Ciudad de México, octubre 17, 2021 17:29
Julio 2021 Vestigios

Plaza Gómez Farías: Un remanso de paz… ¡rodeado de historia!

Un pueblo originario del viejo Mixcoac, el actual barrio de San Juan,  guarda como en un relicario una placita plácida y hermosa, rodeada de siglos de historia y valores urbanísticos que son orgullo de la alcaldía Benito Juárez.

STAFF/LIBRE EN EL SUR

En el antiguo pueblo de Malinaltonco, hoy barrio de San Juan Mixcoac, cerca de donde los  misioneros franciscanos construyeron en el siglo 16 una de los primeros templos de la Nueva España, se esconde una pequeña plaza arbolada que constituye un tesoro histórico y arquitectónico de la alcaldía Benito Juárez y de la capital del país. Es la plaza Valentín Gómez Farías, denominada así en honor al prócer liberal e ideólogo de la Reforma que fue cinco veces presidente de la República.

El barrio está cobijado por las colonias Nochebuena, Extremadura Insurgentes, Insurgentes Mixcoac y Nonoalco y es vecino inmediato del centro histórico de Mixcoac, con su Plaza Jáuregui, su quiosco, sus antiguas mansiones hoy ocupadas por la Universidad Panamericana y desde luego el templo parroquial de  de Santo Domingo de Guzmán, con su portentosa capilla del Rosario. También es contiguo del emblemático Parque “Luis G. Urbina”, conocido popularmente como Parque Hundido, en cuyo acceso principal por la avenida Insurgentes Sur se ubica el segundo reloj floral más grande del mundo, único en el país.

La hermosa plaza Gómez Farías, remodelada en el año 2012 por el arquitecto Enrique Lastra –autor del rescate de la Alameda Central, entre otros proyectos–,  es un espacio plácido y grato de apenas mil 200 metros cuadrados que invita al solaz y la reflexión. A pesar de ubicarse a sólo tres cuadras de la avenida Insurgentes Sur y a otras tantas de la avenida Patriotismo, ambas arterias principales de intenso tráfico, es una suerte de oasis de tranquilidad lejos del fragor citadino.

Hoy está rodeada de calles adoquinadas, Augusto Rodin e Ireneo Paz,  y tiene piso de mármol de Santo Tomas, con una iluminación especial que por las noches le da un halo de intimidad. Una bella fuente de cantera  situada en la parte central completa el escenario perfecto para el descanso o la tertulia, como las que ocasionalmente forman los vecinos al caer la tarde.

La rodean construcciones notables, una de ellas precisamente la casona donde vivió Gómez Farías a mediados del siglo 19, que actualmente es sede del prestigiado Instituto Mora de investigaciones sociales. El inmueble, catalogado por el INAH como monumento, conserva gran parte de su arquitectura original, incluidos su fachada,  el jardín y los espacios interiores. Y también guarda celosamente sus leyendas… y sus fantasmas.

Gómez Farías, nacido en 1781, fue considerado por sus ideas enemigo de la religión y de la Iglesia Católica, por lo que a su muerte, el 5 julio en 1858 (hace justamente 163 años) no se permitió que fuera enterrado en un cementerio. Tuvo entonces que ser inhumado en el jardín de su propia casa, donde estuvo hasta |1933, cuando fue llevado a la Rotonda de las Personas Ilustres. La conseja es que por las noches se leve  salir en su carruaje  tirado por dos caballos y recorrer las calles del barrio para luego retornar a su recinto, ya de madrugada…

Contiguo a la casa de Gómez Farías está otra construcción arto emblemática: la que fuera residencia de don Ireneo Paz, el abuelo de nuestro Premio Nobel de Literatura, el poeta Octavio Paz (1914-1998), que pasó ahí su infancia y parte de su adolescencia. Hoy, la construcción está convertida en convento de las religiosas  de la orden de Predicadoras Dominicas Santa Catalina de Siena, afamadas en esa zona de la ciudad por los espléndidos productos que salen de sus hornos: la Rosca de Reyes, en torno al 6 de enero, y el Pan de Muerto de principios de noviembre, ambos preparados conforme recetas tradicionales y con ingredientes de alta calidad. Las monjas fabrican también durante todo el año  cajeta, buñuelos, rompope y dulces de leche y durante el mes de agosto preparan sobre pedido los tradicionales chiles en nogada.

Frente a las dos construcciones históricas aquí mencionadas, está un templo colonial magnífico que data del siglo 17, dedicado a San Juan Evangelista y Santa María de Guadalupe.  La iglesia está rodeada por un atrio amurallado que completa el ambiente colonial y pueblerino que priva en la placita. En este templo se celebra en tiempos normales la festividad guadalupana cada 12 de diciembre, con verbena popular, fuegos artificiales, vendimia y juegos mecánicos. San Juan Mixcoac ha sido por cierto, tradicionalmente, pueblo de coheteros y tiene fama por los “castillos” pirotécnicos que ahí se fabrican.

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