Ciudad de México, diciembre 5, 2020 09:10
Opinión Rebeca Castro Villalobos

Un gesto de esperanza, consuelo y fe para la Humanidad

Este miércoles 11 de noviembre, el Papa Francisco bendecirá la imagen de la Bienaventurada Virgen María Inmaculada de la Medalla Milagrosa, –que se apareció en 1830, hace 190 años, ante la novicia  Catalina Labouré, de la comunidad de la Caridad en París– que en México se venera en su templo ubicado en la colonia Narvarte, de la alcaldía Benito Juárez.

POR REBECA CASTRO VILLALOBOS

Hace ya dos años que me quede sin empleo, y después de que ninguna de mis llamadas o búsquedas para encontrar trabajo fueran fructíferas, con mucho tiempo de ocio física y mentalmente, me acerque más a la religión. He de decir que soy católica, aunque por diversas situaciones que se nos presentan en la vida, dejé de ser practicante por mucho tiempo.

Aunque algunos meses antes fui retomando los rezos y oraciones, coincidentemente para mantener mi trabajo en la burocracia cuando sentía cerca un posible despido, el serlo ya eminente causó en mí cierta transformación espiritual.

Con dicho antecedente, comento que entre mis contactos en las redes sociales tengo a la agencia de noticias Vaticans News, donde se pueden leer las últimas noticias del Papa Francisco, la Santa Sede y la Iglesia  en el mundo. Es en ese sitio donde me enteré que hoy, miércoles 11 de noviembre, el Papa bendecirá la imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa.

Refiero que actualmente estoy pasando mi estadía de la maldita pandemia en esta gran ciudad de México, concretamente en la alcaldía de Benito Juárez, y para mi sorpresa me encuentro que en ésa misma demarcación está una de las pocas sino que la única  Iglesia dedicada a esta advocación de la Virgen María en el país.

Dicha construcción religiosa se ubica en la esquina de  Ixcateopan  y Matías Romero, en la colonia Narvarte. Es un templo cuya arquitectura está alejada del barroco, el neoclásico o el churrigueresco. Fue construida en 1956 por el español Félix Candela. En su estructura exterior destaca la nave principal de dos aguas y los picos de concreto en las laterales. En la fachada de la entrada, unas vidrieras polícromas hacen de muro en forma triangular, lo cual permite la entrada de luz natural al interior. En el altar se levanta un muro de ladrillo donde cuelga un retablo con tres imágenes: la virgen milagrosa y un par de ángeles a cada lado.

El arquitecto utilizó los paraguas invertidos que, como zapatas de cimentación, proporcionaron una solución muy económica al frecuente problema de los cimientos en suelos de baja capacidad de carga como en el caso de la colonia Narvarte. Exagerando la altura o flecha de los paraguas, simetrizándolos y llevando a cabo otras simples manipulaciones de los “hypars”, consiguió esta espectacular estructura de formas alabeadas. Así surgió la iglesia de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, cual es su nombre cabal, y que tanto impacto causó.

Un atractivo son sin duda  los vitrales que lucen en esta Parroquia, diseñados por José Luis Benllure, en la fachada frontal y lateral. Mural de la virgen de Guadalupe, obra de los hermanos Ritter, realizada en esmalte sobre cobre, en la capilla de la virgen. El escultor Antonio Ballester es el autor de toda la imaginería del templo, donde sobresalen las esculturas de la virgen Milagrosa, la Pasión, la Divina Providencia y Viacrucis. 

Aquí les comentó que tengo una gran amiga, que durante este tiempo de desempleo y más al notar mi acercamiento a la Iglesia, entre tantas otras muestras de solidaridad, ha procurado regalarme rosarios, imágenes, cuadernillos, insignias y crucifijos. Así gracias a ella me hice de una medalla de la antes mencionada Virgen, totalmente desconocida en esos momentos para mí.

La historia de la aparición de esa advocación de la Virgen María fue a partir de la noche del 18 al 19 de julio de 1830, ante Catalina Labouré, novicia de la comunidad de la Caridad en París con quien conversó por varias horas, encomendándole, sin precisar, lo que sería una gran misión.

En una visión posterior, el 27 de noviembre del  mismo año, Catalina vio a María parada en lo que parecía ser la mitad de un globo y sosteniendo una esfera dorada en sus manos ofreciéndola al cielo. La Virgen le explicó que dicha esfera representaba a todo el mundo, pero especialmente a Francia, especialmente para los desempleados y para los refugiados de las diversas guerras de ese tiempo.

En la tercera aparición, la Virgen se encontraba con sus brazos extendidos y con rayos de luz saliendo de sus dedos. Dando forma a la figura había la inscripción: “Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti”.

Posteriormente la novicia tuvo la visión de una medalla, tanto en la parte frontal como en su reverso; para después recibir la solicitud, de parte de la Virgen que se acuñara dicha moneda con el modelo que le describió y quienes llevarán en su cuello dicha insignia recibían muchas gracias.

Sin embargo pasaron 47 años para que Catalina, a un paso de la muerte, revelara el diseño de la medalla, misma que con la aprobación de la Iglesia fue creadas y distribuida en París. La devoción a esa Virgen se propagó rápidamente y las bendiciones empezaron en los fieles que llevaban cargando la insignia.

La devoción se propagó como el fuego, y la gente comenzó a llamarla la “Medalla Milagrosa”. En 1836 se emprendió una investigación canónica en París, declarando las apariciones auténticas.

Así pues, a 190 años después de las manifestaciones a Santa Catalina Labouré, la bendición de la sagrada efigie de la Virgen de la Medalla Milagrosa en el Vaticano, es considerado como un nuevo gesto de consuelo, esperanza y fe para la humanidad en este tiempo de crisis.

Es precisamente en esta pandemia, creo que no soy la única en que ha aflorado la espiritualidad religiosa. Después de meses de verme obligada a presenciar por Internet las misas dominicales, recientemente he tenido la oportunidad de asistir a la Iglesia de Santa Mónica, también en la alcaldía de Benito Juárez. En dicho templo con todas las debidas precauciones constato la presencia de fieles no sólo en edad avanzada y adultos, sino de muchos jóvenes y niños los cuales asimismo se acercan a recibir la eucaristía, hecho que en mi opinión representa que las personas están ávidas de una conversión mística, sea cual sea ésta.

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