POR MARCO ANTONIO ROMERO SARABIA

Para nadie es una sorpresa: se viven tiempos de democracia en México. La transformación ha conseguido llegar a prácticamente todos los ámbitos de la vida pública del país: a los poderes de la unión, a los sindicatos, a las escuelas, a las oficinas.

Es innegable que los avances democráticos llegaron para quedarse y por ello la importancia de que continúen permeando entre la gente, sus lugares de trabajo, sus familias y las comunidades.

Hay todavía, desafortunadamente, resistencia a entender y adaptarse a los nuevos tiempos por parte de algunos. Hablo en específico de la mayoría de los partidos políticos.

Foto: Cuartoscuro

Mientras hace unos meses el PRI vivió un proceso de renovación de dirigencia plagado de irregularidades y de acusaciones de fraude por parte de los mismos militantes que participaron, en Acción Nacional el grupo de poder colocado a dedazo por Ricardo Anaya se aferra a los sillones a pesar de los pírricos resultados obtenidos en las últimas elecciones.

Morena, por fortuna, es la excepción dentro de la clase política. En los últimos días, el partido entró, según lo marcan sus estatutos, en un proceso interno de renovación de toda su estructura organizativa, mediante la elección de consejeros en asambleas distritales.

Si bien han habido problemas aislados, surgidos por el envío de provocadores con el fin de reventar las reuniones (como el caso de Jalisco, donde se acusa al Gobernador Enrique Alfaro de estar detrás de dichos actos porriles), el ejemplo dado por la militancia ha sido notable y esperanzador.

Filas desbordadas de vecinas y vecinos acudiendo a votar y procesos de votación abiertos y transparentes han sido la postal que nos ha dejado el movimiento de regeneración nacional en un proceso democrático sin precedentes en los últimos años dentro del sistema de partidos.

Al mismo tiempo, y mostrando su carácter republicano y de estadista, el Presidente López Obrador ha sido tajante: no intervendrá en las decisiones que se tomen dentro del Partido que fundó, pues como dice, hoy es Presidente de todas y todos los mexicanos.

Además, circuló un memorandum dirigido las y los funcionarios públicos del país exhortándolos a abstenerse de intervenir en asuntos partidistas, a riesgo de solicitar renuncias y emprender acciones penales.

Ya no existe el Partido de Estado. Morena es el partido gobernante y con tal responsabilidad debe actuar. Las decenas de miles de militantes nos siguen dando el ejemplo.

Hoy, a diferencia de cualquier otro partido, nadie sabe quién encabezará la dirigencia de Morena. Ya sea por encuesta o por elección primaria, serán los inscritos quienes decidan el rumbo que debe tomar el Partido. Porque sólo el pueblo puede salvar a Morena, la democracia debe persistir en cada decisión que se tome dentro del movimiento.

Porque juramos ser diferentes. Porque nuestras bases nos están dando el ejemplo.

 

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