Hace 415 años, los misioneros franciscanos introdujeron la celebración en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, en el viejo pueblo de la actual Delegación Benito Juárez

STAFF/LIBRE EN EL SUR

Año con año, el templo de Santo Domingo de Guzmán, en el corazón de Mixcoac, recibe no sólo a los Niños Dios que, engalanados, son cargados por los feligreses en recuerdo de la presentación de Jesús en el templo, sino también a los pequeños del rumbo que sus padres llevan para ser bendecidos y participar en una celebración nacida precisamente ahí hace 415 años: el Día de la Candelaria.

 

La Candelaria. Cada 2 de febrero. Foto: Libre en el Sur

 

En la Nueva España,  durante el proceso de evangelización, los frailes franciscanos que se asentaron en la comunidad indígena de Mixcoac, donde levantaron el templo de Santo Domingo de Guzmán, introdujeron entre otras cosas la costumbre de poner el  Nacimiento. A ellos mismos se atribuye en consecuencia, hacia el año 1600, la introducción de la bella tradición consistente en la representación del Niño Jesús que se coloca en el pesebre el 25 de diciembre y que pasados 40 días es necesario vestirlo de gala y  llevarlo a bendecir a la iglesia por quienes lo arrullaron de su nacimiento, o sea, sus padrinos. Mixcoac es la población antigua más importante de la delegación Benito Juárez.

Aparece señalada en la tira de la peregrinación azteca mediante un glifo o emblema formado por medio cuerpo voluminoso de serpiente en color azul. Mixcoac (que significa “culebra de nubes”) fue un pueblo muy bien organizado política, social y económicamente, por lo tanto no fue difícil para los españoles establecer en él su esquema tradicional de ciudad, esto es, fijar un centro que reuniera a los edificios públicos y religiosos, alrededor de los cuales se estableció la nueva población con el nombre de Santo Domingo de Mixcoac, donde los padres franciscanos erigieron el templo en honor del santo patrono 1595, el segundo más antiguo del Valle de México después del de Santa Cruz Atoyac, también en la DBJ, que data de 1564.

Con la celebración, que se lleva a cabo cada 2 de febrero, culmina el ciclo de festividades de la Navidad dentro de la Iglesia Católica; pero una mirada a su celebración en México revela aspectos muy particulares que incluyen el sincretismo con ritos prehispánicos. Actualmente se pueden observar diversas formas de vestir al niño, algunos artesanos de esos pequeños atuendos llegan a contabilizar hasta 80 o 100 diferentes, que van desde el niño médico, el ropón de Papa, el de la selección mexicana de fútbol o incluso superhéroes y personajes populares.

La doctora Carmen Anzures y Bolaños, especialista del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explicó en una entrevista que en recuerdo de este hecho, según la Ley de Moisés que se halla escrita en el Levítico, los judíos debían presentar a sus primogénitos en el templo, y sacrificar conforme sus posibilidades, un cordero o un par de palomas blancas, los cuales no debían tener defectos. Esto  se realizaba 40 días después del nacimiento del niño, cuando se consideraba que la madre había eliminado cualquier rastro de sangre, producto del parto, pues antes de esto era considerada impura. Jesucristo, al ser judío, también fue presentado por sus padres, cumpliéndose así el lapso para el ritual, si se cuenta del 25 de diciembre al 2 de febrero son precisamente 40 días. “En el templo se encuentran al anciano Simeón, quien aún ciego reconoce que el niño que María llevaba en brazos, era el Mesías. Y pronuncia hacia Dios: ahora sí me puedes llevar porque mis ojos han visto al salvador de Israel, que será gloria para Israel y contradicción para muchos; y dirigiéndose a la virgen: y a ti una espada de dolor te atravesará el corazón. Eso es lo que ocurre en la presentación del templo y es lo que se conmemora el Día de La Candelaria, por una parte. Aquí en México, el Niño Jesús se lleva a bendecir ese día; en otros países no lo hacen así, ni siquiera en España, y en general en Europa, señaló Anzures.

La investigadora abundó que dentro de esta celebración “pudo muy bien la parte del Niño Jesús estar de alguna manera montada por la iglesia Católica, aprovechando las ceremonias que sucedían en este mismo período (al inicio de febrero) en la época prehispánica, que para los pueblos mesoamericanos representaba la última parte de los 20 días de su calendario. Fray Bernardino de Sahagún relata en sus crónicas, que se realizaban sacrificios a los tlaloques, es decir, los ayudantes (las nubes) del dios Tláloc, para pedir lluvia para las próximas cosechas. Para ello se les ofrendaban niños, los vestían de gala, y durante su ascenso, sobre todo al conocido como Monte Tláloc, les hacían llorar como augurio de que habría agua en abundancia. “Los sacerdotes llevaron la imagen del Niño Jesús a los templos, y en la misa daban a conocer su significado. Al paso del tiempo, con el cambio de las generaciones, el recuerdo de aquellas ceremonias prehispánicas fue diluyéndose”.

La costumbre que ha prevalecido en Mixcoac, sin embargo, incluye la bendición de los niños, por lo que los padres dominicos, a cuyo cargo está el templo de Santo Domingo actualmente, invitan a los padres de familia a llevar a sus pequeños para esta celebración.

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