Ciudad de México, junio 13, 2024 15:23
Revista Digital Mayo 2023

El siglo XXI

Definitivamente del 2020 al 2050 los humanos la verán negra en el planeta. Posiblemente no puedan exentar la oportunidad de no morir de hambre ni de sed.

POR LUIS MAC GREGOR ARROYO

Al ir en taxi en vacaciones de pre Semana Santa se siente el calor de los rayos del sol que atraviesan los vidrios del vehículo y con sus 30 grados no calientan sino queman. Según el conductor son los primeros calores del año, pues en los meses calientes la temperatura normal es por arriba de los 40 grados. Un calor que también evapora el agua dulce.

—Mire ahí.

Volteo al lado cuando pasamos sobre un puente.

—Es el río que surte parte del agua dulce de quienes vivimos aquí. Está seco.

Y sí, no había ni una gota de agua. Ahora resulta que el agua de la que se nutre gran parte del país proviene de otro desastre natural: los huracanes. Que si bien causan estragos en las poblaciones costeras por otro lado les surten de agua y, en las partes centrales del país, ayudan a llevar algunas lluvias que sirven para torear la falta del vital líquido.

Ahora podemos decir que entre tragedias y desastres la naturaleza y el ingenio del hombre son resilientes; pues ante el cielo despejado y el calor infame también están los páneles solares que generan electricidad con los rayos del astro rey. Tal vez se trata de no se tan pesimista y ver el lado positivo de las cosas.

¿Cómo hemos podido llegar a estas tragedias? Tan grave es el daño hecho al planeta que en Campeche, el último gran reducto de selva que existe en el país sólo queda, en gran parte de su superficie, 30% de la vegetación original y la población de los jaguares con trabajos llega a la mitad de un millar. No me extrañaría que, como estrategia para no escandalizar a la población, se haya ocultado la devastación de la jungla por los migrantes que llegan de Centroamérica y se quedan a vivir donde pueden.

El hecho está en que sin árboles y con cada vez menos arrecifes coralinos la cantidad de oxígeno en el planeta va a la baja. Sin embargo, todavía queda bastante en la atmósfera para sobrevivir mucho tiempo. La pregunta es: ¿sobreviviremos?

¿Qué hay del plástico? Hace como seis meses en la portada de un periódico venía la noticia de que el punto de inflexión para que la existencia de plástico en los océanos se pudiera revertir ya había caducado; es decir, durante mucho tiempo el agua del mar va a estar atiborrada de partículas plásticas; de las cuales prácticamente no hay ser humano exento de tenerlas dentro del cuerpo. Tan fácil como que hasta se encuentra en la azúcar refinada que consumimos y en el agua proveniente del grifo del lavabo.

Definitivamente del 2020 al 2050 los humanos la verán negra en el planeta. Posiblemente no puedan exentar la oportunidad de no morir de hambre ni de sed. Bueno, claro, los alimentos están incrementando sus costos. Quiero pensar que lo dicho por las noticias es cierto y se debe en parte a la guerra en Ucrania; pero, ¿si no es así? ¿Si resulta que ante tanto desastre natural hay menos abundancia de alimentos? Esperemos que no porque de ser así estaríamos ante un precipicio más cercano de lo que podríamos pensar. Hay otra teoría que me viene a la mente, ¿qué tal si las grandes empresas de alimentos aprovechan los mercados para subir los precios de los comestibles a su antojo, sin tomar en cuenta si personas se mueren de hambre, tan sólo para obtener mayores ganancias? ¿Qué tal si Ucrania es tan sólo un pretexto para que los ricos se hagan más ricos y aumente le pobreza?

Bueno ese es el riesgo de permitir que haya gigantes en el rubro de alimentos. Lo preocupante es que no sólo los hay en los alimentos sino en todos los rubros de lo existente para consumo. Bueno, digamos, tal vez si el Estado se hiciera cargo de algunos rubros estratégicos la cosa podría estar mejor. Tal vez, pero quién dice que los gobiernos no utilizan las ganancias de dichos rubros estratégicos para su beneficio.

No hay duda que el futuro de un país está entre algo así como tener los pies en la tierra y echar una moneda al aire. Lo que un gobierno puede hacer bien el siguiente lo puede cambiar todo. Sin embargo existe un indicador interesante, como dijera un excelente analista, si en el tipo de cambio a México le fue bien es porque vamos mejor. Ojalá sea así, y de serlo ojalá tengamos el tiempo suficiente para solventar problemas como el agua y la bestial voracidad de nosotros con nuestro entorno natural.

No cabe duda, la subsistencia de la humanidad no tendrá su ponto crítico en unos cuanto siglos o en 1,000 millones de años, cuando se supone que se acabará el oxígeno (aunque yo creo que será mucho menos tiempo), sino en los años que le quedan a este siglo. Es tiempo de dejar de ver al vecino como enemigo y tenerle miedo a un mundo multipolar, partido en dos por los manejos del dinero global y de que para crecer algunas regiones del planeta dejen de inclinar ciegamente la cabeza ante los poderes existentes. Es hora de unirnos y trabajar.

Mientras estos pensamientos me atosigan, me alisto para tomar el avión que me llevará de regreso a la capital. Un medio de transporte que consume combustible fósil. No hay duda, el problema lo somos todos.

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