Ciudad de México, octubre 20, 2020 18:14
Mayo 2020

Vecinos en cuarentena / El tiempo en que la naturaleza descansó de nosotros

 

POR LEONORA ESQUIVEL

Escribo estas líneas desde mi vivienda, lugar donde los privilegiados podemos enfrentar la cuarentena. No estamos a la intemperie, ni en un hospital, somos afortunados, repito. No me siento encerrada, ni privada de mi libertad como los animales en zoológicos, laboratorios, circos, granjas industriales.

A diferencia de ellos yo estoy en mi casa cuidándome y sé que puedo salir si deseo, para actividades básicas como buscar alimento, o si quisiera ser poco responsable, a dar un paseo por los parques de mi barrio. He elegido quedarme aquí y mirar todo desde dentro. Eso es finalmente lo que hacemos quienes gustamos de la introspección e incluso le damos utilidad en un consultorio como terapeutas, acompañando a otros a hacer lo propio.

Un paciente adolescente me llamó desesperado diciendo que se aburría mucho, que no tenía “nada que hacer” más que salir a su balcón y ver el camellón. “Tal vez no haya mucho que hacer pero sí mucho que ver”, le respondí como un Yoda sintácticamente correcto. Lo invité a asomarse todos los días a la misma hora y observar la vida de su calle, lo que ahí sucedía. Sonrío como diciendo “vaya hippie”, pero accedió y a la semana me contó entusiasmado que vio cómo una madre alimentaba a sus polluelos con insectos y gusanos.

Los gorriones que regularmente llegaban a su ventana hicieron un nido en el auto estacionado desde hacía semanas en el arroyo, y los vecinos lo habían adoptado evitando molestar a las aves que empollaban. El árbol que estaba sin hojas comenzó a cubrirse de follaje con las primeras lluvias y las jacarandas vestían el asfalto de lila, mientras las ardillas que él nunca había visto por falta de tiempo, jugueteaban entre las ramas y los cables.

Le invité a que continuara con su observación y  cada vez que tenemos sesión me cuenta algo relacionado con el camellón y su movimiento propio. Sin saberlo quizá, ese chico había aprendido lo que es la contemplación. Práctica entre mística y filosófica que nos puede llevar de profundos estados de relajación a la formulación de preguntas trascendentes.

Esta cuarentena para mí ha sido justamente eso, una pausa, una oportunidad para dejar que la naturaleza descanse un poco de nuestra especie y para descansar también de nosotros mismos. Es el momento de reconectar con los sencillos placeres de la existencia, con el aquí y el ahora, lo único que siempre hemos tenido y del que ya no podemos escapar porque no hay distracciones. Ojalá este tiempo nos haga reflexionar  la forma que tenemos -o no- de relacionarnos con la naturaleza y sus demás habitantes para que al salir, desde tan dentro, no sigamos siendo los de antes.

*Vecina de la colonia Del Valle Sur. Doctora en Filosofía, Fundadora de AnimaNaturalis Internacional y psicoterapeuta de adolescentes y adultos. 

 

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