POR MARIANA MALAGÓN

Durante dos años, vecinos del Barrio de Activan lograron detener la tala que Liverpool pretendía de 68 árboles para construir una ampliación del centro comercial Galerías Insurgentes.

Pero a casi cuatro años del inicio de esa lucha, los árboles que vivían en el interior de un predio localizado en la calle Oso número 51 fueron derribados en su mayoría, a pesar de tratarse del único pulmón verde que existía en la zona y del daño ambiental que eso conlleva. No hubo autoridad a la que le importara frenar esa tragedia.

En marzo de 2018, Galería Insurgentes-Liverpool comenzó la tala de ejemplares  arbóreos que ahí se encontraban a cambio del pago como mitigación de 447 mil 491 pesos, que había sido realizado desde el año 2013 de acuerdo con la resolución administrativa de la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema), con folio 0159771/2013.

El triste escenario. Foto: Mariana Malagón

El Gobierno del entonces Distrito Federal autorizó en esa resolución el derribo de 83 árboles, incluidos 20 fresnos, pese a que la Ley de Salvaguarda del Patrimonio Urbanístico Arquitectónico los protege por considerarlos monumentos urbanísticos.

Según cuenta Sergio Ricco, vecino e integrante del colectivo Vive Actipan, después de mantener detenida la obra por dos años, simplemente llegaron con máquinas, cerraron el predio y talaron los árboles.

A pesar de que vecinos e integrantes del colectivo salieron a defender los árboles cuando escucharon el ruido de las sierras.

“Hicieron todo chueco, con corrupción, sin ningún respeto a nada, ni a la legislación ni a normas ni a vecinos. No respetaron nada y menos el medio ambiente”, consideró Ricco.

Foto: Mariana Malagón

 

La tala y el daño ambiental están hechos;  sin embargo, opina el vecino, aun está latente el riesgo de nuevas afectaciones que  la ampliación del centro comercial puedan ocasionar a las viviendas colindantes con  el predio de Oso 51. De ello no tiene la certeza de que exista un seguro contra siniestros o daños por las obras.

“Cuando empezaron las excavaciones mi edificio se movía como un temblor de seis grados. No sé qué daños pueda tener. No tenemos la seguridad de que pueda haber un seguro. Me siento en la total indefensión”, dijo el integrante Vive Actipan.

Además del ruido constante y de las vibraciones que ocasionan en las construcciones aledañas, los trabajos de construcción implican una gran  contaminación.

Al respecto, Sergio Ricco señaló que hay demasiada contaminación de los gases de las máquinas. “Llega un momento en el que todo mi departamento se llena se diesel y apesta. Ademas, del polvo y el ruido”.

Otro factor que preocupa a los vecinos tras la ampliación del centro comercial es el suministro de agua, que ya escasea en la zona.

Aunque la tala de árboles no se pudo evitar, para Sergio Ricco es posible que las autoridades paren la construcción. “Es un proyecto irracional y absurdo”, dijo.

Sergio Ricco considera que esta obra es un abuso de los empresarios en complicidad con las autoridades anteriores. “Las autoridades actuales están de testigo, porque  ya los podrían haber frenado”.

Anteriormente, la Inmobiliaria Floreal planeaba construir 2 mil 570 cajones de estacionamiento, nueve salas de cines, área de fast food y la ampliación de la tienda Liverpool y otras. Aunque ahora se desconoce lo que proyecta la constructora, según dijo el vecino.

“Es muy triste que no haya una regulación ni antes ni después sobre la Ciudad y en particular sobre la Alcaldía Benito Juárez”, reflexionó el integrante de Vive Actipan.

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francisco

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