POR MARÍA LUISA RUBIO GONZÁLEZ /ARKEMETRÍA

En estos días pasé por Obrero Mundial y Cuauhtémoc. Desde lejos se ve el edificio de 8 pisos color mostaza con el logo negro y rosa de la CDMX, como si fuera un edificio de gobierno. Como si fuera.

En ese predio de poco menos de 500 metros cuadrados había una edificio pintado de verde-baño-de-escuela-pública, rodeado de patrullas y carros chocados. Los vecinos de las calles hacia el oriente se agarraban del chongo por los lugares de estacionamiento, especialmente los de Yácatas, en la Narvarte. Desde la construcción de Plaza Delta la demanda de lugares de estacionamiento había aumentado, y en el edificio de la esquina suroriente de Cuauhtémoc y Obrero Mundial funcionaban una agencia del Ministerio Público y una Delegación de Policía, la Octava.

La agencia del Ministerio Público y la Delegación de Policía ocupaban cerca de 200 metros cuadrados. La construcción de ahora tiene una superficie de alrededor de 4 mil metros cuadrados, entre niveles bajo y sobre el nivel de banqueta. Casi el 90% es de uso privado para estacionamiento de la Plaza comercial Delta. La superficie de la agencia del Ministerio Público y la Delegación de Policía se duplicó, de 200 a 400 metros cuadros. Ese fue el pago por el terreno.

Destrucción de la Octava. Foto: Especial

Con la construcción del estacionamiento que ocupa la esquina suroriente de Obrero Mundial y Cuauhtémoc se perdió un pedazo grande la historia de la colonia Narvarte. Más grande que el estadio de béisbol de la otra esquina, porque acá se remontaba a la época prehispánica. Nadie me lo cuenta: con un grupo de vecinos logramos ingresar al predio, en plena excavación, para mirar con nuestros ojos las escalinatas, las cañerías de barro y las instalaciones de lo que pudo haber sido el baño del templo y convento de La Piedad, abandonado después de una inundación que duró tres años.

Adentro del predio había también personal del INAH haciendo excavaciones y clasificando el material sobre una mesa. No nos permitieron detenernos y preguntar, pero una persona informante nos confirmó lo que se sospechaba: debajo del templo dominico hubo (cómo no), alguna vez, un asentamiento prehispánico. Porque esa parte de Narvarte, nos explicaron los antropólogos, fue alguna vez un islote: Ahuehuetlán o Atlexhuca, donde paraban los comerciantes que iban y venían a la metrópoli azteca.

Tan importante era ese asentamiento que con la llegada de los españoles se estableció ahí la Virgen de La Piedad, la guardiana del Sur, como la Guadalupana es la guardiana del Norte. La Virgen de La Piedad llegó por mar desde el Viejo Continente, y esa travesía tiene su propia historia. Ahora está en la Parroquia de Nuestra Señora de La Piedad, en Obrero Mundial y Heriberto Frías.

En diciembre de 2013, en la esquina nororiente de Obrero Mundial y Cuauhtémoc, se levantaba un edificio raro que con la pintura verde se veía francamente feo. Cuando esas vacaciones de diciembre lo empezaron a derribar, con permiso de la Delegación a pesar de los extrañamientos del INBA, supimos que pertenecía a la escuela funcionalista y que estaba catalogado como “afecto al patrimonio arquitectónico”, sin declaratoria porque no tenía más de 100 años. Como las casas californianas de Nápoles.

Derribaron la Octava en diciembre de 2013, y por ahí de marzo empezó la batalla por la transparencia, y por lograr la organización vecinal. Ambas cosas se lograron a medias, por eso el edificio se terminó, completo. (Bueno, casi: Las oficinas desde entonces no tienen suministro de agua. El estacionamiento sí está completo). Quienes sí estaban organizados eran el gobierno de la ciudad y los dueños de Plaza Delta. Está documentado el trato que se hizo: el predio de la esquina nororiente de Cuauhtémoc y Obrero Mundial para un estacionamiento privado, a cambio de duplicar la superficie de las instalaciones para el Ministerio Público y la Delegación de Policía. “Nos van a duplicar la superficie de las instalaciones, gratis”, dijo la funcionaria de Patrimonio Inmobiliario. Está documentado. También está documentada la orden de inhabilitar a la funcionaria, pero no su ejecución.

La historia de La Octava me duele en mi fuero de ciudadana, de activista, de amante de la historia de la Ciudad. No soy vecina de Narvarte y no sé si a la distancia los vecinos viven la construcción como pérdida o como ganancia. En esa construcción los vecinos descubrieron su historia y la perdieron. Otros descubrimos la importancia de la transparencia y de la organización: en eso sí ganamos.

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francisco

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