus propósitos universitarios se quedó aquel pendiente.

Desde esa expectativa largamente acariciada, Melgar Brizuela abrazó con entusiasmo y reconocimiento la iniciativa que hace más de dos décadas se concretó con el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI).

Y cuando nos encontrábamos en la Ciudad de México o en San Salvador, Luis nos contaba con entusiasmo de la tarea de rescate de la memoria colectiva y de las luchas sociales que ha liderado Carlos Henríquez Consalvi.

De manera que, en una de mis reposadas estancias en la capital salvadoreña, en febrero de 2022, mi padre me propuso que fuéramos a visitar su amada Universidad de El Salvador (UES), todavía en modo pandemia.

Las clases en línea se habían prolongado hasta ese momento. Pero Luis visitaba el desolado campus a la primera oportunidad, ofreciéndose entonces a ser mi guía para disfrutar la preciada pinacoteca de la UES.

Hicimos un recorrido por facultades y departamentos, pasillos que mi hermana Gilda y yo saltamos en nuestra niñez, fotografiamos murales y esculturas de los alumnos de artes plásticas y nos detuvimos en una exposición del MUPI, en el vestíbulo del teatro. 

Ahí nos quedamos por más de una hora revisando los posters, testimonios, resúmenes y reflexiones de una muestra gráfica en conmemoración del 90 aniversario de la masacre de 1932.

Es uno de los recuerdos más hermosos que tengo en torno a una pasión compartida, la del relato en primera persona de protagonistas que, sobrevivientes de una infamia, reconstruyen en el presente la historia de todos.

 A cada cuadro de la muestra nos fuimos deteniendo, intercambiando puntos de vista de la importancia del periodismo, la oralidad y los esfuerzos que, como los impulsados desde el MUPI, consiguen subrayados colectivos donde antes parecía haberse impuesto el olvido.

Cuatro años más tarde, en ocasión de su segundo aniversario luctuoso, el 7 de marzo de 2026, tuvimos la oportunidad de recordar a Luis Melgar en ese su tan querido Museo.

Lo hicimos con Carlos Henríquez Consalvi, nuestra madre Candelaria Navas y el escritor Rafael Mendoza; y compartimos El Poemar en México, una memoria de lo que fue la presentación, en septiembre de 2025 en la CDMX, de la antología poética de nuestro padre, El Poemar.

Tanto el director del MUPI como asistentes al acto reseñaron la cercanía académica y personal que Luis Melgar tuvo con ese proyecto, invitando a sus alumnos a involucrarse en sus diversas actividades.

Al tiempo que su incansable viuda hizo realidad El Poemar -la compilación con la que nuestro padre quería celebrar sus 80 años-, nuestra madre también se propuso ordenar la biblioteca del maestro y escritor para convertirla en un bien público.

En noviembre de 2025 se entregaron a la Universidad Centroamericana (UCA) cerca de 3 mil ejemplares que constituyen el acervo bibliográfico de Melgar Brizuela y que incluye literatura salvadoreña, latinoamericana y universal. 

Durante los meses que duró la limpieza, ordenamiento y clasificación de tan preciada biblioteca personal, Candelaria fue reservando para el MUPI aquellos libros que corresponden a las temáticas afines a éste.

De ahí que, este 22 de julio, se hizo entrega de la donación de más de 200 ejemplares, bajo el título de Biblioteca Especializada de Luis Melgar, que contiene diccionarios, enciclopedias, libros de arte y cultura mesoamericana (olmeca, maya, azteca, pipil e inca, entre otras), biblias y textos de diversas religiones.

En la misma oficina del director del MUPI, a la que el maestro y poeta acudió decenas de veces para trazar las rutas de investigaciones compartidas, tuvimos el privilegio de honrar su memoria y sus causas.

La entrega contiene hermosas ediciones del Popol Vuh, libros sobre la astrología maya; dioses y seres mitológicos; monografías de pueblos indígenas y sus leyendas; El Sutra del Loto, el evangelio de Quetzalcóatl, El Corán, El I Ching, La Tora…

Sobre el escritorio de Henríquez Consalvi, de manera simbólica, se colocaron algunos ejemplares y discos LP que registran la voz del poeta Roque Dalton leyendo en voz alta sus versos, así como un compendio bellamente ilustrado del pintor Camino Minero.

Candelaria Navas contó de su decisión de que fuera el MUPI la sede de esta Biblioteca Especializada de Luis Melgar: “Porque él tenía una admiración por el Museo, siempre; él se sentía feliz aquí, muy feliz”.

Al recorrer las paredes y salas del Museo, donde habitan Salarrué, Monseñor Romero, los campesinos del levantamiento del 32, las imágenes y las palabras de la guerra civil salvadoreña, Roque Daltón, la sufragista Prudencia Ayala, resultan comprensibles las palabras de su viuda.

Y es que el MUPI es actualmente un repositorio que dignifica a los hombres y a las mujeres reconocidos y anónimos de ese El Salvador que Luis Melgar amó, padeció, estudió y desentrañó en las aulas y sobre las teclas de su inagotable máquina de escribir.

Visita infaltable para quien busque conectarse con la historia salvadoreña, el Museo de la Palabra y la Imagen pronto podrá compartir este pedazo de la biblioteca que durante más de medio siglo construyó nuestro padre, coleccionista de búhos y poeta de los pobres.

“Para el Museo, recibir este legado, significa que Luis se sienta de nuevo a tomar café, en esta oficina. Venía a las 2 de la tarde y salía a las 5. Es recibir a Luis, con su humanismo tan increíble, su amor por la cultura, su amor por las comunidades indígenas”, nos dijo Henríquez Consalví, ese miércoles 22 de julio.

Gracias Carlos Henríquez por recibirlo ahí, donde los sueños, cumplidos y pendientes del escritor, seguirán vivos. 

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