Ciudad de México, septiembre 19, 2021 00:53
Opinión Rebeca Castro Villalobos

Un sorprendente viaje a Guatemala

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Entre las maravillas de ese país centroamericano, conocimos el famoso árbol del Esquisúchil, que durante 363 años permaneció de pie en la plaza de la Ermita del Santo Calvario, ubicado al sur de la ciudad de La Antigua, y que hace un año fue derribado por una tormenta…

POR REBECA CASTRO VILLALOBOS
De las múltiples maravillas que descubrimos durante para mi inesperado viaje a Guatemala fue la del árbol del Esquisúchil, que durante 363 años permaneció de pie en la plaza de la Ermita del Santo Calvario, ubicado al sur de la ciudad de La Antigua.

Recién me entero que el ocho de mayo del 2020, dicho árbol se desplomó como consecuencia de las torrenciales lluvias que se produjeron en gran parte del territorio guatemalteco. Era tal su valor histórico, religioso y turístico que fue nombrado Patrimonio Cultural Tangible e Intangible de la Nación, según el acuerdo ministerial 250-20004.

Dicho árbol de Esquisúchil, del cual brotan hojas blancas y aromáticas, era un legado del Santo Hermano Pedro de San José Betancur, primer apóstol de Guatemala reconocido por la Iglesia Católica. Aunque nació en España, su vocación de servicio hacía los desposeídos se centro en Guatemala, durante la época de la Colonia.

De acuerdo con el portal La Antigua Guatemala, el Hermano Pedro encontró una rama de este árbol mientras ayudaba a un hombre enfermo. “Un día de primavera del año de 1657, cuando el ahora Santo se dirigía de romería a la Inmaculada Concepción de María, encontró en su camino a un pobre hombre que clamaba por ayuda. El Hermano fue en busca de alimento y al inclinarse para darle de comer y beber sintió un aroma extraordinario; nunca antes había sentido una fragancia tan exquisita. Al levantarse, se encontró con una rama cubierta de flores blancas”.

Con el árbol del Esquisúchil.

El 19 de marzo de 1657, al cumplir 31 años, estando en el jardín de la Ermita del Santo Calvario, el sacerdote plantó la rama, pero antes le quito todas las flores y se las ofreció a la imagen de la Virgen Dolorosa que se venera en la misma Ermita del Santo Calvario la cual conocimos en un recorrido en un taxi contratado en Guatemala cuyo chofer, Miguel, resultó todo un guía de turistas.

Recuerdo bien el nombre, porque todavía conservo un saco con lo que fueran hojas blancas y aromáticas del mencionado árbol, mismas que les atribuían efectos curativos de diversas dolencias. “Para que preparé un té”, me dijo al reglarme la bolsa, en cuyo interior se encuentra también una imagen del Hermano Pedro. Actualmente, es parte de mis reliquias religiosas.

Indagando un poco más, refieren que el árbol no ha podido ser reproducido, con lo cual su aura mística aumenta. Incluso uno de los trabajadores en el Calvario, cuenta que no ha podido sacar “hijos” de él. “Una vez se trató por medio de vástagos pero ninguno pegó”, añade en una publicación en el portal de Prensa Libre.

Además de que “la nube” guarda fotografías de ese asombroso viaje al país centroamericano en 2015, mentalmente me trasporto primero a la capital Guatemala, a donde arribamos un 15 de septiembre, fecha que como en muchos otros países de esa región y Sudamérica coincide con el festejo del inicio de la guerra de Independencia en México.

Sin importar la tormenta que se avecinaba, dejamos maletas y salimos del hotel para recorrer a pie el centro histórico, en donde se concentraba una gran cantidad de personas para la celebración, concretamente en la plaza principal del Palacio Nacional. Por cierto fue en ese sitio donde nos resguardamos de la torrencial lluvia.

Como en otras ocasiones, rentamos un auto con el que nos transportamos precisamente a La Antigua, ciudad rodeada por volcanes situada al sur de la capital. Es famosa por sus edificios coloniales españoles, muchos de ellos restaurados después del terremoto de 1773. Fundada el 10 de marzo de 1543, fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1979.

A nuestra llegada, en la mañana muy temprano, recorrimos las calles de piedra hasta llegar al Arco de Santa Catalina, la Iglesia de la Merced, la Catedral de San José, el Convento de las Capuchinas. Para el día siguiente se acordó subir el cerro de la Santa Cruz, una pequeña montaña, cuyo nombre obedece a una cruz que custodia la ciudad. Desde su cima se puede apreciar en toda su extensión esa urbe.

Posteriormente se tomó camino al Lago de Atitlán, del cual ahora sé, estuvo nominado en su momento para convertirse en una de las siete maravillas del mundo. Es además uno de los destinos más visitados por nacionales y extranjeros; considerado el lago más bonito por la belleza de los volcanes de Tolimán, Atitlán y San Pedro.
Vale mencionar que fue en ese sitio donde se detuvo al ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte en 2017, después de seis meses de estar prófugo.

El lago y los volcanes.

Al margen, esta cuenca está rodeada de colinas verdes y empinadas y es conocido por las aldeas mayas y los volcanes con impresionantes conos agudos. Es desde la ajetreada localidad de Panjachel, que es la puerta desde la cual se puede uno embarcar para recorrer el lago. También en ese sitio se puede encontrar tejidos tradicionales y disfrutar los días de mercado. Además en una antigua plantación de café, se encuentra la Reserva Natural Atitlán, que tiene senderos y un jardín de mariposas.

Se continúo el viaje al Parque Nacional Río Dulce, protegido desde 1955, y que contiene gran diversidad de fauna entre las que se encuentran manatíes y cocodrilos. Pese a lo difícil, encontramos hospedaje precisamente con vista al lago y desde donde tomamos barca para soprendernos con grandes manglares y un jardín acuático de ensueño. Fue todo un conjunto de río, mar y selva.

Finalmente, y ya de regreso a la capital, encontramos la zona arqueológica maya de Quiriguá, precisamente minutos antes de que cerrarán el parque, se nos permitió entrar, para admirar las estelas y zoomorfos que se encuentran en ese sitio.

Todo lo que inicia tiene un final, así que después de dejar el auto retornamos al mismo hotel y al día siguiente nos encontramos con Miguel, el guía turístico, quien al despedirse insistía en que no dejara tomar el té del Hermano Pedro. Confieso que nunca esperé que Guatemala me impresionara y quizás por ello aún conservo esa bolsita.

En ese viaje, al que denomino como sorprendente, comprobé que Guatemala es un país increíble en el que pervive la cultura maya, toda vez de encontrar monumentos, naturaleza espectacular, paisajes increíbles, cafetales, mercados, ruinas y una rica gastronomía encabezada por el inigualable pepián y el Kak’ik maya. Una definición exacta para esas vacaciones: “Guatemala sorprende”.

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