Ciudad de México, abril 16, 2021 14:25
Libre en el Sur

Ninguna autoridad detiene la destrucción sigilosa de la casona que albergó a la Fonda Santa Anita, en Insurgentes

Sin que ninguna autoridad intervenga para impedirlo a pesar de la evidente violación de la norma, la destrucción de la casona de Insurgentes San Borja, en la delegación Benito Juárez, donde funcionó por décadas el restaurante Antigua Fonda Santa Anita, sigue de manera sigilosa, pero implacable.

Pesa a la alta tapia de cubre el inmueble, ubicado en la avenida Insurgentes Sur 1035 esquina con la calle Santa Catalina, puede observarse que los marcos de puertas y ventanas han sido arrancados, parte de el techumbre de tejas está hecho añicos y han sido demolidos el techo de uno de los salones del restaurante, en la planta baja, y un muro en la planta superior. Asimismo, las cornisas fueron destrozadas a cincel y la fachada toda parece despojada del aplanado que la cubría y que estaba pintada de rosa mexicanos. Y la destrucción sigue.
Libre en el Sur encontró que el sigilo de los destructores tiene una explicación: Quienes la realizan no cuentan con el permiso correspondiente para la demolición, lo que se confirma por la ausencia del aviso de autorización que debe ir en la fachada de acuerdo con la ley. Por sus características arquitectónicas y su historia, quien ahora posea el inmueble ubicado en Insurgentes Sur 1038, debió documentarse acerca de una eventual protección de la casona por parte de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) o del Instituto Nacional de Bellas Artes. Lo grave es que la demolición continúa sin que ninguna autoridad del gobierno del Distrito Federal ni de la Delegación Benito Juárez intervengan para detenerla, a pesar de reiteradas denuncias.
En estilo colonial californiano, con tejas en el techo, pero adaptada por sus colores vivos en muros exteriores a la forma mexicana, la casa aún conserva una cruz en cantera labrada arriba de un balcón central, y presenta relieves finamente trabajados en sus arcadas, ventanas y columnas, maltrechas ahora por los golpes de la destrucción.
La Antigua Fonda Santa Anita estuvo administrada por décadas por una cooperativa de trabajadores que se quedaron con el negocio después de una larga huelga. De ser un lugar prestigiado y concurrido, donde se podía saborear una amplia gama de platillos mexicanos, incluidas las recetas propias como la de la “pechuga a la nata”, o las inigualables chalupas con salsa verde, fue decayendo con el tiempo hasta quedarse prácticamente vacío. Hace un par de años los encargados intentaron incursionar en el negocio alterno, al adaptar el segundo piso de la casa para un bar llamado “La chinampina”, que también fracasó.

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