Ciudad de México, octubre 20, 2020 20:41

LETICIA CALDERÓN CHELIUS

Nunca, jamás, bajo ninguna circunstancia ni bajo ningún argumento, a los mexicanos nos pueden decir que algo “no puede ocurrir” o que “es imposible que pueda pasar”. Después de la coincidencia tan impresionante de que el potente sismo de septiembre de 2017 se repitiera el mismo día que conmemorábamos el del otro sismo devastador de 1985, no hay poder humano que nos pueda convencer de que nos quedemos tranquilos y confiemos a la suerte o la buena ventura nuestro destino. Si algo aprendimos es que las cosas no se pueden dejar al azar o a la voluntad de otros.

Aun así la amnesia colectiva es muy potente y las autoridades intentan “dorarnos la píldora” con todos los argumentos que pueden y con las estrategias más choteadas que existen y en las cuales muchos seguimos cayendo.

Si no piénsele, un elemento que fue central para debilitar algunos de los edificios que se dañaron  e incluso algunos de los que se cayeron en el sismo del 2017 fue el sobrepeso que cargan edificios que están hechos para soportar un determinado peso, pero que con la carga extra de los anuncios espectaculares que se instalan sobre las azoteas, dichos edificios añaden de 15 a 20 toneladas a lo que estructuralmente están diseñados.

Si a esto se suma que, sobre todo en zonas como la Delegación Benito Juárez, la lógica inmobiliaria ha sido construir edificios a granel y de mucho mayor altura a la permitida y por tanto escavar cimientos mucho más profundos, esto supone que se ha extraído agua a grandes profundidades para desecar la zona y poder construir dichas moles.

Esto ha debilitado no solo los edificios directamente dañados sino la zona en su conjunto, por lo que nadie puede venir a decirnos ahora que si un edificio no se dañó, esta a salvo, aún más si junto tiene un lindo edificio nuevo que generalmente sobrepasa la altura y extensión que el reglamento actual permite y que alguien autorizó.

¿Pero si ya sabemos eso porque no se hace nada? Pues por negocio, por rentabilidad de unos cuantos y por una actitud depredadora al 100% que lo que busca son ganancias rápidas aunque la afectación sea a largo plazo o como bomba de tiempo, a la suerte que cada uno tenga en el siguiente temblor.  Basta caminar por la Ciudad de México y ver anuncios espectaculares montados sobre azoteas que deberían haberse bajado inmediatamente luego de la crisis que dejó el sismo del 2017 porque además de todo, dichos espectaculares están prohibidos de acuerdo al actual reglamento de publicidad exterior de esta ciudad de las chinampas.

Alguien puede argumentar que no es claro qué autoridad es la responsable, si el huevo o la gallina, viejo argumento que ha servido para pasarse infinitamente la bolita entre distintas autoridades locales que solo vuelven a sacar la cara cuando nos despierta el susto de la alarma sísmica.

Lo evidente es que la autoridad directamente responsable es la delegacional ya que aun cuando no estuviera en su posibilidad poder permitir o no las obras, si lo está en ejercer un liderazgo que mostrara a la comunidad que dicha autoridad vela por el bien de los locales: se opone, actúa, demanda, cancela, cosa que no hace y por el contrario, como la mayoría creemos, parecen estar coludidos con la ganancia extraordinaria en millones de pesos que esta expansión inmobiliaria, al costo que sea, se ha dado en nuestra ciudad pero especialmente por los rumbos de la BeniJuarez, donde por cierto se registró el mayor número de edificios caído y dañados, algunos de los cuales como todos sabemos, estaban casi recién estrenados.

Foto: Cuartoscuro.

No hay que ser un investigador muy acucioso ni un urbanista connotado para darse cuenta de que la negligencia continúa. Un simple paseo dominical en bicicleta pasa por algunas de las calles más afectadas por el sismo. Algunas por cierto, muy cerca del edificio de la Delegación. ¿Por qué no se ha resuelto lo más básico a casi medio año de aquel sismo –por ejemplo demoler o reconstruir-?  Tal vez la respuesta es que en este momento la prioridad es inaugurar parques otrora abandonados, rehabilitar fuentes que en 15 años nunca funcionaron y tomarse fotos cortando moños con vecinos agradecidos porque la autoridad los volteó a ver.

¿No sería mejor ver a la autoridad encabezando la acción de bajar anuncios prohibidos, reconstruyendo lo caído y usando los recursos que hay para lo más obvio que es la seguridad?  ¿No será que las autoridades quieren hacernos creer que como el mago de feria, lo que ocurrió nunca puede volver a pasar porque esas cosas no pasan?. Que se lo digan a otros, a nosotros, mexicanos, ese cuento no nos lo cuenta ya nadie.

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